Conecta con nosotros

¿Sabes tú quién soy yo?

La importancia de ayudar a morir

Publicado

el

Todo tránsito debe de ser asistido convenientemente. De la misma manera que acompañamos y arropamos el nacimiento de una nueva vida, debemos hacer también a la hora de la muerte, pues supone una etapa más de nuestra existencia.

Una doctora de nuestro tiempo, digna de admiración por su trabajo de observación continua en la etapa de la muerte y su verdadera preocupación por asistir a los moribundos con la misma abnegación que a los que tenían posibilidad de cura, fue Elisabeth Kübler – Ross.

La doctora Elisabeth Kübler-Ross fue una de las personas más influyentes del siglo XX, posiblemente la mayor experta mundial en “La Muerte, Personas Moribundas y Cuidados Paliativos“. Con su trabajo ayudó a millones de personas, enfermos y familiares. Sus libros son aprendidos por estudiantes de medicina y enfermería. Cuando leí su libro “La rueda de la vida“, que os recomiendo a todos, se despejaron en mí muchas dudas, y fue entonces cuando comprendí el verdadero sentido de mi trabajo.

Hay muchas formas de morir, y es curioso que el hombre occidental no haya empleado más tiempo y recursos a lo largo de la historia en prepararse para la muerte, ya que es la única etapa por la que todos pasaremos indefectiblemente. Es distinto morir de viejo, que morir de una enfermedad terminal, o de una manera repentina, por accidente ya sea físico u orgánico.

Tampoco es igual morir con ochenta años, que con veinte, que con dos, ni para la persona que muere, ni para la familia y seres queridos. Cada una de las etapas de la vida está relacionada con una forma distinta de enfrentamiento ante la etapa de la muerte. Y cada una de ellas comprende una etapa de duelo distinta.

La doctora Elisabeth Kübler-Ross diferenció una secuencia de “Cinco Etapas” por las que pasaba la persona al enfrentarse a una muerte inminente:

  • Negación
  • Ira
  • Negociación
  • Depresión
  • Aceptación

Además, añadía que el enfrentamiento a la muerte está condicionado por la cultura.

ayudar a morir

El trabajo que nos dejó la doctora Elisabeth Kübler-Ross ha supuesto un verdadero cambio de actitud tanto de los enfermos terminales, como de los profesionales de la sanidad, a la hora de enfrentar la etapa de la muerte. A primeros del siglo XX, aún se amontonaban a los enfermos mentales y moribundos en salas donde simplemente se les dejaba, sin prácticamente ningún cuidado, pues consideraban que sus funciones se limitaban a curar, y que cuando esto no era posible, simplemente no era cosa suya, dejando a la beneficencia esa tarea.

Han sido muchas ya las personas que han muerto literalmente en mis brazos, hasta ahora siempre ancianos. Y, tanto los días previos a la muerte como en el momento de ésta, ha habido algo especial en el ambiente, que cada vez vas identificando más, y que llegas a diferenciar claramente. Se relajan, se pacifican, tienen una significativa mejoría en la que incluso su conciencia se clarifica y en muchos casos son ellos los que brindan palabras de aliento y consuelo.

Una antigua leyenda dice que el ángel de la muerte, cuando ya tiene perfectamente identificada a la persona que se ha de llevar, provoca una mejoría sustancial en él, para distraer a sus familiares y seres queridos para que dejen de rezar por su recuperación, pues mientras sigan orando por él, le es completamente imposible acercarse para llevárselo

