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¿Sabes tú quién soy yo?

Cambios de tiempos

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“Puede que mi cerebro se esté encogiendo, que ya no funcione como antes…
Pero mi corazón sigue siendo el mismo…sintiendo compañía y ausencias…
Mi piel sigue vibrando cuando escucho una palabra de amor…”

Aunque ya hemos dejado claro que la vejez en sí no es ningún estado de enfermedad, sí es cierto que los mayores que padecen alguna patología, sobre todo neuronal (demencia senil, acva, alzheimer, etc.), sufren alteraciones en su estado claramente manifiestas debido al cambio del periodo estacional.

Debemos de tener en cuenta estas variaciones, pues después de esos días en los que se produce el cambio, todo vuelve a la normalidad y, aunque quizás sea necesario introducir algún sedante suave para ayudar a que nuestro abuelo esté más cómodo y relajado, con paciencia y cariño superaremos esos días complicados sin demasiada dificultad. No es en absoluto conveniente cambiar la pauta de medicación establecida. Los cambios tanto en cantidad como en horas de administración de su medicación solo contribuirán más a esa alteración temporal, corriendo el riesgo de cronificarla y, desde luego, debemos de contar siempre con la orientación y el consejo de la persona encargada de la medicación de nuestro mayor, ya sea el médico de atención primaria, la enfermera o el especialista. Nunca debemos cambiar pautas sin consultar antes.

POR QUÉ INFLUYE EL CLIMA

El clima, la luna, los eclipses, las explosiones solares, los solsticios y equinoccios, etc., todo afecta al estado de equilibrio y bienestar del ser humano y de su entorno. Todos formamos este maravilloso universo y estamos perfectamente interconectados, de modo que todo lo que hagas tú, acabará afectándome a mí de alguna manera. ¿Habéis oído hablar del efecto mariposa? Dicen que el pequeño aleteo de una dulce mariposa en las antípodas del mundo puede provocar un tsunami en nuestras costas.

Sí, todo lo que nos rodea nos afecta, pues somos grandes montañas de células, compuestas de la misma materia que el resto de todo lo que nos rodea. Podríamos decir que somos un todo fraccionado, en el que cada una de sus partes son fundamentales e imprescindibles.

Qué curioso y distinto sería todo si actuásemos siempre desde esa máxima, desde la certeza, de que todo lo que hacemos tiene una consecuencia para alguien, de que todo lo que otro haga acabará por pasarme factura a mí. Por lo pronto, lo primero que cambiaría sería nuestra pasividad ante lo que ocurre. Hay veces que se diría que por las venas del ser humano hace tiempo que dejó de correr la sangre. Parece que nada es problema de nadie, y que todo le pasa siempre a otro, sin embargo como acostumbro a deciros, “todos nos veremos en algún momento en esa situación, aunque creamos que nunca nos tocará a nosotros“.

¿DEMENCIA = ENFERMEDAD NEURONAL?

Un pequeño apunte teórico:

Las enfermedades neurodegenerativas se caracterizan por la degeneración y muerte de las células del sistema nervioso (neuronas), generando diversos signos y síntomas.

La demencia es un síndrome caracterizado por el deterioro adquirido y persistente, de la función cognitiva, que afecta habitualmente a la memoria y al menos a otro dominio cognitivo, alterando con ello las actividades de la vida diaria del individuo.

De modo que:

No todas las enfermedades neurodegenerativas producen un deterioro cognitivo, ni dan como resultado una demencia. Pueden afectar a partes del cerebro que rigen otras zonas del cuerpo, sin afectar en lo más mínimo al “pensamiento“.

La enfermedad de Alzheimer es la enfermedad neurodegenerativa más conocida y la causa más común de demencia en Europa, sin embargo su diagnóstico sólo puede ser fiable al 100% una vez fallecido el individuo y mediante la autopsia. El tratamiento actual es sintomático pues no existe una cura definitiva para la enfermedad. El Alzheimer afecta al 20% de los mayores de 70 años, pero también aunque muy raramente, se puede desarrollar a una edad más temprana, como a los 40. La mayoría de los casos no son hereditarios, sólo en un pequeño porcentaje en consecuencia directa de la alteración (mutación) de un gen que determina la aparición de la enfermedad.

