El último EGOPA (Estudio General de Opinión Pública de Andalucía) revelaba un dato que se ha ido cosechando de forma constante en las encuestas de opinión, y no es otro que el posicionamiento en la clase media de la gran mayoría de los ciudadanos andaluces o españoles. En particular, en clase media se autoubicaba el 93% de los encuestados, (tan solo un 25,6% en media-baja) y un 5,% respondían a la pregunta con la opción de clase baja.

Si los últimos estudios económicos colocan la clase media por debajo del 50% de los ciudadanos en España, ¿qué clase socioeconómica es el 43% restante que se considera clase media?

Para contestar esta pregunta, quizás haya que retrotraerse a un pasado relativamente lejano. Hace más de 150 años, se dio en Europa la llamada “Revolución Industrial”, y muy a grandes rasgos, esto propició partedel movimiento obrero, que no era más que un movimiento político en el que los trabajadores se asociaban con el fin de ver mejorar sus precarias situaciones laborales. Esta asociación llevó a una confraternización de clase, apoyada en la teoría marxista de la dicotomía entre proletariado y burguesía.

La asociación de los trabajadores los hacía fuertes, unidos como clase/masa proletaria se vivieron la consecución de los derechos más importantes en materia de condiciones de trabajo, y evidentemente, a los grandes capitales unos sindicatos fuertes y una masa de obreros conscientes de su clase social no les era “muy preciada”.

De ahí, se comenzó en una campaña positiva hacia lo que llamamos clase media, que no era otra que hacer ver al trabajador que podía progresar en su nivel de acomodamiento, pero no como clase, sino como individuo.

Al mismo tiempo, se ligó la clase proletaria a la clase obrera, y a la clase obrera con la clase baja, y a la clase baja con la clase marginal.

Un claro ejemplo de este proceso es el destacado por Owen Jones, escritor del libro “Chavs”, calificativo despectivo que se utiliza sobre las personas de clases bajas y que en nuestro país podíamos extrapolar a “Cani” o “Choni”. Y estos calificativos despectivos no sólo vienen por las clases “burguesas” o “acomodadas” sino que hay un crecimiento en  hijos de trabajadores que acceden a unos estudios superiores o pequeñas empresas, los cuales crean un cierto desprecio por las raíces de las cuales han venido. Esta tendencia, busca caricaturizar a la clase baja como personas vagas, incultas o incluso delincuentes. Ahora ya nadie quiere ser proletario, porque no quiere ser “marginal”.

Ahora sí les planteo una cuestión, desde que nos consideramos el 90% de los ciudadanos clase media, ¿hemos conseguido más derechos sociales y laborales o menos?

Joaquín Toril Cerro
Licenciado en Ciencias Políticas y de la Administración y Máster en Técnicas Cuantitativas en Gestión Empresarial