Hay veces en los que son capaces de describir perfectamente quién o quiénes son los que han venido a buscarle, pues ven a sus seres queridos ya fallecidos, que vienen para acompañarlos en su transición. E incluso se diría que esperan con ilusión el momento de su partida, porque tienen la certeza de que nada acaba realmente, que sólo cambian a otra forma de realidad y de conciencia.
Afortunadamente este hecho está siendo tenido en cuenta por los profesionales de la sanidad, que ofrecen cuidados paliativos específicos para cada caso concreto. Independientemente de la farmacoterapia, se están introduciendo lo que se llaman terapias alternativas, como Reiki, meditación, yoga, y otras, que están funcionando positivamente y prestando un considerable incremento en la calidad de vida de esas personas moribundas. Además y no menos importantes, hay otros factores determinantes a tener muy en cuenta a la hora de ayudar a morir a una persona, como son:

  • El permitir el acompañamiento continúo de sus seres queridos.
  • El que pueda tener a mano sus recuerdos.
  • El darle la libertad para actuar como le plazca, respetando cualquier tipo de creencia.
  • Permitirle que haga el tránsito en su hogar si así lo decide, otorgándole todo lo que pueda necesitar para ello.
  • Y cualquier otra cosa que para la persona en cuestión constituya algo importante.

Claro está que en los casos en que la muerte nos coge de improviso, nos es materialmente imposible actuar de ese modo. Sin embargo, también está el acompañamiento a la familia y seres queridos, y de la misma manera hay que respetar sus necesidades emocionales y sentimentales para con su ser fallecido, tratando de proporcionarle todo aquello que pueda paliar o consolar de alguna manera su pérdida.

Para finalizar este artículo he querido dejar una frase que me dijo uno de mis abuelillos al morir, y que siempre irá conmigo, la he repetido tantas veces y a tanta gente, que ya he perdido la cuenta, pero mientras más vida vivo, y más experiencia adquiero, más verdad y llena de sabiduría me parece.

Tenía diez hijos, y murió sólo en una residencia. Con ochenta y cuatro años, quedó huérfano en la guerra civil española, y había criado a sus dos hermanos con el estraperlo. Cuando sus dos hermanos estuvieron casados y situados, él se fue a probar fortuna a la Argentina, y de ahí recorrió el mundo entero. Conoció a su esposa casi con cuarenta años y desde entonces no se separó de ella hasta que ésta murió cinco años atrás. Había hecho una carrera de ingeniería y estudiado no sé cuantas cosas más. Para mí fue un verdadero privilegio encontrarme con él en el camino, hombre generoso y sabio donde los haya. Consiguió amasar una pequeña fortuna que donó completamente cuando el último de sus hijos terminó la universidad, motivo por el cual fue prácticamente repudiado por todos sus hijos.

Terminó su vida en un lugar que no le vio nacer, donde no tenía a nadie que pudiese compartir con él recuerdos ni aventuras. Sin embargo, ni un solo día le vi triste, muy al contrario, siempre decía la frase adecuada en el momento oportuno. Y fue así hasta el mismo momento de su muerte. Me cogió las dos manos y me sonrió diciéndome muy claramente:

Nunca tengas miedo, nunca, y no digas que no a nada, en el peor de los casos supondrá una experiencia. Esta vida es nada más que una suma de experiencias y necesitas muchas para no tener que venir más“.

 

Continuar leyendo
2 Comentarios

2 Comments

  1. Joaquín Vioque Lozano

    4 Jun 2015 at 23:55

    Amalia, me ha gustado mucho tu artículo.

    Me gustaría hacerte llegar un libro que publicamos hace años en la editorial Díaz de Santos, titulado “Ars Moriendi: vivir hasta el final” del doctor Cobo Medina (el Kübler-Ross español) y que creo te puede gustar.

    Personalmente no te conozco, por lo que te ruego me facilites tu dirección postal. Mi correo-e, te lo pueden facilitar desde este web, a la cual autorizo.

    Espero seguir disfrutando de tus escritos o relatos. Muchas gracias.

  2. josé

    3 Ago 2015 at 10:54

    Sinceramente creo que es la asignatura pendiente de la medicina y de esta Humanidad civilizada: morir sin sufrir ni hacer sufrir, ni física ni moralmente. Ya lo hemos conseguido prácticamente en los nacimientos: parto sin dolor, epidural, cesárea.

