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‘La pérdida de La Salchi y la Historia sobrevalorada’, por Juan Bautista Carpio

Juan Bautista Carpio Dueñas nos deja su opinión sobre la decisión del Ayuntamiento de Pozoblanco de ceder durante 30 años La Salchi a la Junta de Andalucía para establecer allí la Oficina Comarcal Agraria

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La Salchi

Hace tiempo, no supe bien qué responder cuando alguien me dijo que la Historia estaba sobrevalorada. La verdad es que me hizo pensar. ¡No tomes el nombre de la Historia en vano! tendría que haberle contestado. Porque estamos demasiado acostumbrados a un uso ramplón, simple y vano del adjetivo “histórico”. Una victoria histórica del Madrid, o del Barcelona, o del Betis… en el partido del siglo. Mucha historia para poco contenido, para poca verdad. Si calificamos de “histórica” una noticia que apenas sobrevivirá un par de días en los medios (y eso, gracias a las constantes repeticiones en el Canal 24 Horas), quizá el problema no es de sobrevaloración. Quizá el problema sea que nos hemos habituado a tomar el nombre de la Historia en vano.

Sin embargo, no es este el caso. No es vano el empeño del alcalde de Pozoblanco, Santiago Cabello (PP) en calificar de “paso histórico” la cesión de uso por 30 años de un edificio emblemático como La Salchi a la Junta de Andalucía, para instalar allí la administración de la Oficina Comarcal Agraria. ¿No hay otro solar, otro edificio, que ceder a la Junta con este fin? ¿No hay otro uso mejor para el que es uno de los escasos ejemplos de Patrimonio Arquitectónico de valor en Pozoblanco que el de parcelarlo para instalar simples oficinas administrativas? Claro que lo hay. Por ejemplo, las características del edificio lo convierten en el lugar ideal para esa gran casa de la cultura que sería el proyectado Centro de Patrimonio Histórico de Pozoblanco, que en su día llevaron en programa electoral todos los grupos políticos que aspiraban a la alcaldía de Pozoblanco.

Pero no es eso lo que quiere el actual equipo de gobierno del Ayuntamiento de Pozoblanco, sino lo contrario: llenar de sal el campo de batalla que para ellos es la cultura, para conseguir así que nada crezca. Porque un pueblo más culto es un pueblo que piensa, que razona, que critica. Y eso no les gusta a algunos. Por eso es importante que, a falta de ideas, a falta de proyectos, se ceda un edificio municipal emblemático y con múltiples posibilidades de convertirse en equipamiento cultural y social para que otra Administración haga lo que quiera con él. Siempre que no tenga nada que ver con la cultura. En tres días, con nocturnidad, con alevosía, sin dar tiempo a una movilización que saben que de otra forma estallaría.

Por eso es muy importante que reaccionemos, y que lo hagamos ya. Que les hagamos saber que no queremos que vendan ni que regalen una parte importante de nuestro Patrimonio Histórico. Que no queremos que nos roben el sueño de contar con un nuevo equipamiento cultural necesario para Pozoblanco. Hace años, desde una única asociación, Piedra y Cal, se consiguió mantener en pie una modesta caseta de tren, y eso nos permite hoy disfrutarla pero, sobre todo, soñar con las posibilidades futuras que nos ofrece. Hoy le toca a La Salchi. Y todos tenemos que implicarnos, para detener lo que sería un verdadero “hecho histórico”: acabar con las posibilidades de desarrollo que nos ofrece un elemento emblemático de nuestro Patrimonio Histórico. Tenemos que reaccionar  para que no hipotequen nuestro futuro. Para que no sigan atacando nuestra cultura. Para que no nos quiten La Salchi.

Juan Bautista Carpio Dueñas. Doctor en Historia.

