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El PP gobierna para las cuentas municipales y no para los ciudadanos

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El PSOE pondrá los Ayuntamientos al servicio de las personas, priorizando en la solución de sus problemas.

El pasado lunes, 12 de enero, los alcaldes del PP en la provincia de Córdoba se reunieron para anunciar que basarán su campaña de las municipales en la gestión económica que han hecho en sus Ayuntamientos y que sus pretensiones son que las instituciones que presiden lleguen en las mejores condiciones posibles a los comicios electorales de mayo.

Evidentemente, con estas afirmaciones, lo que han hecho los alcaldes del PP en la provincia de Córdoba, es poner de manifiesto a lo que se han dedicado durante estos tres años y medio, que ha sido al manejo de las cuentas municipales, olvidándose de quienes peor lo están pasando.

Es decir, el PP en la provincia de Córdoba se ha dedicado, en estos momentos duros de crisis, a los números, mientras que han dado la espalda a las personas, fundamentalmente a quienes los están pasando mal.

Esto demuestra que para los alcaldes del PP son más importantes las cuentas de sus Ayuntamientos y de la Diputación Provincial que el sufrimiento de muchas familias que están sin empleo, pasando calamidades y muchas dificultades.

Para los alcaldes del PP, es evidente que antes están las cuentas que garantizan sus sueldos y sus egos, que los 89.000 parados que hay en la provincia, 10.566 más desde que gobiernan en la Diputación.

Para el PP están antes las cuentas que las 40.000 personas que no ingresan ni un solo euro en sus hogares.

Y el más claro ejemplo de esta situación, la tenemos en el máximo responsable del PP y alcalde de Córdoba, José Antonio Nieto.

Una alcalde al que le importa bien poco que la ciudad tenga 44.000 parados y que haya casi 5.000 parados más que cuando llegó al Ayuntamiento.

Un alcalde al que le importa poco que la mitad de los parados de la ciudad lleven más de un año demandando empleo. No le importa que la tasa de paro de larga duración sea casi 10 puntos superior a la de la provincia.

A Nieto le importa poco que la tasa de contratación a tiempo parcial en la capital sea más del doble que la de la provincia y que 2 de cada 5 contratos sean precarios, de corta duración y de escasa retribución.

Sin embargo, Nieto es feliz porque dice tener bien las cuentas municipales, aunque cuando salga del Ayuntamiento se encuentre en la puerta personas en paro, personas que pasan hambre, trabajadores más pobres porque solo consiguen contratos basura, padres con hijos emigrados y empresas cerradas.

Pero a Nieto y al PP, todo esto les da igual si las cuentas las llevan bien…

Y lo que es vergonzoso es que el PP y sus alcaldes no quieran darse cuenta que no gobiernan un Ayuntamiento, no gobiernan un edificio, sino a sus ciudadanos… a personas.

Es vergonzoso que hablen de remanentes y superávits municipales, cuando luego no son capaces de dedicar ni un solo euro de ese dinero a empleo, como es el caso de Nieto en Córdoba, en cuyos presupuestos municipales para 2015 ni aparece la palabra empleo, ni partida para el mismo, tal y como le ha criticado el propio Consejo Social de Córdoba.

Por eso, mientras el PP se dedica a los números y olvida a las personas, desde el PSOE queremos gobernar los Ayuntamientos porque son la administración más cercana a las personas y por tanto la primera línea en la atención a sus problemas.

El PSOE, a diferencia del PP, queremos coger la bandera del empleo, estable y de calidad, de los servicios sociales, de la atención a los dependientes, de la ayuda a los autónomos y a los emprendedores…

Es decir, queremos hacer de los Ayuntamientos el vehículo para ayudar a que todas las personas, por igual y sin distinciones, vayan saliendo de la crisis y que nadie se quede tirado en la cuneta.

Los socialistas pondremos los Ayuntamientos a disposición y al servicio de la gente y no al contrario. Porque no pretendemos gobernar edificios, sino gobernar para ayudar a las personas, fundamentalmente a quienes peor lo están pasando.

