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‘Empleo, por economía y dignidad’, por Luciano Cabrera Gil

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Luciano Cabrera Gil

Cuando de empleo y de desempleo se trata, acostumbramos a señalar a culpables o responsables a todos menos a quienes expresamos el comentario o mostramos nuestra opinión. Es cierto, todos no somos responsables en igual medida.

España, Andalucía, Córdoba, Los Pedroches y cada uno de los Municipios de nuestra Comarca acumulamos condiciones históricas difíciles de borrar. Cada territorio a través del tiempo ha “seleccionado de algún modo el volumen de habitantes” a los que dar cabida, cobijo, vida y sustento. Los Pedroches con unas duras circunstancias ha tenido a través de los tiempos una reducida población, que merced a su tesón, sacrificio y fortaleza, se ha enfrentado con una naturaleza y medios tan extremos como frágiles.

La influencia de la minería, entre otros sectores, especialmente agricultura y ganadería, en los siglos pasados permitió un escaso desarrollo industrial y productivo. Hoy la agricultura venida a menos, el sacrificio de la ganadería y los servicios son los motores de una actividad económica precaria.

Valgan las anteriores consideraciones para reivindicar un nuevo impulso para superar el derrotismo, para diluir demasiados análisis y reflexiones negativas, pasando a un nuevo tiempo, a un nuevo escenario donde actores somos todos, por lo que la obra ha de salir en su mejor versión.

En nuestra Comarca, mas de 7000 trabajadoras/es demandan empleo. Una cifra de vértigo. Ojalá las previsiones tan aireadas en los medios de comunicación sean tan efectivas y ciertas que pronto encuentren resultados en muchas personas, familiares, vecinos, amigos o conocidos que forman parte de “ese triste ejército”.

Dirigir la mirada para el empleo solo a las administraciones públicas o Ayuntamientos, siendo razonable, no ha de ser el único camino a emprender. Se hacen necesarias y urgentes nuevas formas de empleo, desde la creación de su propio empleo para parte de los Desempleados, hasta la implicación de las pequeñas empresas en la contratación de personal, y si ha de ser con ayudas transitorias y graduales y moduladas, que sea. Para ello se ha de revisar nuestro entorno, nuestras potenciales fuentes de empleo, nuestros recursos de todo tipo, incluidos los agrícolas medio-ambientales, turísticos, ganaderos, entre otros. Conseguir rentabilidad y resultados dignos para sostenimiento de las economías familiares es uno de los mayores y más nobles retos.

En referencia a la economía sumergida, cuestión poco abordable, quiero manifestar que el propio sistema condiciona y favorece que quienes son beneficiarios de prestaciones o subsidios varios hayan de buscar complemento a esa renta para hacer frente a los gastos indispensables de sus familias. En ocasiones se produce empleo sin que los trabajadores tengan cubiertos sus derechos. Consideración tengamos hacia ellos por lo que representa de cara al presente y de cara al futuro, por su falta de cotizaciones y generación de otros derechos; y en el otro lado Empresarios, pequeñas empresas que en muchas ocasiones debido a sus escasos resultados no alcanzan a cubrir de forma adecuada todas las obligaciones que las normas conllevan. Nada de disculpar las actitudes de unos o otros, solo evidenciar lo que por sabido tenemos, y a lo que me permito sugerir que con prestaciones económicas mayores se favorecería sobrevivir de forma digna, aunque entrañaran otro tipo de obligaciones, y que suavizando los costes a las empresas para la contratación de empleados trabajadores se abriría una vía de mayor ancho para que muchas personas trabajadoras discurrieran y encontraran no una prestación, no un subsidio, sino empleo, pues el trabajador se reivindica trabajando, y con su trabajo consigue parte de la dignidad que toda persona merece y necesita.