    Para mí el ideal es lo que vi en unos dibujos animados de David el GNomo: una gran fiesta familiar de despedida, después de haber cumplido 300 años y marcharse volando sobre su oca y desaparecer por los aires haciendo el saludo de despedida.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

¿Sabes tú quién soy yo?

Hoy he descubierto el mundo por primera vez

Publicado

el

Hoy he descubierto el mundo por primera vez

“Hoy he descubierto el mundo por primera vez, he alzado el vuelo y rozado el cielo, solté las amarras, enjugué mis lágrimas, bauticé mi esencia y renací de nuevo. Exactamente hoy, ni ayer, ni mañana, he descubierto que es ser libre, y qué significa ser amada. Porque por fin descubrí que era yo la que no me amaba, que no se trataba de esperar, ni de temer por nada, se trataba de entregarse, y de compartir el alma”.

Muchas veces nos pasamos la vida esperando que el hombre o la mujer  ideal aparezcan, sin embargo cuando creemos haberlo encontrado, nos pasamos la vida intentando cambiar aquello que no nos gusta. No somos capaces de salir de nuestro egoísmo y nuestro miedo, nos sentimos poco menos que engañados y llenamos nuestra vida de frustración y sufrimiento, dejando recaer en el otro toda la responsabilidad de nuestra felicidad.

Somos nosotros los únicos responsables de esa elección, pues por miedo, dejamos pasar la felicidad ante nuestros ojos. No nos atrevemos a observarnos por dentro, a ser sinceros, a ser valientes para reconocer que llevamos mucho tiempo sin amarnos, pero sí exigimos un amor que no somos capaces de darnos a nosotros mismos, llegamos a ser así de cobardes.

Cuando nos atrevemos, cuando superamos los obstáculos de la mente, los miedos, las dudas, y “soltamos”, rozamos el cielo, pues el Universo mismo nos enseña el verdadero significado de amar y ser amado, y nos envía el regalo más hermoso, el reencuentro con la mitad de nuestra alma, nos completa, nos sincroniza de nuevo con el origen de nuestra esencia.

Entonces todo cobra el mayor de los sentidos, entonces todo se armoniza y la vibración de nuestro ser queda equilibrada para siempre. Ya no existe el tiempo, no existen conceptos, ni medidas, entonces y sólo entonces simplemente “SE ES”.

Cuando dos almas gemelas se reencuentran todo se vuelve claro, sereno, y sencillo; y a través de una sola mirada, pueden crear el mundo. Solo necesitan unir sus pechos en un abrazo y fundirse en un solo corazón. Pues en realidad, desde el principio de los tiempos siempre fueron “SOLO UNO”.

“Sólo el Amor os hará libres”

Hoy he descubierto el mundo por primera vez

Continuar leyendo

¿Sabes tú quién soy yo?

Tu realidad solo la cambias tú

Publicado

el

frase

Si tomamos esta frase como cierta, tenemos una gran responsabilidad; y por lo visto pronto no podremos amparar ninguna duda al respecto, pues nuestros más refutados y expertos filósofos, investigadores, químicos y demás eruditos, están demostrando empíricamente, tras experimentos en laboratorios, con sus correspondientes fórmulas y controles de todo tipo que es exactamente así. Que realmente somos nosotros mismos los que creamos nuestra realidad.

Nuestra forma de percibir y observar altera y determina la acción y el estado de todo lo que nos rodea. Tenemos un enorme poder, una magnifica habilidad que nadie nos había contado hasta ahora, y que desde luego no teníamos ni idea de cómo usar. Más bien llevamos toda la vida empleándola en nuestra contra por lo que se ve.