Manuel Aguilar Germán
Coordinador de Políticas Migratorias de la Junta de Andalucía en Córdoba
Coordinador Provincial de Economía y Empleo de PSOE Córdoba

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1 Comentario

1 Comentario

  1. anonimo

    18 Ene 2015 at 00:43

    Señor Manuel, pongamos un ilustrativo ejemplo, lo que critica usted del PP es lo que ha hecho el PSOE en la Mancomunidad de Los Pedroches, el señor Juan Díaz, actual presidente, entre sus únicos logros se enorgullece de que este año van a desaparecer las deudas de la entidad. No dice nada de lo que se ha perdido en el camino, los despidos realizados, las indemnizaciones sin pagar, los servicios que ya no presta la entidad y mucho menos de que la deuda la estan pagando las cuotas de los ayuntamientos comarcales a costa de 0. Vamos que no es extraño que el PP comarcal no apueste por la continuidad de dicha Mancomunidad pero claro, que bonito queda y que pena que sea tan poco creíble que el psoe gobierna para las personas… Como dice la canción ” antes de criticar tenemos que mirar y darnos una vuelta…”

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‘La moral de las naranjas’, por Juan Ferrero

“Tomar una naranja del árbol no es moralmente ni bueno ni malo, depende”

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Naranjo, naranja

El pueblo es pequeño, pero tiene una plaza cuadrangular, amplia, rodeada en su interior por alegres naranjos, así como en todas las calles que a ella afluyen. Anualmente, el Ayuntamiento recolecta la dulce fruta y las invierte en algún objetivo municipal. Esta temporada, tras un referendo entre sus vecinos, se ha acordado por unanimidad, y así se ha recogido en un decreto de la Alcaldía, que el dinero conseguido con la venta de las naranjas irá a amortizar todo o parte de la colocación en el centro de la plaza de una fuente que la embellezca aún más.

El decreto se toma como ley y quien la incumpla será multado.

El hombre que atiende el quiosco de la plaza es persona honrada, de principios cívicos, y ve acertado el proyecto al que los vecinos se han comprometido.

Mas pasando el tiempo, observa que algunos vecinos, incumpliendo el compromiso contraído, van cogiendo naranjas para su beneficio particular.

La cogida de naranjas, poco a poco se va haciendo generalizada.

El hombre del quiosco comprueba, primero sorprendido y después indignado, cómo las naranjas van desapareciendo sin que ninguna autoridad haga algo para evitarlo. Es cierto que la policía municipal ha tomado algunos nombres para justificarse y enviado las correspondientes denuncias; pero luego el Alcalde no las tramita ni les da curso, porque cada vecino multado supondría la pérdida de votos de una familia en las próximas elecciones locales.

El quiosquero, sentado en el interior de su habitáculo, mira a la plaza y reflexiona:

Tomar una naranja del árbol no es moralmente ni bueno ni malo, depende de las circunstancias y las circunstancias son que de forma democrática y por unanimidad los vecinos se comprometieron a no coger naranjas para provecho propio y particular. El Alcalde este acuerdo lo hizo ley y la ley es necesario cumplirla y quien así no lo haga deberá recibir una sanción por el perjuicio producido a la colectividad.

Pero si los vecinos se sirven naranjas cada cual a su aire y el Alcalde no vigila ni sanciona, ¿cómo proceder?

Él es un hombre cumplidor de los acuerdos, que respeta la ley; una persona honrada, y aunque todos obren de modo contrario, tiene que mantenerse fiel a sus principios.

Sin embargo, por otra parte, ¿a quién perjudicaría si él también tomara algunas de las pocas naranjas que aún quedan…?

Pero no.

El quiosquero se entristece al constatar una vez más que en nuestra sociedad las personas decentes siempre salen perdiendo y los que no respetan nada y actúan saltándose las leyes y actuando de modo egoísta en beneficio propio con perjuicio para los demás, son lo que, a la larga, suelen quedar beneficiados.

Y ocurrió que el hombre del quiosco, honrado y cumplidor de las leyes democráticas se quedó sin naranjas y el pueblo se quedó sin fuente en la plaza.

Juan Ferrero

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‘Suben las gasolineras y baja el servicio’, por Juan Ferrero

“Los empleados, despedidos; los usuarios, haciendo gratis el trabajo de estos; y el empresario, tan complaciente”

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'Suben las gasolineras y baja el servicio', por Juan Ferrero

A veces, puede comprobarse lo fácil que le resulta a las clases dominantes conducir a la masa popular sin que esta proteste lo más mínimo.

Estamos quejándonos constantemente de la carestía de la vida por todas partes y luego llegamos a la gasolinera y le decimos a los empleados que sirven en los surtidores que se quiten de allí y se vayan al paro, que ese trabajo lo vamos a realizar nosotros de modo gratuito.

