Vivimos un tiempo de dudoso análisis para quienes entendemos que la sociedad ha de disponer de herramientas y paraguas para protegerse en su conjunto. En una sociedad anestesiada por la resignación y movida puntualmente por el interés, legítimo, pero interés de grupos o individuos, no se puede asumir con tanta frialdad que cuanto sucede es asunto de los demás. Resultando extraña sorpresa la asimilación de cuanto ocurre a nuestro alrededor, en principio, y en otras latitudes. Es necesario y urgente que se provoque una mayor ola de cambio o reforma no del sistema de estado, sino de todos los sistemas y mecanismos sociales, políticos y económicos que nos condicionan; siendo posible por ser los que nos hemos dado a través de las últimas décadas y nuestras leyes y normas de conducta y comportamiento. Ahora inmersos en una insólita paz social.

Pero la paz social no puede sucumbir a la presión económica social que imponen los poderes económicos, y si ha de permitir la reformulación de un Estado que a través del consenso legisle y articule la mejor expresión del contenido de la Constitución Española de 1978. Que produzca normas, aspiraciones y valores, claros, alcanzables, evaluables, revisables, de orden económico y social para otorgar a todos los sectores no solo derechos y obligaciones, también responsabilidad y confianza. Haciendo pedagogia del buen hacer, del esfuerzo personal y colectivo, de la honradez, del sacrificio, de la ambición controlada y necesaria como sociedad, del control del gasto, del valor y eficacia del mismo, de la educación como eje fundamental, de la solidaridad, de la igualdad y de la justicia social.

El corto plazo para los gobernantes no se debe convertir en aval para quienes aspiran a vulnerar normas y practican conductas irregulares. Necesitamos de inmediato consenso y medidas en distintas materias, para no ahondar en fricciones entre territorios, en tratamiento diferenciado a las personas en función de donde vivan, parar el tiempo político y ver el tiempo social, revisar resultados, ofreciendo alternativas nuevas y correcciones en todo cuanto sea necesario. Gobernar y legislar a impulsos y a requerimiento de grupos de poder o presión debe ser una asignatura a eliminar.

El equilibrio económico tiene que arrojar fiel en la balanza con la apuesta social, para hablar no solo de crecimiento económico, también de crecimiento social. Una sociedad como la nuestra que se hace llamar avanzada y en progreso no puede ni debe permitir que parte de sus componentes, de sus personas, vivan en la miseria, en la pobreza, en tanto se mantienen gastos y estructuras innecesarias, además de impuestos descompensados. Favorecer mejor regulación de los impuestos directos para amortiguar la carga de los impuestos indirectos. Todas las personas no tienen posibilidades iguales y así se recoge en el Art. 31 de la Constitución Española de 1978. Si fomentamos la sociedad del bienser estaremos cimentando la mayor estructura de la sociedad del bienestar.

Luciano Cabrera Gil