Se ha experimentado con moléculas, partículas y átomos, hasta la más mínima expresión de la materia que conocemos, y se ha podido comprobar una y otra vez que los resultados siempre son afectados y alterados, el estado emocional, la intención, incluso la simple curiosidad del que realiza el experimento, “el observador”, determina los resultados del experimento.

frase

Esto en principio puede parecer un poco lío, pero eso sólo es porque no estamos acostumbrados a percibir nada más que a través de nuestros sentidos biológicos, además tampoco solemos dedicar mucho tiempo a observar, ni a observarnos. En el momento en que somos capaces de parar un poco el ritmo estridente y lleno de prisas que nosotros mismos nos hemos impuesto, no se sabe muy bien con qué propósito, nos damos cuenta fácilmente, de que existe otra manera de percibir más allá del cuerpo físico, de sentir, y de crear.

“Llegamos a la conclusión de que el observador y lo observado son parte de la misma realidad y que ésta solo existe en la medida en que nosotros, los observadores la creemos”.

Por supuesto esto conlleva una considerable cadena de concatenaciones y experiencias con otros seres humanos, para los que también tenemos responsabilidades, de las que posiblemente seguiremos hablando en otras ocasiones. Pero con demasiada frecuencia nos da demasiado miedo hacernos conscientes de que podemos cambiar nuestra realidad, pues eso necesita de un esfuerzo, de un trabajo interior, pero también de la necesidad de asumir responsabilidades, de tomar decisiones, y para eso se ve que aún estamos muy poco preparados.

Porque seguimos acurrucados en nuestro rinconcito del miedo, creyendo que allí al menos estamos seguros, que aunque ya sabemos que lo que nos rodea no nos gusta, de alguna manera lo controlamos porque lo conocemos. Y eso se mezcla con el apego y la idealización disfrazados de amor, que nos hace mantener relaciones perjudiciales, o que simplemente ya terminaron. Nos hace seguir viviendo situaciones que sólo nos aportan frustración e infelicidad, cuando en realidad es mucho más fácil de lo que nuestro miedo nos permite ver.

frase

Es esa estructura mental errónea que hemos ido cultivando a través de nuestra vida, la única que limita nuestra realidad, nuestra libertad, nuestra felicidad. Nadie, ni nosotros mismos hemos sido culpables de ello, nuestros sistemas de creencias, nuestras circunstancias como sociedad y cultura a través de los tiempos se han ido formando a través de los patrones que en cada momento les han ido sirviendo para sobrevivir, y eso no es malo, simplemente todos evolucionamos, y llega el momento en que lo que ha servido anteriormente, ya no nos sirve, pues hemos de seguir avanzando, y la única manera en que eso se puede llevar a cabo es desde dentro hacia fuera.

La responsabilidad aparece en el momento en que nos hacemos conscientes de la posibilidad que tenemos de cambiar la realidad, tanto la nuestra, como la del mundo que nos rodea, que podemos contribuir a crear un mundo más libre y justo, que somos capaces de dar amor de verdad, y vivir sin miedo, y hacerlo extensible a todo el que comparta la vida con nosotros en algún momento, esa es la realidad.

 

Continuar leyendo

¿Sabes tú quién soy yo?

La realidad que no queremos ver

Publicado

el

Abuso sexual infantil

Abuso sexual infantil

Dicen los grandes expertos es sociología que el abuso sexual infantil es tan antiguo como nuestra propia historia. Que desde nuestros mismos orígenes como especie han existido depredadores que han utilizado la fuerza y la seguridad de su posición social para dar rienda suelta a sus instintos más primarios. Y tristemente tenemos que reconocer que es absolutamente cierto, pero por lo visto aún no nos hemos avergonzado lo suficiente, pues muy lejos de haber erradicado totalmente esta mala costumbre en nuestra sociedad, seguimos consintiéndola, y en muchas más ocasiones de lo que nos gusta reconocer, seguimos mirando para otro lado.

Hemos creado leyes para proteger al menor, damos campañas anuales y continuadas de prevención, e incluso hemos asignado un día especial para conmemorar todo aquello que estamos haciendo por esos menores, pero seguimos permitiendo que los depredadores escapen a otras praderas para que sigan devorando a otras víctimas, pues lo que aún queda por cambiar son las leyes que castigan al verdugo.