El asalariado, al que le habrán exigido al menos un cursillo o jornadas para que lleve en cuenta las más elementales normas a la hora de manipular sustancias inflamables y, por lo tanto, peligrosas, se marchará a engrosar la lista del paro, mientras nosotros nos bajamos del vehículo y, “generosamente”, tomamos el surtidor sin tener en cuenta los perjuicios que eso puede acarrearnos. Unas manchas en la indumentaria, por ejemplo, inutilizarían nuestras prendas de vestir. ¿Y quién pagaría eso?  En ocasiones, ni el dinero solucionaría el problema, como el caso en que las circunstancias y el tiempo, en pleno viaje, no permitiera el cambio de indumentaria; por no citar descuidos propios o con elementos y personas de acompañamiento o ajenas que se hallen junto a los mismos surtidores.

Resumiendo: los empleados, despedidos; los usuarios, haciendo gratis el trabajo de estos; y el empresario, tan complaciente. Porque, que nos conste, ni sindicatos, ni partidos, ni Ministerio de Consumo, ni el público en general dicen o hacen algo al respecto.

En  la vida cotidiana pueden darse abusos frente a los cuales poco puede hacer el individuo solo. Pero no es este el caso porque, por fortuna, aún existen gasolineras atendidas por sus empleados, y yo, mientras  sea posible, únicamente acudiré a estas (subrayo lo de “sea posible” ya que tampoco es caso de quedarse en la carretera sin carburante por no pararse en la gasolinera de autoservicio). Pero una cosa no quita la otra; todo es cuestión de prever y calcular.

Juan Ferrero

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‘Nuevos bandoleros de caminos’, por Juan Ferrero

“Los actuales bandoleros van al camino y se quedan con el mismo camino”. Juan Ferrero nos da su opinión

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camino

La palabra bandolero la relacionamos enseguida con otras como camino y diligencia, asociadas a la época romántica del siglo XVIII y XIX.

Modernamente han aparecido otro tipo de bandoleros de caminos, pero en estos se da un aspecto nuevo. Los bandoleros antiguos iban a un camino y se quedaban con lo que pasaba por él; pero los nuevos bandoleros no, los actuales bandoleros van al camino y se quedan con el mismo camino. Y otra diferencia: los gobernantes de la época mandaban perseguir a los bandoleros, pero a los nuevos bandoleros no los persigue nadie.

Ya, cuando los propietarios de fincas construyeron los típicos cercados de piedra, muchos de ellos no respetaron las anchuras que por ley correspondía a los distintos tipos de caminos públicos, quedando estos mermados en su viabilidad.

Desde hace algunas décadas, ha surgido un ansia generalizada, por parte de ciertos propietarios, de cortar y apoderarse de todo camino público colindante con sus fincas; o también, de juntar con su terreno cualquier ensanche o abrevadero de camino. Los hay que sin ser propietarios, se adueñan e instalan con descaro en aquellos espacios sobrantes después de que Obras Públicas rectifique un camino o carretera.

En general, ni los gobernantes de turno en el Estado, en las Comunidades, Diputaciones o Ayuntamientos toman iniciativa alguna para hacer que los nuevos bandoleros devuelvan lo robado. Es más, en ocasiones, cuando algún grupo de ciudadanos se ha presentado en uno de estos caminos a reivindicar su apertura, con la cartografía oficial correspondiente que certificaba su *titularidad pública, alguien ha echado a los agentes de la Guardia Civil sobre ellos, pidiendo carnet y exigiendo su disolución. (Y lo que escribo lo he vivido directamente junto con otras personas).

Como excepción, algún municipio ha firmado convenio con la Junta  para catalogar sus caminos municipales, pero sólo conozco un pueblo en la comarca (Cardeña) donde su alcaldesa, Cati Barragán, obligó a los propietarios a abrir y devolver aquellos caminos públicos que habían cortado.

Pero en fin, no nos escandalicemos. Si es verdad lo que mantienen las nuevas corriente, es decir, que lo moralmente bueno es aquello que así lo decide la mayoría, robar un camino o parte de él no es inmoral, porque la mayoría de la población no protesta, se calla; y ya se sabe que quien calla otorga.

Así pues, por decisión de esa mayoría de ciudadanos, robar un camino es una acción buena, correcta desde el punto de vista de la moral. De este modo, se comprende la postura o actitud de los gobernantes ante los nuevos bandoleros de caminos.

Lo que ocurre es que esta actitud de los gobernantes no encaja con las declaraciones que luego se hacen, prometiendo trabajar por la promoción del turismo rural y contra la España vaciada.

Juan Ferrero

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