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2 Comentarios

1 Comentario

  1. Jacinta Rojas Alcaide

    8 Abr 2021 at 17:38

    Una pena que este hombre no haya sido concejal de cultura de Pozoblanco para haber dotado de presupuesto y haber hecho realidad un proyecto tan importante como el Centro de Patrimonio Histórico…

  2. Rufino Sanchez Gutierrez

    8 Abr 2021 at 22:13

    me sigue preocupando muchos de estos comentarios y que los veo muy bien razonados pero en este caso en concreto no comprendo que un complejo que ha estado muchisimo tiempo sin actividad,cuando se quiera darle una se diga que otra es mejor y no se propusiera mucho antes cuando no habia nada SALUDOS

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‘Caminata a la lucha y la reivindicación’, por Francisco Carrillo

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'Caminata a la lucha y la reivindicación', por Francisco Carrillo

Caminante, no hay camino, se hace camino al andar (Antonio Machado)

Aunque ya lleva un corto camino recorrido, el jueves noche, en claro acuerdo con la luna llena, la plataforma “Unidos por el Agua” escenificó su primer acto tras su legal constitución. Al atardecer de El Viso, aunando el sol poniente y la luna naciente, se congregaron un par cumplido de cientos de personas de toda edad, condición y procedencia en extramuros para una caminata. La aspiración era clara y sencilla: dar visibilidad a la plataforma, hacer ejercicio sano, comer un bocadillo en comunión reivindicativa y disfrutar de nuestro cielo con una luna espectacular.

Y el destino de ella, como todas las cosas importantes de la vida, sin nombrarlo, era la razón de nuestra procesión de zapatilla y mochila. Su nombre reverbera, una y otra vez, en las conversaciones de Los Pedroches y, supongo, el Guadiato: La Colada. El pantano olvidado, rescatado de ese pozo para intentar convertirlo en lugar emblemático de disfrute de la naturaleza y al que la realidad, que todos conocíamos y nadie quería reconocer, lo empujó a la sima del oprobio público: su agua está contaminada, incompatible en parte con la vida.

Pero aún así, anoche a su vera, en una orilla oscura como nuestro futuro, aún así, esa agua está salvando al norte de la provincia. Y de alguna forma a sus representantes, pues si la suerte de la Colada hubiera sido la misma que Sierra Boyera, se podría asegurar que los centenares de anoche serían miles muy cumplidos. Quizá coléricos. Quizá envalentonados con el arrojo del que nada más tiene para perder.

Ayer salía la noticia de que Andalucía aún tiene 4500 millones de euros de fondos europeos sin ejecutar. Si esto es así, se me ocurre de primeras un par de actuaciones imprescindibles, urgentes y justas en los Pedroches y Guadiato. Tenemos una ruina encima y, aunque el dinero no la pueda reparar en su totalidad, si puede ayudar a que sea, al menos, soportable.

Hago desde aquí un ruego a todos nuestros representantes políticos para reunirse ya, armarse de buena voluntad y hacer, de una buena vez, algo por una tierra secularmente olvidada y castigada.

Por favor.

Francisco Carrillo Regalón

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‘La moral de las naranjas’, por Juan Ferrero

“Tomar una naranja del árbol no es moralmente ni bueno ni malo, depende”

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Naranjo, naranja

El pueblo es pequeño, pero tiene una plaza cuadrangular, amplia, rodeada en su interior por alegres naranjos, así como en todas las calles que a ella afluyen. Anualmente, el Ayuntamiento recolecta la dulce fruta y las invierte en algún objetivo municipal. Esta temporada, tras un referendo entre sus vecinos, se ha acordado por unanimidad, y así se ha recogido en un decreto de la Alcaldía, que el dinero conseguido con la venta de las naranjas irá a amortizar todo o parte de la colocación en el centro de la plaza de una fuente que la embellezca aún más.

El decreto se toma como ley y quien la incumpla será multado.

El hombre que atiende el quiosco de la plaza es persona honrada, de principios cívicos, y ve acertado el proyecto al que los vecinos se han comprometido.

Mas pasando el tiempo, observa que algunos vecinos, incumpliendo el compromiso contraído, van cogiendo naranjas para su beneficio particular.

La cogida de naranjas, poco a poco se va haciendo generalizada.

