A raíz de lo publicado por Joaquín Chamero el 6 de marzo por el fallecimiento de Fernando Serena de Medina [ver aquí], Emilio Martínez Sánchez desea puntualizar algunas cuestiones con el artículo “Antonio Cortés Medina, ‘el Capitán’ y Josip Broz, Mariscal ‘Tito’“.

Antonio Cortés Medina era de Belalcázar. Comienza así:

“Como quiera que el asunto que voy a tratar afecta a una persona de mi familia, muy querida y admirada por mí por su extremada honradez, aunque como humano tuviera sus errores, y cuyo recuerdo me aflige por su injusta y trágica vida, no quiero que en su entorno se creen leyendas espurias que desvirtúen su auténtica biografía. Estas líneas que adelanto en cursiva, son repetición del punto final de este artículo.

Suele afirmarse, no sin cierta ligereza, la necesidad de bucear en las leyendas para encontrar la verdad de la historia. Yo prefiero quedarme con los hechos confirmados, a ser posible documentalmente, y pasar, a veces con pena, pero pasar del dijo que dijeron y de las concesiones cariñosas que no han atravesado el tamiz de la crítica histórica.
Mi deseo es que la leyenda no desdibuje la trágica y bien documentada historia del hombre que en su magisterio me enseñó a tener confianza en mí mismo: Cuando en mi aprendizaje “pasé a tinta”, ¡qué importante era aquello!, me dijo que escribir en pizarra o a lápiz, lo hace cualquiera porque se puede rectificar mil veces; sin embargo, hacerlo a tinta y sin borrones era manifestarse confiadamente; suponía el primer signo de maduración intelectual. Tardé años en entender el significado de sus palabras.
¡Que no mezclen en leyendas al hombre que, siendo un hombre, vi llorar como si fuera un niño!

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