Estos días estoy asistiendo a un cierto recrudecimiento de ciertos ataques hacia sentimientos de muchas personas y me han dado ganas de escribir una reflexión.

¿Dónde queda el respeto al prójimo? Veréis, hace un tiempo el mundo animalista se conmocionaba por la muerte del León Cecil. Las redes sociales se encargaron de darle cierto tono exagerado al tema y además se comenzó a generar un enfrentamiento entre cazadores y animalistas. Que si unos son asesinos, que si los otros hipócritas por defender animales… buff … imposible poner de acuerdo estas posturas, pero ¿dónde queda el respeto? ¿Hace falta atacar solo por buscar la reacción agresiva del otro? Es cierto que algunas personas debaten aportando ciertos datos y son respetuosas con sus opiniones, pero no es la mayoría.

Esta semana el Torero Francisco Rivera “Paquirri” sufría una cogida muy grave en Huesca y se han desatado de nuevo comentarios en las redes sociales que recrudecen de nuevo la lucha entre taurinos y antitaurinos. Un enfrentamiento que de siempre provoca una violencia desmedida. Hemos visto a unos desear la muerte de una persona y a otros ensañarse a patadas y puñetazos con dos activistas. Volvemos a lo mismo, imposible poner de acuerdo estas posturas, pero ¿dónde queda el respeto? ¿Hace falta atacar solo por buscar la reacción agresiva del otro? Es cierto que algunas personas debaten aportando ciertos datos y son respetuosas con sus opiniones, pero no es la mayoría.

El Fútbol Club Barcelona gana la Supercopa de Europa y es sabido que es un club que se ha posicionado a favor del autogobierno de Cataluña. ¡Toma cóctel explosivo! Las redes sociales se han llenado de nuevo de comentarios que han recrudecido la lucha entre nacionalistas catalanes y nacionalistas españoles (porque no hay que olvidar que nacionalistas lo son ambos). Una vez más toca decir ¿dónde queda el respeto? ¿Hace falta atacar solo por buscar la reacción agresiva del otro? Es cierto que algunas personas debaten aportando ciertos datos y son respetuosas con sus opiniones, pero no es la mayoría.

Hablo de sentimientos por encima de todo, algo que en la mayoría de los casos se mama en el seno familiar y que se convierte en tradición. No podemos atacarlo sin conocerlo de cerca, no podemos insultar livianamente solo por el hecho de que no nos cae bien y punto. Resulta curioso que en muchos casos, los mismos que defienden los Toros sean los que vapulean a insultos a los nacionalistas catalanes o que en ciertos comentarios de defensa a la Tauromaquia le pongan una respetuosa poesía pero luego se ensañen con un sentimiento que no va con ellos. Lo mismo al revés, he visto personas pedir libertad en el derecho de opinión por ser nacionalista, que después no le dan tregua alguna al taurino.

Hace falta educar a generaciones venideras a respetar a las personas, que todos tenemos puntos de vista distintos y todos somos diferentes. Si no lo hacemos así, convertiremos el ataque en un sentimiento arraigado que será difícil de contraponer, porque habremos creado una tradición más, la de atacar por no estar de acuerdo… ¿o esa ya la tenemos también?

Esta reflexión también puede estar sujeta a ataques por desacuerdo. No debemos creernos en posesión de la verdad absoluta y es probable que ni yo mismo tenga razón…

Peter Font.

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