Con motivo de la romería de la Divina Pastora, en Villaralto, tiene lugar un peculiar concurso de carrozas, entre las que acompañan a la Virgen al paraje Guadamatilla.

La carroza de la Virgen ha sido la siguiente:

DivinaPastora

Y las premiadas han sido las siguientes:

DivinaPastora1
primer premio

DivinaPastora2
segundo premio

DivinaPastora3
tercer premio

DivinaPastora4
cuarto premio

DivinaPastora5
quinto premio

DivinaPastora6
sexto premio

Sobre la historia de esta tradición:

Con la llegada de la imagen de la Divina Pastora a Villaralto por los años de 1943-1946 de manos de los frailes capuchinos Pedro Mª de Málaga y Eusebio de Rebollar, se comenzó a dar culto con su novena y procesión. Una imagen que gusto mucho por su belleza y fue venerada como protección a los pastores, especialmente en un pueblo como Villaralto que ha sido históricamente un pueblo de pastores.

En los años 60, con la ayuda del sacerdote, que por aquel entonces estaba en el pueblo, y los feligreses, se llevaba a un paraje cercano, al río Molinillo, donde se celebraba la romería; subida en un carro y ataviada con flores silvestres, acompañada de niños/as vestidos de pastorcillos donde se le rezaba el rosario y se entonaba la salve. Como un día de campo, al caer la noche se regresaba al pueblo. Alrededor de 1973, es cuando la Divina Pastora se verá acompañada por dos carrozas, que más adelante irá aumentando el número de éstas.

La Hermandad de la Divina Pastora se organiza en los años 80, nombrándose un Hermano Mayor. Es en este momento cuando la Romería comienza casi como la conocemos hoy en día. Así se viene celebrando desde entonces en el río Guadamatilla, llegando a ser una de las romerías más populares de Los Pedroches.

La carroza de la Virgen es acompañada por los peregrinos y caballistas hasta el río donde es recibida con un misa rociera cantada por el coro de la parroquia.

De regreso al pueblo, cuando el sol comienza a esconderse, parte la Virgen nuevamente acompañada de caballistas y romeros, para ser recibida ya caída la noche, a la luz de antorchas y fuegos de artificio. La música la ponen la banda de tambores y cornetas del pueblo hasta su entrada en el templo, donde es vitoreada y llevada en volandas por los jóvenes hasta el altar, culminando cada año con un solemne besamanos y la salve.