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¿Sabes tú quién soy yo?

Tiempos de soledad

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Hay miradas que encierran una vida entera. ¿Seremos capaces algún día de pararnos a observar esa mirada?

Nuestro día a día transcurre entre el trabajo, la familia, las obligaciones, y los amigos.

¿Pero, y cuando todo eso ya no está?

¿Con qué llenamos nuestra vida?

Todos nuestros roles han cambiado, ya no podemos identificarnos con aquello que fuimos, nos hemos jubilado, nuestros hijos se han hecho mayores y autónomos, nuestras obligaciones ahora son muy distintas, mucha de la gente con la que compartíamos nuestra vida, ya no está, ya no tenemos padres, ni abuelos, ni tíos, algunos de nuestros hermanos mayores, y algunos primos, también se han marchado, y hemos enterrado ya a muchos amigos. En el peor de los casos hasta nuestra pareja ha muerto.

¿Qué nos queda?, ¿y ahora qué?, ¿cómo seguimos?

Influirá mucho el carácter positivo o negativo que tengamos, pero por muy positivos que seamos, la soledad se hará patente, tendremos que hacer muchos cambios en nuestra vida, adaptarnos a un tiempo y a un ritmo que no son el nuestro, aceptar nuevos conceptos de vida y pensamiento, entonces recordaremos a nuestros mayores cuando nos decían “en mis tiempos eso no se hubiera consentido”. Será el momento en que tengamos que hacer un balance sereno de la dirección que hemos llevado durante toda nuestra vida, los recuerdos aflorarán por doquier y se irán enlazando unos con otros formando una especie de documental en el que la mayoría de los protagonistas ya no existen, comienza el tiempo de reflexión, para poder emprender el viaje con el equipaje adecuado.

Diferencia entre soledad escogida y soledad impuesta

Soledad escogida: hay muchos momentos en nuestra vida en que nos apetece estar solos, lo necesitamos y es sano, son momentos de interiorización necesaria para equilibrarnos, conocernos a nosotros mismos y tomar decisiones acertadas.

Soledad impuesta: es una de las sensaciones más dura que puede experimentar un ser, pues tiene necesidad de apoyo y consuelo y no cuenta con nadie para que se la proporcione.

Podemos estar rodeados de gente pero parece como si ninguno de ellos hablara nuestro idioma, como si nadie pudiese entender lo que estamos sintiendo, nos genera ansiedad y tristeza y nos hará entrar en un vértice de desmotivación que a veces puede convertirse en peligroso.

La soledad impuesta de un mayor dependiente

Los que hayan leído algunos de mis artículos, comprobarán mi insistencia en la necesidad de volver a dar a los mayores su papel en la sociedad, estamos cortando los lazos con lo único que nos puede salvar de la locura de una sociedad banal, sin el valor de la sabiduría y la experiencia.

Solos en su propio domicilio

Esta soledad, aunque tremendamente dura, quizás sea después de todo la menos traumática, pues al menos el individuo se mantiene en su hogar, con sus pertenencias y sus recuerdos, haciendo que se sienta más seguro y libre. Aún sigue siendo dueño de su propia vida, y siguen contando sus decisiones.

Solos en las residencias

Para mí personalmente, esta es la peor de las soledades posibles, y aunque quiero hacer un artículo especial sobre la asistencia en instituciones geriátricas, os avanzo lo que es simplemente mi opinión.

En estas instituciones el individuo pasa a ser un mero número estadístico de ratio, despersonalizando completamente al ser. Por lo general hoy día estos centros están perfectamente cualificados y dotados de todos los medios, tanto de recursos técnicos, como de personal cualificado, y por norma intentan hacerlo lo mejor que pueden, sin embargo es técnicamente imposible atender las necesidades no patológicas, no biológicas, sino del alma, de ochenta personas, durante las veinticuatro horas del día, cuando sólo hay cuatro auxiliares y un enfermero por turno, para todos ellos.

Es algo totalmente inviable por mucho que se pretenda hacerlo bien y con la mejor de las intenciones.