Una quinta parte de los mayores de 80 años tienen síntomas de demencia senil: olvido de su vida reciente, despistes, descuido de su aspecto e higiene personal, persistencia, desorientación.

El 15% de los mayores afectados por la demencia senil sufren daños cerebrales provocados por apoplejías (pequeños vasos sanguíneos que quedan bloqueados en el cerebro a veces durante años).

Mayores

NO EXISTE LA ENFERMEDAD, EXISTE EL ENFERMO

Todas estas aportaciones teóricas sobre enfermedades neurodegenerativas y demencias son fruto del estudio continuado a lo largo del tiempo de muchos profesionales e investigadores médicos y nos dan un punto de apoyo inestimable en el proceso del cuidado a nuestros mayores.

Sin embargo no debemos generalizar en cuanto al modo en que se desarrolla y afecta cualquier enfermedad en cada individuo.

Cada síntoma, cada estadio, se manifestará de forma distinta en cada enfermo; de la misma manera que no todos los medicamentos existentes para una misma patología dan el mismo resultado en todos los enfermos, por lo que el médico o especialista determina un medicamento y una pauta concreta para cada paciente, justo por esa misma razón no podemos tratar a todos nuestros mayores enfermos de igual manera.

Creo que es fundamental crear el necesario grado de concienciación para individualizar al ser humano al que estamos cuidando, pues generalizar siempre acaba despersonalizando al individuo y convirtiéndolo en un número estadístico más.

Empatía, respeto, observación, paciencia, vocación y profesionalidad, son herramientas imprescindibles para desarrollar nuestro trabajo de forma correcta, pero aún más importante, es no olvidar que estamos interactuando con otro ser humano.

 

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Hoy he descubierto el mundo por primera vez

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Hoy he descubierto el mundo por primera vez

“Hoy he descubierto el mundo por primera vez, he alzado el vuelo y rozado el cielo, solté las amarras, enjugué mis lágrimas, bauticé mi esencia y renací de nuevo. Exactamente hoy, ni ayer, ni mañana, he descubierto que es ser libre, y qué significa ser amada. Porque por fin descubrí que era yo la que no me amaba, que no se trataba de esperar, ni de temer por nada, se trataba de entregarse, y de compartir el alma”.

Muchas veces nos pasamos la vida esperando que el hombre o la mujer  ideal aparezcan, sin embargo cuando creemos haberlo encontrado, nos pasamos la vida intentando cambiar aquello que no nos gusta. No somos capaces de salir de nuestro egoísmo y nuestro miedo, nos sentimos poco menos que engañados y llenamos nuestra vida de frustración y sufrimiento, dejando recaer en el otro toda la responsabilidad de nuestra felicidad.

Somos nosotros los únicos responsables de esa elección, pues por miedo, dejamos pasar la felicidad ante nuestros ojos. No nos atrevemos a observarnos por dentro, a ser sinceros, a ser valientes para reconocer que llevamos mucho tiempo sin amarnos, pero sí exigimos un amor que no somos capaces de darnos a nosotros mismos, llegamos a ser así de cobardes.

Cuando nos atrevemos, cuando superamos los obstáculos de la mente, los miedos, las dudas, y “soltamos”, rozamos el cielo, pues el Universo mismo nos enseña el verdadero significado de amar y ser amado, y nos envía el regalo más hermoso, el reencuentro con la mitad de nuestra alma, nos completa, nos sincroniza de nuevo con el origen de nuestra esencia.

Entonces todo cobra el mayor de los sentidos, entonces todo se armoniza y la vibración de nuestro ser queda equilibrada para siempre. Ya no existe el tiempo, no existen conceptos, ni medidas, entonces y sólo entonces simplemente “SE ES”.

Cuando dos almas gemelas se reencuentran todo se vuelve claro, sereno, y sencillo; y a través de una sola mirada, pueden crear el mundo. Solo necesitan unir sus pechos en un abrazo y fundirse en un solo corazón. Pues en realidad, desde el principio de los tiempos siempre fueron “SOLO UNO”.

