Reproducimos un escrito que el jarote Juan Ocaña escribió en 1960 en “El Cronista del Valle” que llevaba de título “Hacia una mejor unión”.

“Todos conocemos el origen de las villas de los Pedroches. Ninguno de sus pobladores ignora las circunstancias de sus fundaciones, aunque solo sea de manera empírica, y sería raro encontrar quien de ello no haya leído o tenido noticia de aquellos párrafos, que en 1660 escribiera el Rvdo. P. Fray Andrés de Guadalupe, de la Orden franciscana, en su obra «Historia de la Santa Provincia de los Ángeles», en la cual manifiesta que «dichas seis villas pidieron a Pedroche les diese y asignase tierras propios de cuyos frutos pudieran remediarse, y así se hizo, pues Pedroche dio y asignó a cada una ciertas dehesas a propios que hoy poseen, quedándose Pedroche con otros propios y tierras en particular que hoy goza. Y de esta manera Pedroche como buen padre, repartió sus bienes con dichos sus hijos y en pacífica posesión los goza cada villa. Sucedióle a Pedroche lo que ordinariamente sucede a un padre bueno y rico, el cual por sus muchos años pierde las fuerzas corporales y se queda necesitado y pobre por haber puesto en estado o casado a sus seis hijos repartiendo con ellos sus bienes y haciendas».

Aunque la realidad no fuese tan poética como nos la pinta el fraile, no por eso debe dejarse de reconocer el rasgo de Pedroche al acceder sin oposición seria, a esas peticiones y despojarse de su casi total riqueza, sabiendo darla y repartirla entre sus hijos o hermanos. Y no es menos elocuente el que en el trascurso de los tiempos ni una sola vez sintiesen sus moradores el arrepentimiento de aquella noble acción y tratasen de disputar a las villas lo que les fue asignado. El pueblo matriz pareció siempre satisfecho y orgulloso de su conducta, y acaso este ejemplo de altruismo, tan poco frecuente en colectividades e individualismos, influyó de manera poderosa para inculcar la armonía y el amor entre todas sus villas.

Bien claro lo pregonan la tranquilidad, nunca alterada, durante infinidad de años, teniendo sus términos comunes; y cuando fue preciso hacer el deslinde de ellos se llevó a cabo con la complacencia de todos y con tropiezos de ínfima importancia. Entre estas villas siempre ha reinado la mejor concordia y amistad. Los hechos demostradores de un puro afecto común se suceden a través del tiempo y no creemos preciso reseñar algunos, porque están en el conocimiento de estos vecinos.

Y ese amor, esa comprensión, puede decirse que se extiende con igual o parecida forma a todos los pueblos enclavados en este bendito Valle de los Pedroches, y pasa desapercibido, aun para nosotros mismos, ese afecto y comprensión que nos fue legado por los antepasados como hábito, por lo que constituye algo integrante de nuestra manera de ser y obrar.

Pero es necesario sostenerlo, avivarlo y dirigirlo en bien de todos y consideramos que el momento presente es propicio para ello. ¿Como?

No corresponde a este modesto articulista el señalar la pauta para ello. Personas capacitadas, en todos sentidos, existen en el Valle que pueden dirigirlo y llevarlo a feliz logro, pero para mejor aclarar nuestra idea nos atrevemos a señalar, como indicio para ello, la celebración de un acto de amor y hermandad colocando solemnemente en las Salas Capitulares del pueblo matriz, Pedroche, una lápida en la cual se patentice el afecto, cariño y agradecimiento a la villa que fue madre de nuestras viviendas y riquezas.

A este acto que debiera revestir inusitada brillantez, deberían asistir numerosas comisiones de los pueblos del Valle y aquella asamblea de hermanos, presidida por el cariño no enturbiado en el correr de los siglos, pudiera servir de base para soluciones de problemas de vital irnportancia para la comarca.

Haciendo extensivas estas visitas de hermandad franca y desinteresada a los demás pueblos, reconociendo en ellas su valer e importancia, pudiera llegar a tenerse una visión más clara de esta región natural, de sus problemas, necesidades y aspiraciones al propio tiempo que el amor y el afecto de unas villas a otras se haría más patente y contribuiría a una unión definitiva en el hacer de sus aspiraciones, evitando que éstas anden sue Itas y sin un apoyo fuerte y bien dirigido.

Al lanzar la idea nos dirigimos a todos, autoridades, prensa, entidades, a los pueblos en general, y muy particularmente a Pozoblanco e Hinojosa, entre otras cosas por la calidad de cabezas de Partido; pero fuera o no aceptada esta empresa, queremos hacer constar que a ello nos ha inducido un impulso de amor y admiración hacia este laborioso y modesto rincón de la provincia cordobesa, en el deseo de hacerlo resaltar y de que sea conocido algún día y admirado por los que hoy lo ignoran o no aprecian en su verdadero valer la hombría, la honradez y laboriosidad de estos moradores.”

JUAN OCAÑA


Justo es decir que en los actos de homenaje a Fray Juan de los Barrios en 1969, algo de lo que pedía Juan Ocaña hubo: