Recordando la tarea que el editor de esta web hacía en pedrocheenlared.com, recopilando documentos relacionados con el pueblo de Pedroche, periódicamente publicaremos textos que hablen de Los Pedroches, esperando que resulte interesante.

En 1855, Pedro de Madrazo habla de Los Pedroches en el libro “Recuerdos y Bellezas de España. Córdoba” tal y como sigue:

“(…) Atravesamos ahora la gran cordillera y nos suspendemos, no lejos de la confluencia del Guadamatilla con el Zuja, sobre un llano donde descuella una poblacion que tiene al norte un cerro ceñido por un arroyo, y en él los restos de uno de los mas soberbios alcázares de la España del siglo XV. Es Belalcázar, nombre dado por el fundador de aquella insigne fortaleza D. Gutierre de Sotomayor, maestre de la orden de Alcántara, á quien hizo merced de la poblacion el rey D. Juan II. No habia en toda la tierra aledaña alcázar de mas estupenda estructura: mil varas de estension ocupa todavia su muro de canteria, el cual formaba un gran cuadrilátero fortalecido con veinticuatro cubos y defendido por un castillo con ocho torres y un foso de treinta piés de anchura. Erigida la villa en condado, el nieto del maestre lo gozaba espléndidamente establecido en su magnifico alcázar. Su madre Dª. Elvira de Zúñiga, temerosa de los estragos que suele causar en los jóvenes de alma mas generosa la vida de soldado, le retenia con frecuencia en Belalcázar aunque servia á los Reyes Católicos en su corte y en las guerras contra los moros, y el valeroso caballero se daba á la montería, ejercicio muy propio de la gente moza noble en aquellos tiempos. Volviendo un dia de una de sus cacerias, y habiéndose separado gran trecho de él sus criados persiguiendo una res herida, advirtió que le seguia muy de cerca un hombre alto amulatado. -Pasad adelante, ó quedaos atrás, dijole el conde, viéndole ya muy junto á su caballo. -Deseo tratar en secreto con su señoria, respondió el desconocido, cierto negocio de grande importancia. -Quedaos atrás, replicó el conde, y en llegando al castillo os oiré despacio. Picó al caballo, entró en su alcázar, y de allí á llegó al puente levadizo el hombre alto y moreno, á quien se permitió la entrada por haberlo ya prevenido el dueño. Pidió á este el misterioso aparecido hablarle sin testigos: el jóven caballero despidió sus criados presentes, y quedaron los dos solos. Habia sobre una dos velas encendidas, porque ya iba cerrando la noche: tendió el brazo el huésped y las apagó, y bastaron su rostro de ascua y sus ojos de azuladas llamas para dar luz al aposento. Lo que entre los dos pasó allí no se sabe: el efecto sí, y fué que el conde de Belalcázar D. Juan de Sotomayor, siendo mozo soltero y de aventajadas prendas, renunció su estado en su hermano D Gutierre, y dejando el mundo se religioso. Fué muy estremado en todas las virtudes, señaladamente en la humildad, pues la misma tierra que habia sido teatro de su alegre mocedad, le vió, siendo Fr. Juan de la Puebla, con el hábito de S. Francisco ejercitarse en los oficios mas bajos y penosos en servicio de los pobres y de los religiosos descalzos que estableció en la comarca. Fué el fundador de una provincia de las mas insignes de la orden, la cual teniendo por núcleo la ermita de Nuestra Señora de Angeles, creció antes de la muerte del conde santo tan rápidamente, que la Sierra por aquella parte se trasformó en un nuevo Carmelo (1).

El condado de Belalcázar con sus lugares, el marquesado de Santofmia (ó Sta. Eufemia) y las villas de Hinojosa y Torremilano, componen lo que en la España romana denominaban los escritores latinos regiones de los ossintigisis. Rasis llama á esta parte de la Sierra el llano de las bellotas, por estar muy poblada de encinares.

No lo está menos esa otra gran llanura elevada que se estiende á oriente entre el tronco principal de la Sierra y el ramal que limita por el norte la provincia. Ese dilatado valle formado por las montañas á una elevacion de mas de mil quinientos piés sobre el nivel del mar es el de los Pedroches, que comprende siete villas habitadas por pastores. Verás toda esa tierra, cuya riqueza mineral se esconde en muy profundos criaderos de diferentes metales y carbon de piedra, cubierta de dehesas, de encinares, chaparros, charnecas, brezos y mata prieta, poblada de rebaños y piaras, sin mas industria que el tejido de bayetas y la alfarería. Vista la atrevida torre de la iglesia parroquial de Pedroche que forma un gracioso obelisco de doscientos piés de altura con su segundo cuerpo circular, invencion caprichosa del célebre Hernan Ruiz el viejo, autor del insigne crucero de la catedral de Córdoba, pasemos adelante y cruzando el puerto Calatraveño (…)

(1) El castillo de Belalcázar es propiedad del duque de Osuna por la incorporacion del condado en la casa de Benavente. El hecho que acabamos de referir está sacado de la Historia m. s. de la ciudad de Córdoba atribuida á D. Andrés Morales que posee la Real Academia de la Historia. Tomo II, pág. 1474 y siguientes.”

 


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