“Sólo el Amor os hará libres”

Hoy he descubierto el mundo por primera vez

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Tu realidad solo la cambias tú

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Si tomamos esta frase como cierta, tenemos una gran responsabilidad; y por lo visto pronto no podremos amparar ninguna duda al respecto, pues nuestros más refutados y expertos filósofos, investigadores, químicos y demás eruditos, están demostrando empíricamente, tras experimentos en laboratorios, con sus correspondientes fórmulas y controles de todo tipo que es exactamente así. Que realmente somos nosotros mismos los que creamos nuestra realidad.

Nuestra forma de percibir y observar altera y determina la acción y el estado de todo lo que nos rodea. Tenemos un enorme poder, una magnifica habilidad que nadie nos había contado hasta ahora, y que desde luego no teníamos ni idea de cómo usar. Más bien llevamos toda la vida empleándola en nuestra contra por lo que se ve.

Se ha experimentado con moléculas, partículas y átomos, hasta la más mínima expresión de la materia que conocemos, y se ha podido comprobar una y otra vez que los resultados siempre son afectados y alterados, el estado emocional, la intención, incluso la simple curiosidad del que realiza el experimento, “el observador”, determina los resultados del experimento.

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Esto en principio puede parecer un poco lío, pero eso sólo es porque no estamos acostumbrados a percibir nada más que a través de nuestros sentidos biológicos, además tampoco solemos dedicar mucho tiempo a observar, ni a observarnos. En el momento en que somos capaces de parar un poco el ritmo estridente y lleno de prisas que nosotros mismos nos hemos impuesto, no se sabe muy bien con qué propósito, nos damos cuenta fácilmente, de que existe otra manera de percibir más allá del cuerpo físico, de sentir, y de crear.

“Llegamos a la conclusión de que el observador y lo observado son parte de la misma realidad y que ésta solo existe en la medida en que nosotros, los observadores la creemos”.

Por supuesto esto conlleva una considerable cadena de concatenaciones y experiencias con otros seres humanos, para los que también tenemos responsabilidades, de las que posiblemente seguiremos hablando en otras ocasiones. Pero con demasiada frecuencia nos da demasiado miedo hacernos conscientes de que podemos cambiar nuestra realidad, pues eso necesita de un esfuerzo, de un trabajo interior, pero también de la necesidad de asumir responsabilidades, de tomar decisiones, y para eso se ve que aún estamos muy poco preparados.

Porque seguimos acurrucados en nuestro rinconcito del miedo, creyendo que allí al menos estamos seguros, que aunque ya sabemos que lo que nos rodea no nos gusta, de alguna manera lo controlamos porque lo conocemos. Y eso se mezcla con el apego y la idealización disfrazados de amor, que nos hace mantener relaciones perjudiciales, o que simplemente ya terminaron. Nos hace seguir viviendo situaciones que sólo nos aportan frustración e infelicidad, cuando en realidad es mucho más fácil de lo que nuestro miedo nos permite ver.

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Es esa estructura mental errónea que hemos ido cultivando a través de nuestra vida, la única que limita nuestra realidad, nuestra libertad, nuestra felicidad. Nadie, ni nosotros mismos hemos sido culpables de ello, nuestros sistemas de creencias, nuestras circunstancias como sociedad y cultura a través de los tiempos se han ido formando a través de los patrones que en cada momento les han ido sirviendo para sobrevivir, y eso no es malo, simplemente todos evolucionamos, y llega el momento en que lo que ha servido anteriormente, ya no nos sirve, pues hemos de seguir avanzando, y la única manera en que eso se puede llevar a cabo es desde dentro hacia fuera.

La responsabilidad aparece en el momento en que nos hacemos conscientes de la posibilidad que tenemos de cambiar la realidad, tanto la nuestra, como la del mundo que nos rodea, que podemos contribuir a crear un mundo más libre y justo, que somos capaces de dar amor de verdad, y vivir sin miedo, y hacerlo extensible a todo el que comparta la vida con nosotros en algún momento, esa es la realidad.

