Pedro López de Ayala (1332 – 1407) escribió “Libro de la caza de las aves”, donde trató de recoger todo el conocimiento práctico que había acumulado acerca del arte de la cetrería.

Un capítulo lo dedica a los gavilanes, donde destacamos la siguiente frase:

“En España los mejores gavilanes, que yo sepa, y mayores y de mejor esfuerzo son los que crían en el Pedroche”


Capítulo XLII – De los gavilanes

Los gavilanes son aves de caza muy lindas, gentiles y de gran esfuerzo; en todas sus costumbres y proporciones parecen ser azores pequeños de Noruega, porque así como ellos tienen el plumaje y la pinta.

Los gavilanes se crían en muchas partes. Crían en los árboles y se dice que los crían en espino son más rubios que otros, pero esto no les viene del espino. Ocurre que todos los gavilanes rubios prefieren las grandes presas, por ello crían en árboles bajos, para llevar a los hijos más ligeramente la presa que toman; el espino es árbol bajo y espeso, por eso crían allí. Los gavilanes que crían en los valles de las montañas son mejores que los que crían en lo alto; todo esto es así por la razón que dijimos.

En España los mejores gavilanes, que yo sepa, y mayores y de mejor esfuerzo son los que crían en el Pedroche, que es en término de Córdoba. Son también buenos los gavilanes que se crían en Ibor, que está en términos de Guadalupe y Trujillo. De esto gavilanes, y de todos los otros son los mejores los que se toman rameros, que son criados más libremente por el padre y la madre. Oí decir que Ruy Páez de Biezma, un gran caballero de Galicia, viniendo de la guerra de los moros, y yendo para su tierra, pasó en el tiempo de los gavilanes nuevos, por el Pedroche, e hizo llevar de allí veinte gavilanes nuevos, primas y torzuelos, en sus alcahaces, y cuando llegó a su tierra hízolos echar en un monte suyo, y dicen que desde entonces acá hay allí, en aquella tierra y comarca, muy buenos gavilanes, mejores que primero había.

Los gavilanes quieren ser bien traídos y bien gobernados de buenas viandas, y requeridos solamente de agua; debe desplumar a menudo, y tener buena alcándara y buena casa sin humo, porque si humo o sereno les da, luego son perdidos. Toman presas muy buenas con que toma el hombre placer, como los perdigones en verano; después, en los meses de agosto y septiembre, las codornices, y en el invierno las cercetas con tambor, la picaza y la cigoñuela, y otras presas por todo el año.

Son aves que no pueden sufrir purgas, porque son muy delicadas, y, por tanto, su alimento para traerlos sanos es buena vianda y no darle grande papos, sino pocos y a menudo.

Son aves que, con el gran valor que tienen, toman algunas veces grandes presas, como cazar ánade y cuerva, trabar del milano y tomar el alcaraván; por ello los llaman en latín nisus, que quiere decir esforzado, y en Francia y en otras partes lo llaman esparvel. Son los gavilanes más privilegiados que ninguna otra ave de caza, pues cualquier mercader que lleve halcones a vender pagará portazgo, mas si llevare un gavilán con ellos es franco; yo lo vi en Cañete, un lugar ribera del mar, que es del Vizconde de Illa, en el reino de Aragón. Vi llegar una barca que venía de Provenza, y venían diecisiete mercaderes que traían sacres de Romaña y Alemania, halcones boraís provenzales -ochenta piezas- y traían un gavilán con ellos y cuando llegaron al puerto murióseles el gavilán, y no llevaron de allí los halcones hasta que uno fue a Perpiñán, dio un halcón provenzal a un caballero, tomo de él un gavilán y tornó para allí, llevándose entonces sus halcones porque iban ya seguros de no pagar portadas.

Si en invierno lo quisieres pasar, dale buena casa caliente, piernas de gallina, pajarillos, hártalo de sol, guárdalo de viento, de sereno y de humo; dale buena alcándara; ponle un paño de color bajo los pies, o un pellejo de liebre. No le des más carne que la que tiene pluma.

En todas sus proporciones procura que sea el gavilán enano y de buena carne, de buen rostro y buenas ventanas, gran mano y dedos largos. Los gavilanes rubios son más ardidos. No te pagues de gavilán que sea estrecho de hombros ni zancudo -de luengas piernas-. Dale buena pihuela, blanca y delicada, cascabeles pequeños de buen sonar, y si fuere zahareño, hay algunos que le ponen capirote, y anda más guardado, por lo cual tiene más recio el cuerpo y las piernas, ya que le impide abatir.