Surgió a mediados de los años setenta, como un punto de encuentro de las gentes de Los Pedroches, tanto de los que residían en Córdoba como de los que se desplazaban de forma esporádica a la capital de la provincia. Eran otros tiempos, las comunicaciones entre la comarca y la metrópoli suponían un auténtico calvario (se tardaba más de dos horas en llegar desde el punto más cercano), por lo que los emigrados no volvían a sus pueblos de origen las veces que lo deseaban sino muy de tarde en tarde. La añoranza de su tierra hizo que se creara la Casa del Valle de los Pedroches en Córdoba, cuyos fundadores eran personas dedicadas en su mayor parte a profesiones liberales. Antonio Muñoz Carrasco y Joaquín Blasco fueron de los que más lucharon para echar a andar esta asociación.

En su sede de Ronda de los Tejares, entre fotos de los pueblos de la comarca, se reunían los pedrocheños de forma regular, especialmente en festividades tan señaladas como la virgen de Luna o los Piostros. También servía ese local como sitio de descanso y donde comerse la merienda a aquellos que viajaban hasta Córdoba por motivos casi siempre de médicos.

Tras sus años de esplendor, la mejora de las carreteras hizo que las idas y venidas desde la capital a los pueblos fueran más frecuentes y de forma paralela se fue apagando la luz de la Casa y a punto estuvo de desaparecer a principios de los años noventa. Era necesario renovarse, adaptarse a los nuevos tiempos y a las nuevas gentes e incluso perdió su sede. Entonces surge la figura de un noriego, Juan Emilio García López, un médico jubilado y progresista, que saca a la entidad de sus cenizas y logra hacerle un hueco en la sociedad cordobesa.

Siempre con Los Pedroches como argumento esta asociación actúa hoy día como una especie de embajada cultural y antropológica de la comarca en Córdoba. Sus Encuentros en la Diputación ya se han hecho un hueco en la agenda de la capital, lo mismo que sus actividades en la Feria para dar a conocer a los pueblos del Valle.

Pero me da la sensación de que la Casa del Valle no se siente reconocida por los Ayuntamientos de Los Pedroches, que no colaboran en la misma medida con la labor de la asociación. Vamos, que el cariño no es mutuo.

Francisco Sicilia Regalón