Quiero dejar muy claro que ese verdugo depredador de víctimas inocentes NO es ningún enfermo, es sólo eso, un depredador al que sólo le importa satisfacer sus instintos, para lo cual no le importa en lo más mínimo el daño que pueda causar, la única empatía que guarda es para con él mismo y su propio instinto de supervivencia.

Como hemos dicho en otras ocasiones, existen distintos niveles de actuar desde el bien y desde el mal, y en este caso el depredador sexual está en el nivel más extremo de actuación del mal, y no siente ningún tipo de remordimiento por ello, de modo que su capacidad de reinserción y de que no vuelva a cometer otro abuso es inexistente.

También es importante dejar clara la diferencia entre pedófilo y pederasta, el primero aún no ha pasado a los hechos físicos, por el momento se ha contentado con la pornografía infantil, o la observación y vigilancia en secreto de algún menor, pero este es el primer paso, con un altísimo riesgo de llegar al segundo y definitivo paso, la agresión sucesiva a los menores.

Parece que nos da muchísimo miedo reconocer que nuestra sociedad no ha solucionado en absoluto este problema, pues una y otra vez, sectores muy concretos de nuestra sociedad, en lugar de dar la cara y reconocer que han acogido a estos depredadores entre sus filas, y con ello ayudarnos a todos a superar este gran problema social, prefieren ocultarlos, y cambiarlos de ubicación geográfica, creyendo que quizás con eso expían de alguna manera sus responsabilidades.

Mientras que no seamos capaces de perder el miedo a las consecuencias del reconocimiento de actos tan aberrantes para una sociedad supuestamente ética y moralmente evolucionada, seremos incapaces de llegar a esa evolución y seguiremos viviendo en el miedo continuo de los secretos a voces, de los no dichos, y de las frustraciones y las incomprensiones más profundas, que sólo pueden dar paso a toneladas y toneladas de más miedo.

Las estadísticas hablan por sí solas

Abuso sexual infantil

Seguimos en un tabú constante en ambas vertientes, una la de confesar ante la sociedad que hemos sido víctimas, la otra la de aceptar que individuos que muy frecuentemente son referentes para nuestra sociedad sean los depredadores más comunes.

Más de 200.000 niños desaparecen anualmente en Europa y nunca se vuelve a saber nada de ellos.

Un 25% de la totalidad de nuestros niños y adolescentes son violados.

El primer problema con el que nos encontramos es la falta de recursos adecuados para defender al menor, pues en muchas ocasiones es el menor quien tiene que cambiar por completo sus hábitos de vida y su entorno, pues el depredador o bien es miembro directo de su familia o forma parte de su entorno más cercano.

La prescripción de un delito como la pederastia es de veinte años desde que el menor supuestamente agredido cumple la mayoría de edad, que en España como todos sabemos se obtiene a los 18 años.

Y aunque cada día contamos con más medios, es tremendamente curioso, a la par que escalofriante, que un gran número nuestros jóvenes al ser encuestados, estén volviendo a justificar comportamientos como el maltrato y la violencia machista, el abuso sexual infantil, y conceptos arcaicos y sobradamente demostrados perniciosos para el individuo y la sociedad. Lo que no deja de dejarle a uno pensando, en dónde exactamente nos estaremos equivocando.

Abuso sexual infantil

Continuar leyendo
Anuncio La tienda de 17pueblos.es
Anuncio La tienda de 17pueblos.es

CONTACTAR

¿Quieres ponerte en contacto con nosotros? Escríbenos y contestaremos lo más rápido posible. También nos puedes enviar un Whatsapp y lo atenderemos en cuanto nos sea posible.

  • Tlf: 646 175 273
  • Correo: info@17pueblos.es

 

Recordando

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies