Estos días que tanto dan que pensar, han venido a mi cabeza recuerdos de infancia. Uno de ellos de manera insistente.

Me veía delante de mi madre pidiéndole algo que no podía darme en ese momento. Y ante mi insistencia siempre me respondía: “¿Y qué hago, lo pinto?”.

Este pensamiento me venía ante la queja de la falta de material de protección que se está sufriendo en todo el mundo para combatir la pandemia. E inmediatamente me venía otro recuerdo, el de aquel libro releído hasta la saciedad, por falta de otros, en el que había una buena solución.

El libro es “Historias de Ninguno“, de Pilar Mateos. Trata sobre la amistad y el refuerzo de la personalidad, pero lo que a mi mente infantil se le quedó grabado fue que a Ninguno le regalaron una caja de pinturas, viejas y sin punta, pero que cada vez que dibujaba con ellas, lo dibujado cobraba vida.

¡Qué bien le vendrían unas cajas de esas pinturas al Gobierno!, ¡a todos los gobiernos! Así, podrían dibujar mascarillas, guantes, EPIs, respiradores, … y no haría falta luchar como chacales para conseguirlos.

Podríamos decir que existen esas cajas de pinturas mágicas y que son las impresoras 3D. Y que están en manos de gente buena, anónima, costureras que dibujan mascarillas y batas, aunque no utilicen muchos colores.

Están en manos de vecinos que ahora se conocen por sus nombres, y antes solo de vista. Y de niños que inundan los balcones de arcoiris.

Pero, que pena que nuestro Gobierno, todos los gobiernos, no tengan una. Porque podrían estar dibujando fármacos y vacunas para terminar con este sufrimiento.

Soy optimista, y creo que lo utilizarían antes para esto, que para dibujar dinero.

Y tú, ¿qué dibujarías?

Un confinado.