 

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La realidad que no queremos ver

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Abuso sexual infantil

Abuso sexual infantil

Dicen los grandes expertos es sociología que el abuso sexual infantil es tan antiguo como nuestra propia historia. Que desde nuestros mismos orígenes como especie han existido depredadores que han utilizado la fuerza y la seguridad de su posición social para dar rienda suelta a sus instintos más primarios. Y tristemente tenemos que reconocer que es absolutamente cierto, pero por lo visto aún no nos hemos avergonzado lo suficiente, pues muy lejos de haber erradicado totalmente esta mala costumbre en nuestra sociedad, seguimos consintiéndola, y en muchas más ocasiones de lo que nos gusta reconocer, seguimos mirando para otro lado.

Hemos creado leyes para proteger al menor, damos campañas anuales y continuadas de prevención, e incluso hemos asignado un día especial para conmemorar todo aquello que estamos haciendo por esos menores, pero seguimos permitiendo que los depredadores escapen a otras praderas para que sigan devorando a otras víctimas, pues lo que aún queda por cambiar son las leyes que castigan al verdugo.

Quiero dejar muy claro que ese verdugo depredador de víctimas inocentes NO es ningún enfermo, es sólo eso, un depredador al que sólo le importa satisfacer sus instintos, para lo cual no le importa en lo más mínimo el daño que pueda causar, la única empatía que guarda es para con él mismo y su propio instinto de supervivencia.

Como hemos dicho en otras ocasiones, existen distintos niveles de actuar desde el bien y desde el mal, y en este caso el depredador sexual está en el nivel más extremo de actuación del mal, y no siente ningún tipo de remordimiento por ello, de modo que su capacidad de reinserción y de que no vuelva a cometer otro abuso es inexistente.

También es importante dejar clara la diferencia entre pedófilo y pederasta, el primero aún no ha pasado a los hechos físicos, por el momento se ha contentado con la pornografía infantil, o la observación y vigilancia en secreto de algún menor, pero este es el primer paso, con un altísimo riesgo de llegar al segundo y definitivo paso, la agresión sucesiva a los menores.

Parece que nos da muchísimo miedo reconocer que nuestra sociedad no ha solucionado en absoluto este problema, pues una y otra vez, sectores muy concretos de nuestra sociedad, en lugar de dar la cara y reconocer que han acogido a estos depredadores entre sus filas, y con ello ayudarnos a todos a superar este gran problema social, prefieren ocultarlos, y cambiarlos de ubicación geográfica, creyendo que quizás con eso expían de alguna manera sus responsabilidades.

Mientras que no seamos capaces de perder el miedo a las consecuencias del reconocimiento de actos tan aberrantes para una sociedad supuestamente ética y moralmente evolucionada, seremos incapaces de llegar a esa evolución y seguiremos viviendo en el miedo continuo de los secretos a voces, de los no dichos, y de las frustraciones y las incomprensiones más profundas, que sólo pueden dar paso a toneladas y toneladas de más miedo.

Las estadísticas hablan por sí solas

Abuso sexual infantil

Seguimos en un tabú constante en ambas vertientes, una la de confesar ante la sociedad que hemos sido víctimas, la otra la de aceptar que individuos que muy frecuentemente son referentes para nuestra sociedad sean los depredadores más comunes.

Más de 200.000 niños desaparecen anualmente en Europa y nunca se vuelve a saber nada de ellos.

Un 25% de la totalidad de nuestros niños y adolescentes son violados.

El primer problema con el que nos encontramos es la falta de recursos adecuados para defender al menor, pues en muchas ocasiones es el menor quien tiene que cambiar por completo sus hábitos de vida y su entorno, pues el depredador o bien es miembro directo de su familia o forma parte de su entorno más cercano.

La prescripción de un delito como la pederastia es de veinte años desde que el menor supuestamente agredido cumple la mayoría de edad, que en España como todos sabemos se obtiene a los 18 años.

Y aunque cada día contamos con más medios, es tremendamente curioso, a la par que escalofriante, que un gran número nuestros jóvenes al ser encuestados, estén volviendo a justificar comportamientos como el maltrato y la violencia machista, el abuso sexual infantil, y conceptos arcaicos y sobradamente demostrados perniciosos para el individuo y la sociedad. Lo que no deja de dejarle a uno pensando, en dónde exactamente nos estaremos equivocando.

Abuso sexual infantil

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