Algo que me ha descolocado especialmente estos días, es el empeño de la industria mundial, con el apoyo de sus gobiernos y más estamentos gubernamentales, de crear robot, muñecos y demás tecnología, para hacer compañía a los abuelos, y a cualquier persona en situación de incapacidad o dependencia; según los especialistas (no sé muy bien en qué) incentiva tremendamente su capacidad de compartir emociones y de interactuar con el medio.

Pero seremos imbéciles…y mientras tanto…

¿Qué se supone que tiene que hacer el resto de la humanidad?

¿Contemplar los amaneceres?

¿Qué narices estamos haciendo?

¿Pretendemos sustituir el contacto físico, la caricia de una mano, los besos, las buenas tertulias, con tecnología inerte?

¿Estaremos de esa forma más en paz con nuestras conciencias?

robot

Necesito hacerte una pregunta: ¿Puede consolar el acero?

Aquí os dejo un enlace, que me ha parecido buenísimo, fiel reflejo de la realidad:

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1 Comentario

1 Comentario

  1. YO AMO PEDROCHE

    8 Sep 2015 at 20:15

    ¡¡¡MARAVILLOSO!!!; gracias a esta autora, a tod@s los colaborador@s y al director de
    17 PUEBLOS de Los Pedroches por enriquecernos con todos los contenidos de esta magnífica web

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Hoy he descubierto el mundo por primera vez

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Hoy he descubierto el mundo por primera vez

“Hoy he descubierto el mundo por primera vez, he alzado el vuelo y rozado el cielo, solté las amarras, enjugué mis lágrimas, bauticé mi esencia y renací de nuevo. Exactamente hoy, ni ayer, ni mañana, he descubierto que es ser libre, y qué significa ser amada. Porque por fin descubrí que era yo la que no me amaba, que no se trataba de esperar, ni de temer por nada, se trataba de entregarse, y de compartir el alma”.

Muchas veces nos pasamos la vida esperando que el hombre o la mujer  ideal aparezcan, sin embargo cuando creemos haberlo encontrado, nos pasamos la vida intentando cambiar aquello que no nos gusta. No somos capaces de salir de nuestro egoísmo y nuestro miedo, nos sentimos poco menos que engañados y llenamos nuestra vida de frustración y sufrimiento, dejando recaer en el otro toda la responsabilidad de nuestra felicidad.

Somos nosotros los únicos responsables de esa elección, pues por miedo, dejamos pasar la felicidad ante nuestros ojos. No nos atrevemos a observarnos por dentro, a ser sinceros, a ser valientes para reconocer que llevamos mucho tiempo sin amarnos, pero sí exigimos un amor que no somos capaces de darnos a nosotros mismos, llegamos a ser así de cobardes.

Cuando nos atrevemos, cuando superamos los obstáculos de la mente, los miedos, las dudas, y “soltamos”, rozamos el cielo, pues el Universo mismo nos enseña el verdadero significado de amar y ser amado, y nos envía el regalo más hermoso, el reencuentro con la mitad de nuestra alma, nos completa, nos sincroniza de nuevo con el origen de nuestra esencia.

Entonces todo cobra el mayor de los sentidos, entonces todo se armoniza y la vibración de nuestro ser queda equilibrada para siempre. Ya no existe el tiempo, no existen conceptos, ni medidas, entonces y sólo entonces simplemente “SE ES”.

Cuando dos almas gemelas se reencuentran todo se vuelve claro, sereno, y sencillo; y a través de una sola mirada, pueden crear el mundo. Solo necesitan unir sus pechos en un abrazo y fundirse en un solo corazón. Pues en realidad, desde el principio de los tiempos siempre fueron “SOLO UNO”.

“Sólo el Amor os hará libres”

Hoy he descubierto el mundo por primera vez

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Tu realidad solo la cambias tú

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Si tomamos esta frase como cierta, tenemos una gran responsabilidad; y por lo visto pronto no podremos amparar ninguna duda al respecto, pues nuestros más refutados y expertos filósofos, investigadores, químicos y demás eruditos, están demostrando empíricamente, tras experimentos en laboratorios, con sus correspondientes fórmulas y controles de todo tipo que es exactamente así. Que realmente somos nosotros mismos los que creamos nuestra realidad.

