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Cruce de opiniones sobre el apodo “usías” de Dos Torres, en 1912
Diferentes artículos publicados en el Diario de Córdoba en 1912, enfrentaron diferentes opiniones sobre el origen del apodo “usía” para los de Dos Torres. Lo publicamos a modo de curiosidad, y tras los años, con una visión simpática del conflicto. Que no llegue la sangre al río.
Nos ponemos en situación. Alguien, firmando con “El Duende de Torremilano”, escribió en 1912 en el Diario de Córdoba sobre la buena relación que existía entre los habitantes de Dos Torres y los de Pozoblanco. Describió cómo eran unos y otros, y expuso una anécdota como ejemplo:
(…) