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¿Sabes tú quién soy yo?

El desapego

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Desapego

Y duele mucho, sobre todo porque el que ama de verdad entrega su alma en ello. Pero la vida sigue, dicen…

Aunque a veces cada desengaño vaya arrancando de ti una parte imprescindible de tu ser, y te haga desconfiar y actuar con prudencia, y entonces dejas de ser aquella persona feliz y confiada, que entregaba su alma en cada batalla, que jamás consideró la posibilidad de tirar la toalla… y a veces, en esos momentos de soledad absoluta, cuando te dan la oportunidad de enfrentarte contigo mismo, descubres que ya no te reconoces, y eso también duele mucho.

Te han arrancado tu esencia, y despojado tu alma, de aquello que te hacía única y especial, tu alegría, tu ilusión, tu chispa, y se han quedado con toda tu fuerza. En algunos momentos piensas que ya nada merece la pena, que todo es una gran mentira, y que nada ni nadie tiene el menor sentido, te paras en seco y vives tu dolor.

Pero como todo en la vida tiene un porqué y un tiempo, cuando pasa ese tiempo de reflexión y dolor, y comienzas a respirar de nuevo, a sonreír, a sentir, te reconoces distinto, eso es cierto, pero también más fuerte, con más inteligencia emocional, con la mirada puesta desde otra perspectiva que no habías contemplado antes. Y piensas, desde la serenidad que ahora tienes, que todo ha constituido una gran lección de vida para ti. Que normalmente y salvo excepciones, nadie va por la vida con la intención de hacerte daño, que las cosas cuando no salen como a ti te gustan y como tú quieres te fastidian muchísimo y te llevan a dar rienda suelta a esos pensamientos negativos que te envuelven por completo y que por ese tiempo gobernarán tu vida, llevándote a la ira, a la furia, al deseo de venganza, y al dolor, mucho, mucho, mucho dolor que va alimentando nuestro ego hasta hincharlo como una pelota de playa.

Y después de todo eso aparece el miedo, miedo a reconocer que somos capaces de hacer tanto daño como cualquiera, miedo por reconocernos como un niño pequeño malcriado en pleno berrinche, miedo a que tras nuestra actuación las cosas verdaderamente ya no vuelvan a ser igual, miedo a que los demás comprueben que no éramos, ni hemos sido nunca perfectos, y a ese rancio miedo le acompañan otros dos compañeros de viaje, la vergüenza y la culpa, que posiblemente nos acompañen alguna que otra vez más a lo largo de nuestra vida.

“He aprendido que es importante dejar que la vida te lleve. Si has hecho todo lo posible por obtener un resultado concreto y no lo has logrado, deja de esforzarte. Relájate. Puede que el momento no sea el adecuado. Puede que lo que querías no fuese lo que más te convenía. Puede que cuando parezca que una puerta se cierra, en realidad se esté abriendo otra que será la adecuada para ti. Y muchas veces cuando dejas de insistir en lo que creías que era lo mejor, se crea un espacio para que llegue algo todavía mejor. Porque cada final marca un nuevo comienzo”.

Cuando después de todo ese periplo nos damos cuenta de que somos nosotros los únicos que creamos nuestra realidad y que formamos nuestra vida a través de los pensamientos y nuestros sentimientos muchas veces enfermos de ego, de sin razón y egoísmo, es cuando verdaderamente hemos ganado una gran batalla, que nos ha proporcionado unos cimientos emocionales y psicológicos mucho más valederos de lo que podríamos haber esperado.

Hemos alcanzado un grado más de independencia y libertad, pero también de responsabilidad y madurez. Ahora ya no tiene sentido culpar al mundo y a sus habitantes de nuestros errores, ahora somos conscientes que sólo de nosotros depende nuestra felicidad o nuestro desaliento. Y aparece algo más importante aún de lo mencionado anteriormente, el perdón y la capacidad de no juzgar a nadie por nada. La comprensión y el respeto a nuestros semejantes, que son parte de esa realidad que nos hemos creado, de esa vida feliz o infeliz, compañeros de camino que necesitaremos para aprender de ellos, pues todos somos espejos unos de otros.

Desapego

Hay veces, la mayoría, que juzgamos tan duramente, por miedo a perder lo que amamos, que nuestra mente manipulada por nuestro ego, no se para a discernir con la suficiente serenidad, el qué, o el porqué ha llevado a esa persona a actuar de esa determinada manera y no de otra. Estamos tan llenos de inseguridades y tenemos tan pocos cimientos emocionales, que dejamos que el miedo y la duda nos arrastren al foso más profundo una y otra vez.

Sin embargo con un poco de dedicación a nosotros mismos, podemos descubrir que todo en realidad es mucho más sencillo de lo que percibimos tras esos ojos ciegos de miedo, de vergüenza y de culpa. Pues en realidad todos sentimos lo mismo, todos sufrimos de miedo al abandono y al desamor, poniendo nuestra fuerza y nuestra valía en manos de otros y pasándole a ellos también nuestra responsabilidad de vida.

Por favor, intentemos controlar nuestros caballos desbocados fruto de una mente incontrolada, todo es mucho más sencillo, todo es exactamente como tiene que ser y todo está orientado y perfectamente planificado para que seamos felices, pero también libres y conscientes de nuestra propia vida, y os aseguro que esta, está repleta de amor, dejemos que fluya.

 

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Hoy he descubierto el mundo por primera vez

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Hoy he descubierto el mundo por primera vez

“Hoy he descubierto el mundo por primera vez, he alzado el vuelo y rozado el cielo, solté las amarras, enjugué mis lágrimas, bauticé mi esencia y renací de nuevo. Exactamente hoy, ni ayer, ni mañana, he descubierto que es ser libre, y qué significa ser amada. Porque por fin descubrí que era yo la que no me amaba, que no se trataba de esperar, ni de temer por nada, se trataba de entregarse, y de compartir el alma”.

Muchas veces nos pasamos la vida esperando que el hombre o la mujer  ideal aparezcan, sin embargo cuando creemos haberlo encontrado, nos pasamos la vida intentando cambiar aquello que no nos gusta. No somos capaces de salir de nuestro egoísmo y nuestro miedo, nos sentimos poco menos que engañados y llenamos nuestra vida de frustración y sufrimiento, dejando recaer en el otro toda la responsabilidad de nuestra felicidad.

Somos nosotros los únicos responsables de esa elección, pues por miedo, dejamos pasar la felicidad ante nuestros ojos. No nos atrevemos a observarnos por dentro, a ser sinceros, a ser valientes para reconocer que llevamos mucho tiempo sin amarnos, pero sí exigimos un amor que no somos capaces de darnos a nosotros mismos, llegamos a ser así de cobardes.

Cuando nos atrevemos, cuando superamos los obstáculos de la mente, los miedos, las dudas, y “soltamos”, rozamos el cielo, pues el Universo mismo nos enseña el verdadero significado de amar y ser amado, y nos envía el regalo más hermoso, el reencuentro con la mitad de nuestra alma, nos completa, nos sincroniza de nuevo con el origen de nuestra esencia.

Entonces todo cobra el mayor de los sentidos, entonces todo se armoniza y la vibración de nuestro ser queda equilibrada para siempre. Ya no existe el tiempo, no existen conceptos, ni medidas, entonces y sólo entonces simplemente “SE ES”.

Cuando dos almas gemelas se reencuentran todo se vuelve claro, sereno, y sencillo; y a través de una sola mirada, pueden crear el mundo. Solo necesitan unir sus pechos en un abrazo y fundirse en un solo corazón. Pues en realidad, desde el principio de los tiempos siempre fueron “SOLO UNO”.

“Sólo el Amor os hará libres”

Hoy he descubierto el mundo por primera vez

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Tu realidad solo la cambias tú

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Si tomamos esta frase como cierta, tenemos una gran responsabilidad; y por lo visto pronto no podremos amparar ninguna duda al respecto, pues nuestros más refutados y expertos filósofos, investigadores, químicos y demás eruditos, están demostrando empíricamente, tras experimentos en laboratorios, con sus correspondientes fórmulas y controles de todo tipo que es exactamente así. Que realmente somos nosotros mismos los que creamos nuestra realidad.