Si las ayudas a las Instituciones públicas para la contratación de Desempleados son herramientas transitorias y coyunturales, y las ayudas a las empresas o titulares de explotaciones son instrumentos de compensación, a mi entender procede revisarlas, unas y otras, condicionando su percepción a la generación de empleo, a la producción de nuevos recursos y resultados, priorizando el empleo estable o de máxima o larga duración, en las empresas, frente a las contrataciones laborales temporales de corta duración. Ayudas o subvenciones, si, pero con compromisos y obligaciones para las partes. Han de valer experiencias y acciones innovadoras, encontrando apoyo institucional cuando sea necesario.

A lo largo de muchos años he tenido ocasión de presenciar o participar en muchos foros sobre el empleo, sobre el desempleo para ser sincero; casi siempre he echado en falta en esos ámbitos a personas desempleadas, casi siempre Empleados hablando de Desempleados, hablando, de forma noble, por ellos y no con ellos y por ellos. He tenido la ocasión de escuchar que nuestras debilidades son comunes a las de las del mundo rural de muchas comarcas, de muchas comunidades y países. Y hoy creo que los avances de la tecnología y la comunicación deberían ser aprovechados como sociedad y su repercusión en todos los estamentos sociales de forma gradual e inversa a la generación de riqueza, para compensar a los sectores de la población más vulnerables y desfavorecidos; la naturaleza y los recursos han de servir a todos, y ha de hallarse la fórmula para que a nadie falte lo imprescindible para vivir dignamente.

Mientras tanto me sumo a quienes ponemos voz en contra de tanta injusticia, social, moral y económica . Menos dividendos para acrecentar fortunas y mas humanidad para dignificar personas . Tenemos motivos para el lamento y necesitamos motivos para ilusionarnos y poner lo mejor de cada persona en favor de soluciones para los problemas de los demás.

Necesitamos no solo creer en la mejoría de la economía, necesitamos verla y sentirla, que la sientan todas las familias, distanciarnos de la deformación de la realidad que nos ofrecen fechas y momentos señalados alrededor de un consumo que se pone en evidencia especialmente alrededor del sector servicios y en zonas localizadas de las ciudades . Esa no es la realidad de la situación general , por lo que tomarla como bandera de la recuperación es tan poco creíble como negar los signos y datos positivos cuando los resultados acompañen, que cierto es que todos deseamos.

Un sociedad avanzada, globalizada, donde los bienes y recursos se desplazan a velocidad desconocida hasta la pasada década, necesita evaluar el origen y los resultados, tanto como la relación directa entre producción, costes y repercusión sobre los territorios; en definitiva si la activación de la economía que se pregona y propone no es suficiente para tantas y tantas personas y familias necesitadas , pudiéramos estar en la antesala de la reformulación estructural del trabajo y acaso ante el comienzo de la valoración del posible reparto del trabajo como elemento equilibrador y vertebrador de la sociedad, que deseo no se esté avecinando.

De la exposición de ideas coincidentes , contrarias, complementarias o diametralmente opuestas pueden surgir hilos con que tejer la mejor vestimenta a la creación de empleo, para bien de todos los Desempleados, sin distinción, para no caer en la demagogia.

Luciano Cabrera Gil

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1 Comentario

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  1. Antonia

    19 Feb 2015 at 14:17

    Luciano Cabrera,o la honestidad y respeto hecho persona.
    Que pena que los partidos politicos,no recurran a su patrimonio humano,para sanear todas las cloacas establecidas.
    Tu,Luciano haces,que no se pueda generalizar.
    Gracias.

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‘La moral de las naranjas’, por Juan Ferrero

“Tomar una naranja del árbol no es moralmente ni bueno ni malo, depende”

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Naranjo, naranja

El pueblo es pequeño, pero tiene una plaza cuadrangular, amplia, rodeada en su interior por alegres naranjos, así como en todas las calles que a ella afluyen. Anualmente, el Ayuntamiento recolecta la dulce fruta y las invierte en algún objetivo municipal. Esta temporada, tras un referendo entre sus vecinos, se ha acordado por unanimidad, y así se ha recogido en un decreto de la Alcaldía, que el dinero conseguido con la venta de las naranjas irá a amortizar todo o parte de la colocación en el centro de la plaza de una fuente que la embellezca aún más.

El decreto se toma como ley y quien la incumpla será multado.

El hombre que atiende el quiosco de la plaza es persona honrada, de principios cívicos, y ve acertado el proyecto al que los vecinos se han comprometido.

Mas pasando el tiempo, observa que algunos vecinos, incumpliendo el compromiso contraído, van cogiendo naranjas para su beneficio particular.

La cogida de naranjas, poco a poco se va haciendo generalizada.

El hombre del quiosco comprueba, primero sorprendido y después indignado, cómo las naranjas van desapareciendo sin que ninguna autoridad haga algo para evitarlo. Es cierto que la policía municipal ha tomado algunos nombres para justificarse y enviado las correspondientes denuncias; pero luego el Alcalde no las tramita ni les da curso, porque cada vecino multado supondría la pérdida de votos de una familia en las próximas elecciones locales.

El quiosquero, sentado en el interior de su habitáculo, mira a la plaza y reflexiona:

Tomar una naranja del árbol no es moralmente ni bueno ni malo, depende de las circunstancias y las circunstancias son que de forma democrática y por unanimidad los vecinos se comprometieron a no coger naranjas para provecho propio y particular. El Alcalde este acuerdo lo hizo ley y la ley es necesario cumplirla y quien así no lo haga deberá recibir una sanción por el perjuicio producido a la colectividad.

Pero si los vecinos se sirven naranjas cada cual a su aire y el Alcalde no vigila ni sanciona, ¿cómo proceder?

Él es un hombre cumplidor de los acuerdos, que respeta la ley; una persona honrada, y aunque todos obren de modo contrario, tiene que mantenerse fiel a sus principios.

Sin embargo, por otra parte, ¿a quién perjudicaría si él también tomara algunas de las pocas naranjas que aún quedan…?

Pero no.

El quiosquero se entristece al constatar una vez más que en nuestra sociedad las personas decentes siempre salen perdiendo y los que no respetan nada y actúan saltándose las leyes y actuando de modo egoísta en beneficio propio con perjuicio para los demás, son lo que, a la larga, suelen quedar beneficiados.

Y ocurrió que el hombre del quiosco, honrado y cumplidor de las leyes democráticas se quedó sin naranjas y el pueblo se quedó sin fuente en la plaza.

Juan Ferrero

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‘Suben las gasolineras y baja el servicio’, por Juan Ferrero

“Los empleados, despedidos; los usuarios, haciendo gratis el trabajo de estos; y el empresario, tan complaciente”

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'Suben las gasolineras y baja el servicio', por Juan Ferrero

A veces, puede comprobarse lo fácil que le resulta a las clases dominantes conducir a la masa popular sin que esta proteste lo más mínimo.

Estamos quejándonos constantemente de la carestía de la vida por todas partes y luego llegamos a la gasolinera y le decimos a los empleados que sirven en los surtidores que se quiten de allí y se vayan al paro, que ese trabajo lo vamos a realizar nosotros de modo gratuito.

El asalariado, al que le habrán exigido al menos un cursillo o jornadas para que lleve en cuenta las más elementales normas a la hora de manipular sustancias inflamables y, por lo tanto, peligrosas, se marchará a engrosar la lista del paro, mientras nosotros nos bajamos del vehículo y, “generosamente”, tomamos el surtidor sin tener en cuenta los perjuicios que eso puede acarrearnos. Unas manchas en la indumentaria, por ejemplo, inutilizarían nuestras prendas de vestir. ¿Y quién pagaría eso?  En ocasiones, ni el dinero solucionaría el problema, como el caso en que las circunstancias y el tiempo, en pleno viaje, no permitiera el cambio de indumentaria; por no citar descuidos propios o con elementos y personas de acompañamiento o ajenas que se hallen junto a los mismos surtidores.