El hombre del quiosco comprueba, primero sorprendido y después indignado, cómo las naranjas van desapareciendo sin que ninguna autoridad haga algo para evitarlo. Es cierto que la policía municipal ha tomado algunos nombres para justificarse y enviado las correspondientes denuncias; pero luego el Alcalde no las tramita ni les da curso, porque cada vecino multado supondría la pérdida de votos de una familia en las próximas elecciones locales.

El quiosquero, sentado en el interior de su habitáculo, mira a la plaza y reflexiona:

Tomar una naranja del árbol no es moralmente ni bueno ni malo, depende de las circunstancias y las circunstancias son que de forma democrática y por unanimidad los vecinos se comprometieron a no coger naranjas para provecho propio y particular. El Alcalde este acuerdo lo hizo ley y la ley es necesario cumplirla y quien así no lo haga deberá recibir una sanción por el perjuicio producido a la colectividad.

Pero si los vecinos se sirven naranjas cada cual a su aire y el Alcalde no vigila ni sanciona, ¿cómo proceder?

Él es un hombre cumplidor de los acuerdos, que respeta la ley; una persona honrada, y aunque todos obren de modo contrario, tiene que mantenerse fiel a sus principios.

Sin embargo, por otra parte, ¿a quién perjudicaría si él también tomara algunas de las pocas naranjas que aún quedan…?

Pero no.

El quiosquero se entristece al constatar una vez más que en nuestra sociedad las personas decentes siempre salen perdiendo y los que no respetan nada y actúan saltándose las leyes y actuando de modo egoísta en beneficio propio con perjuicio para los demás, son lo que, a la larga, suelen quedar beneficiados.

Y ocurrió que el hombre del quiosco, honrado y cumplidor de las leyes democráticas se quedó sin naranjas y el pueblo se quedó sin fuente en la plaza.

Juan Ferrero

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‘Suben las gasolineras y baja el servicio’, por Juan Ferrero

“Los empleados, despedidos; los usuarios, haciendo gratis el trabajo de estos; y el empresario, tan complaciente”

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'Suben las gasolineras y baja el servicio', por Juan Ferrero

A veces, puede comprobarse lo fácil que le resulta a las clases dominantes conducir a la masa popular sin que esta proteste lo más mínimo.

Estamos quejándonos constantemente de la carestía de la vida por todas partes y luego llegamos a la gasolinera y le decimos a los empleados que sirven en los surtidores que se quiten de allí y se vayan al paro, que ese trabajo lo vamos a realizar nosotros de modo gratuito.

El asalariado, al que le habrán exigido al menos un cursillo o jornadas para que lleve en cuenta las más elementales normas a la hora de manipular sustancias inflamables y, por lo tanto, peligrosas, se marchará a engrosar la lista del paro, mientras nosotros nos bajamos del vehículo y, “generosamente”, tomamos el surtidor sin tener en cuenta los perjuicios que eso puede acarrearnos. Unas manchas en la indumentaria, por ejemplo, inutilizarían nuestras prendas de vestir. ¿Y quién pagaría eso?  En ocasiones, ni el dinero solucionaría el problema, como el caso en que las circunstancias y el tiempo, en pleno viaje, no permitiera el cambio de indumentaria; por no citar descuidos propios o con elementos y personas de acompañamiento o ajenas que se hallen junto a los mismos surtidores.

Resumiendo: los empleados, despedidos; los usuarios, haciendo gratis el trabajo de estos; y el empresario, tan complaciente. Porque, que nos conste, ni sindicatos, ni partidos, ni Ministerio de Consumo, ni el público en general dicen o hacen algo al respecto.

En  la vida cotidiana pueden darse abusos frente a los cuales poco puede hacer el individuo solo. Pero no es este el caso porque, por fortuna, aún existen gasolineras atendidas por sus empleados, y yo, mientras  sea posible, únicamente acudiré a estas (subrayo lo de “sea posible” ya que tampoco es caso de quedarse en la carretera sin carburante por no pararse en la gasolinera de autoservicio). Pero una cosa no quita la otra; todo es cuestión de prever y calcular.

Juan Ferrero

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