Nuestra forma de percibir y observar altera y determina la acción y el estado de todo lo que nos rodea. Tenemos un enorme poder, una magnifica habilidad que nadie nos había contado hasta ahora, y que desde luego no teníamos ni idea de cómo usar. Más bien llevamos toda la vida empleándola en nuestra contra por lo que se ve.

Se ha experimentado con moléculas, partículas y átomos, hasta la más mínima expresión de la materia que conocemos, y se ha podido comprobar una y otra vez que los resultados siempre son afectados y alterados, el estado emocional, la intención, incluso la simple curiosidad del que realiza el experimento, “el observador”, determina los resultados del experimento.

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Esto en principio puede parecer un poco lío, pero eso sólo es porque no estamos acostumbrados a percibir nada más que a través de nuestros sentidos biológicos, además tampoco solemos dedicar mucho tiempo a observar, ni a observarnos. En el momento en que somos capaces de parar un poco el ritmo estridente y lleno de prisas que nosotros mismos nos hemos impuesto, no se sabe muy bien con qué propósito, nos damos cuenta fácilmente, de que existe otra manera de percibir más allá del cuerpo físico, de sentir, y de crear.

“Llegamos a la conclusión de que el observador y lo observado son parte de la misma realidad y que ésta solo existe en la medida en que nosotros, los observadores la creemos”.

Por supuesto esto conlleva una considerable cadena de concatenaciones y experiencias con otros seres humanos, para los que también tenemos responsabilidades, de las que posiblemente seguiremos hablando en otras ocasiones. Pero con demasiada frecuencia nos da demasiado miedo hacernos conscientes de que podemos cambiar nuestra realidad, pues eso necesita de un esfuerzo, de un trabajo interior, pero también de la necesidad de asumir responsabilidades, de tomar decisiones, y para eso se ve que aún estamos muy poco preparados.

Porque seguimos acurrucados en nuestro rinconcito del miedo, creyendo que allí al menos estamos seguros, que aunque ya sabemos que lo que nos rodea no nos gusta, de alguna manera lo controlamos porque lo conocemos. Y eso se mezcla con el apego y la idealización disfrazados de amor, que nos hace mantener relaciones perjudiciales, o que simplemente ya terminaron. Nos hace seguir viviendo situaciones que sólo nos aportan frustración e infelicidad, cuando en realidad es mucho más fácil de lo que nuestro miedo nos permite ver.

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Es esa estructura mental errónea que hemos ido cultivando a través de nuestra vida, la única que limita nuestra realidad, nuestra libertad, nuestra felicidad. Nadie, ni nosotros mismos hemos sido culpables de ello, nuestros sistemas de creencias, nuestras circunstancias como sociedad y cultura a través de los tiempos se han ido formando a través de los patrones que en cada momento les han ido sirviendo para sobrevivir, y eso no es malo, simplemente todos evolucionamos, y llega el momento en que lo que ha servido anteriormente, ya no nos sirve, pues hemos de seguir avanzando, y la única manera en que eso se puede llevar a cabo es desde dentro hacia fuera.

La responsabilidad aparece en el momento en que nos hacemos conscientes de la posibilidad que tenemos de cambiar la realidad, tanto la nuestra, como la del mundo que nos rodea, que podemos contribuir a crear un mundo más libre y justo, que somos capaces de dar amor de verdad, y vivir sin miedo, y hacerlo extensible a todo el que comparta la vida con nosotros en algún momento, esa es la realidad.

