Perdonad que hoy me permita señalar la política para reivindicarla, sea como herramienta de la sociedad, sea como actividad personal, sea como necesidad colectiva o sea como maquinaria imprescindible, al menos desde mi experiencia y vocación personal.

No es, ni ha de ser, de interés general que se cultive el desprecio a la política, a cuanto la rodea y a cuantas personas la ejerzan, fundamentalmente porque constituye un pilar necesario sobre que levantar el edificio de una sociedad avanzada y organizada, una sociedad equilibrada social y administrativamente, porque su inexistencia derivaría hacia otras construcciones de sociedad donde con seguridad los grupos poderosos en todos los ámbitos encontrarían un hábitat favorable en detrimento de otros sectores de la población.

Los últimos años con abundancia de casos y conductas impropias, unidos a circunstancias y las coyunturas puntuales o temporales donde se evidencian lagunas, déficits y malos ejemplos, han de servir para evaluar las imperfecciones de la propia política, del sistema político y de las leyes y normas del que se dotan, pero de forma clara han de favorecer la adopción de cambios en las leyes , en las normas, en el comportamiento del sistema y sobre todo en la acción de quienes se dedican a la política, para mejorar el ejercicio de la misma.

La sociedad en su conjunto y por costumbre habitual tiende a acertar en sus decisiones, por ello hemos de entender que la misma en su condición de electorado marca y examina la acción de quienes gobiernan, de quienes ejercen la oposición, y de nuevas propuestas electorales.

Hemos de ser la clase política y los partidos políticos a los que representamos quienes con la máxima exigencia, el mayor de los decoros y la más alta transparencia asumamos que una sociedad adulta, formada, en pleno siglo XXI exige nuevas formas, y valorará en quienes nos dedicamos a esta noble tarea que seamos consecuentes y coherentes, y busquemos la relación más directa entre lo que pensamos y lo que decimos , entre lo que decimos y lo que hacemos, lo que prometemos y lo que cumplimos. No solo así, pero con estas cautelas será posible la vuelta a la consideración hacia la política.

No es suficiente manifestar entre contrarios políticos que “en política no todo vale“, se hace irrenunciable hablar y trabajar para las personas a las que nos debemos, empleamos demasiado tiempo en cálculos electorales y sondeos de intención de voto, y acaso menos del que debemos en formular propuestas de acciones y medidas que permitan una vida más digna al conjunto de la sociedad, especialmente menos difícil a muchas familias y personas con menos posibilidades en todos los frentes. Por todos y especialmente por estas familias merece la pena estar en política. Es con la política y sus decisiones con las que se puede ordenar y debe regular el orden económico y social.

Pero la acción política, de intervenir en un determinado ámbito geográfico, sea local, provincial, autonómico, estatal u otros, se fortalece día a día con hechos, con decisiones, con normas, ordenanzas, y con leyes o decretos cuando así se decide, y no genera valor si no viene acompañada de planteamientos nobles, de intenciones sanas, de objetivos claros , habiendo de estar dispuesto a canalizar y frenar el apetito o ímpetu de intereses de todo índole que alrededor de los gobernantes en ocasiones pueden producirse

Nada mas ejemplarizante a los demás que mostrar día a día, aún con la fortaleza que puede significar, el máximo respeto a todo y a todos, a quienes se manifiestan en contra, a quienes piensan o actúan en otra dirección y desde cualquier óptica, para recuperar la política como esa herramienta necesaria para cualquier sociedad actual.

Y la experiencia me lleva a expresar que quienes nos dedicamos a la política, con un carácter temporal, más corto o más dilatado, tenemos ocasiones para la equivocación, sea en manifestaciones o en actuaciones. No somos nada distinto al resto de la sociedad y sectores, con aciertos y errores. Entono, seguro de hacerlo en nombre de la inmensa mayoría de políticos, mis disculpas por mis errores ante cualquiera, mi propósito de mejora , y mi condición de aficionado a este menester desde la humildad, la sencillez y la responsabilidad; sabedor de que estamos sometidos a juicios permanentes y no siempre justos, por ser parte del precio pagado por esta dedicación.

Para finalizar permitidme expresar mi definición particular de la política: “La política es un buen vehículo si quien ha de conducirlo tiene claro el destino al que viajar y el itinerario que ha de seguir, de tal suerte que la política no es buen vehículo si quien lo conduce tiene un oscuro destino y no le importa qué recorrido realizar para ese fin“. Tan simple y tan complejo como trabajar para mejorar la vida de los demás.

Los pueblos y cualquier sociedad han de aspirar a una vida mejor, valorarse a sí mismos, respetándose en su conjunto y no renegando ni de sus raíces, ni de sus posibilidades, ni de los representantes a los que eligen por oportunos, a través de su voto, voto que es igual, libre, universal, directo y secreto. El valor de la política es el valor de las personas.

Luciano Cabrera Gil