Resumiendo: los empleados, despedidos; los usuarios, haciendo gratis el trabajo de estos; y el empresario, tan complaciente. Porque, que nos conste, ni sindicatos, ni partidos, ni Ministerio de Consumo, ni el público en general dicen o hacen algo al respecto.

En  la vida cotidiana pueden darse abusos frente a los cuales poco puede hacer el individuo solo. Pero no es este el caso porque, por fortuna, aún existen gasolineras atendidas por sus empleados, y yo, mientras  sea posible, únicamente acudiré a estas (subrayo lo de “sea posible” ya que tampoco es caso de quedarse en la carretera sin carburante por no pararse en la gasolinera de autoservicio). Pero una cosa no quita la otra; todo es cuestión de prever y calcular.

Juan Ferrero

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‘Nuevos bandoleros de caminos’, por Juan Ferrero

“Los actuales bandoleros van al camino y se quedan con el mismo camino”. Juan Ferrero nos da su opinión

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camino

La palabra bandolero la relacionamos enseguida con otras como camino y diligencia, asociadas a la época romántica del siglo XVIII y XIX.

Modernamente han aparecido otro tipo de bandoleros de caminos, pero en estos se da un aspecto nuevo. Los bandoleros antiguos iban a un camino y se quedaban con lo que pasaba por él; pero los nuevos bandoleros no, los actuales bandoleros van al camino y se quedan con el mismo camino. Y otra diferencia: los gobernantes de la época mandaban perseguir a los bandoleros, pero a los nuevos bandoleros no los persigue nadie.

Ya, cuando los propietarios de fincas construyeron los típicos cercados de piedra, muchos de ellos no respetaron las anchuras que por ley correspondía a los distintos tipos de caminos públicos, quedando estos mermados en su viabilidad.

Desde hace algunas décadas, ha surgido un ansia generalizada, por parte de ciertos propietarios, de cortar y apoderarse de todo camino público colindante con sus fincas; o también, de juntar con su terreno cualquier ensanche o abrevadero de camino. Los hay que sin ser propietarios, se adueñan e instalan con descaro en aquellos espacios sobrantes después de que Obras Públicas rectifique un camino o carretera.

En general, ni los gobernantes de turno en el Estado, en las Comunidades, Diputaciones o Ayuntamientos toman iniciativa alguna para hacer que los nuevos bandoleros devuelvan lo robado. Es más, en ocasiones, cuando algún grupo de ciudadanos se ha presentado en uno de estos caminos a reivindicar su apertura, con la cartografía oficial correspondiente que certificaba su *titularidad pública, alguien ha echado a los agentes de la Guardia Civil sobre ellos, pidiendo carnet y exigiendo su disolución. (Y lo que escribo lo he vivido directamente junto con otras personas).

Como excepción, algún municipio ha firmado convenio con la Junta  para catalogar sus caminos municipales, pero sólo conozco un pueblo en la comarca (Cardeña) donde su alcaldesa, Cati Barragán, obligó a los propietarios a abrir y devolver aquellos caminos públicos que habían cortado.

Pero en fin, no nos escandalicemos. Si es verdad lo que mantienen las nuevas corriente, es decir, que lo moralmente bueno es aquello que así lo decide la mayoría, robar un camino o parte de él no es inmoral, porque la mayoría de la población no protesta, se calla; y ya se sabe que quien calla otorga.

Así pues, por decisión de esa mayoría de ciudadanos, robar un camino es una acción buena, correcta desde el punto de vista de la moral. De este modo, se comprende la postura o actitud de los gobernantes ante los nuevos bandoleros de caminos.

Lo que ocurre es que esta actitud de los gobernantes no encaja con las declaraciones que luego se hacen, prometiendo trabajar por la promoción del turismo rural y contra la España vaciada.

Juan Ferrero

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