 

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La realidad que no queremos ver

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Abuso sexual infantil

Abuso sexual infantil

Dicen los grandes expertos es sociología que el abuso sexual infantil es tan antiguo como nuestra propia historia. Que desde nuestros mismos orígenes como especie han existido depredadores que han utilizado la fuerza y la seguridad de su posición social para dar rienda suelta a sus instintos más primarios. Y tristemente tenemos que reconocer que es absolutamente cierto, pero por lo visto aún no nos hemos avergonzado lo suficiente, pues muy lejos de haber erradicado totalmente esta mala costumbre en nuestra sociedad, seguimos consintiéndola, y en muchas más ocasiones de lo que nos gusta reconocer, seguimos mirando para otro lado.

Hemos creado leyes para proteger al menor, damos campañas anuales y continuadas de prevención, e incluso hemos asignado un día especial para conmemorar todo aquello que estamos haciendo por esos menores, pero seguimos permitiendo que los depredadores escapen a otras praderas para que sigan devorando a otras víctimas, pues lo que aún queda por cambiar son las leyes que castigan al verdugo.

Quiero dejar muy claro que ese verdugo depredador de víctimas inocentes NO es ningún enfermo, es sólo eso, un depredador al que sólo le importa satisfacer sus instintos, para lo cual no le importa en lo más mínimo el daño que pueda causar, la única empatía que guarda es para con él mismo y su propio instinto de supervivencia.

Como hemos dicho en otras ocasiones, existen distintos niveles de actuar desde el bien y desde el mal, y en este caso el depredador sexual está en el nivel más extremo de actuación del mal, y no siente ningún tipo de remordimiento por ello, de modo que su capacidad de reinserción y de que no vuelva a cometer otro abuso es inexistente.

También es importante dejar clara la diferencia entre pedófilo y pederasta, el primero aún no ha pasado a los hechos físicos, por el momento se ha contentado con la pornografía infantil, o la observación y vigilancia en secreto de algún menor, pero este es el primer paso, con un altísimo riesgo de llegar al segundo y definitivo paso, la agresión sucesiva a los menores.

Parece que nos da muchísimo miedo reconocer que nuestra sociedad no ha solucionado en absoluto este problema, pues una y otra vez, sectores muy concretos de nuestra sociedad, en lugar de dar la cara y reconocer que han acogido a estos depredadores entre sus filas, y con ello ayudarnos a todos a superar este gran problema social, prefieren ocultarlos, y cambiarlos de ubicación geográfica, creyendo que quizás con eso expían de alguna manera sus responsabilidades.

Mientras que no seamos capaces de perder el miedo a las consecuencias del reconocimiento de actos tan aberrantes para una sociedad supuestamente ética y moralmente evolucionada, seremos incapaces de llegar a esa evolución y seguiremos viviendo en el miedo continuo de los secretos a voces, de los no dichos, y de las frustraciones y las incomprensiones más profundas, que sólo pueden dar paso a toneladas y toneladas de más miedo.

Las estadísticas hablan por sí solas

Abuso sexual infantil

Seguimos en un tabú constante en ambas vertientes, una la de confesar ante la sociedad que hemos sido víctimas, la otra la de aceptar que individuos que muy frecuentemente son referentes para nuestra sociedad sean los depredadores más comunes.

Más de 200.000 niños desaparecen anualmente en Europa y nunca se vuelve a saber nada de ellos.

Un 25% de la totalidad de nuestros niños y adolescentes son violados.

El primer problema con el que nos encontramos es la falta de recursos adecuados para defender al menor, pues en muchas ocasiones es el menor quien tiene que cambiar por completo sus hábitos de vida y su entorno, pues el depredador o bien es miembro directo de su familia o forma parte de su entorno más cercano.

La prescripción de un delito como la pederastia es de veinte años desde que el menor supuestamente agredido cumple la mayoría de edad, que en España como todos sabemos se obtiene a los 18 años.

Y aunque cada día contamos con más medios, es tremendamente curioso, a la par que escalofriante, que un gran número nuestros jóvenes al ser encuestados, estén volviendo a justificar comportamientos como el maltrato y la violencia machista, el abuso sexual infantil, y conceptos arcaicos y sobradamente demostrados perniciosos para el individuo y la sociedad. Lo que no deja de dejarle a uno pensando, en dónde exactamente nos estaremos equivocando.

Abuso sexual infantil

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