Nuestra forma de percibir y observar altera y determina la acción y el estado de todo lo que nos rodea. Tenemos un enorme poder, una magnifica habilidad que nadie nos había contado hasta ahora, y que desde luego no teníamos ni idea de cómo usar. Más bien llevamos toda la vida empleándola en nuestra contra por lo que se ve.

Se ha experimentado con moléculas, partículas y átomos, hasta la más mínima expresión de la materia que conocemos, y se ha podido comprobar una y otra vez que los resultados siempre son afectados y alterados, el estado emocional, la intención, incluso la simple curiosidad del que realiza el experimento, “el observador”, determina los resultados del experimento.

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Esto en principio puede parecer un poco lío, pero eso sólo es porque no estamos acostumbrados a percibir nada más que a través de nuestros sentidos biológicos, además tampoco solemos dedicar mucho tiempo a observar, ni a observarnos. En el momento en que somos capaces de parar un poco el ritmo estridente y lleno de prisas que nosotros mismos nos hemos impuesto, no se sabe muy bien con qué propósito, nos damos cuenta fácilmente, de que existe otra manera de percibir más allá del cuerpo físico, de sentir, y de crear.

“Llegamos a la conclusión de que el observador y lo observado son parte de la misma realidad y que ésta solo existe en la medida en que nosotros, los observadores la creemos”.

Por supuesto esto conlleva una considerable cadena de concatenaciones y experiencias con otros seres humanos, para los que también tenemos responsabilidades, de las que posiblemente seguiremos hablando en otras ocasiones. Pero con demasiada frecuencia nos da demasiado miedo hacernos conscientes de que podemos cambiar nuestra realidad, pues eso necesita de un esfuerzo, de un trabajo interior, pero también de la necesidad de asumir responsabilidades, de tomar decisiones, y para eso se ve que aún estamos muy poco preparados.

Porque seguimos acurrucados en nuestro rinconcito del miedo, creyendo que allí al menos estamos seguros, que aunque ya sabemos que lo que nos rodea no nos gusta, de alguna manera lo controlamos porque lo conocemos. Y eso se mezcla con el apego y la idealización disfrazados de amor, que nos hace mantener relaciones perjudiciales, o que simplemente ya terminaron. Nos hace seguir viviendo situaciones que sólo nos aportan frustración e infelicidad, cuando en realidad es mucho más fácil de lo que nuestro miedo nos permite ver.

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Es esa estructura mental errónea que hemos ido cultivando a través de nuestra vida, la única que limita nuestra realidad, nuestra libertad, nuestra felicidad. Nadie, ni nosotros mismos hemos sido culpables de ello, nuestros sistemas de creencias, nuestras circunstancias como sociedad y cultura a través de los tiempos se han ido formando a través de los patrones que en cada momento les han ido sirviendo para sobrevivir, y eso no es malo, simplemente todos evolucionamos, y llega el momento en que lo que ha servido anteriormente, ya no nos sirve, pues hemos de seguir avanzando, y la única manera en que eso se puede llevar a cabo es desde dentro hacia fuera.

La responsabilidad aparece en el momento en que nos hacemos conscientes de la posibilidad que tenemos de cambiar la realidad, tanto la nuestra, como la del mundo que nos rodea, que podemos contribuir a crear un mundo más libre y justo, que somos capaces de dar amor de verdad, y vivir sin miedo, y hacerlo extensible a todo el que comparta la vida con nosotros en algún momento, esa es la realidad.

 

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La realidad que no queremos ver

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Abuso sexual infantil

Abuso sexual infantil

Dicen los grandes expertos es sociología que el abuso sexual infantil es tan antiguo como nuestra propia historia. Que desde nuestros mismos orígenes como especie han existido depredadores que han utilizado la fuerza y la seguridad de su posición social para dar rienda suelta a sus instintos más primarios. Y tristemente tenemos que reconocer que es absolutamente cierto, pero por lo visto aún no nos hemos avergonzado lo suficiente, pues muy lejos de haber erradicado totalmente esta mala costumbre en nuestra sociedad, seguimos consintiéndola, y en muchas más ocasiones de lo que nos gusta reconocer, seguimos mirando para otro lado.

Hemos creado leyes para proteger al menor, damos campañas anuales y continuadas de prevención, e incluso hemos asignado un día especial para conmemorar todo aquello que estamos haciendo por esos menores, pero seguimos permitiendo que los depredadores escapen a otras praderas para que sigan devorando a otras víctimas, pues lo que aún queda por cambiar son las leyes que castigan al verdugo.

Quiero dejar muy claro que ese verdugo depredador de víctimas inocentes NO es ningún enfermo, es sólo eso, un depredador al que sólo le importa satisfacer sus instintos, para lo cual no le importa en lo más mínimo el daño que pueda causar, la única empatía que guarda es para con él mismo y su propio instinto de supervivencia.

Como hemos dicho en otras ocasiones, existen distintos niveles de actuar desde el bien y desde el mal, y en este caso el depredador sexual está en el nivel más extremo de actuación del mal, y no siente ningún tipo de remordimiento por ello, de modo que su capacidad de reinserción y de que no vuelva a cometer otro abuso es inexistente.

También es importante dejar clara la diferencia entre pedófilo y pederasta, el primero aún no ha pasado a los hechos físicos, por el momento se ha contentado con la pornografía infantil, o la observación y vigilancia en secreto de algún menor, pero este es el primer paso, con un altísimo riesgo de llegar al segundo y definitivo paso, la agresión sucesiva a los menores.

Parece que nos da muchísimo miedo reconocer que nuestra sociedad no ha solucionado en absoluto este problema, pues una y otra vez, sectores muy concretos de nuestra sociedad, en lugar de dar la cara y reconocer que han acogido a estos depredadores entre sus filas, y con ello ayudarnos a todos a superar este gran problema social, prefieren ocultarlos, y cambiarlos de ubicación geográfica, creyendo que quizás con eso expían de alguna manera sus responsabilidades.

Mientras que no seamos capaces de perder el miedo a las consecuencias del reconocimiento de actos tan aberrantes para una sociedad supuestamente ética y moralmente evolucionada, seremos incapaces de llegar a esa evolución y seguiremos viviendo en el miedo continuo de los secretos a voces, de los no dichos, y de las frustraciones y las incomprensiones más profundas, que sólo pueden dar paso a toneladas y toneladas de más miedo.

Las estadísticas hablan por sí solas

Abuso sexual infantil

Seguimos en un tabú constante en ambas vertientes, una la de confesar ante la sociedad que hemos sido víctimas, la otra la de aceptar que individuos que muy frecuentemente son referentes para nuestra sociedad sean los depredadores más comunes.

Más de 200.000 niños desaparecen anualmente en Europa y nunca se vuelve a saber nada de ellos.

Un 25% de la totalidad de nuestros niños y adolescentes son violados.

El primer problema con el que nos encontramos es la falta de recursos adecuados para defender al menor, pues en muchas ocasiones es el menor quien tiene que cambiar por completo sus hábitos de vida y su entorno, pues el depredador o bien es miembro directo de su familia o forma parte de su entorno más cercano.

La prescripción de un delito como la pederastia es de veinte años desde que el menor supuestamente agredido cumple la mayoría de edad, que en España como todos sabemos se obtiene a los 18 años.

Y aunque cada día contamos con más medios, es tremendamente curioso, a la par que escalofriante, que un gran número nuestros jóvenes al ser encuestados, estén volviendo a justificar comportamientos como el maltrato y la violencia machista, el abuso sexual infantil, y conceptos arcaicos y sobradamente demostrados perniciosos para el individuo y la sociedad. Lo que no deja de dejarle a uno pensando, en dónde exactamente nos estaremos equivocando.

Abuso sexual infantil

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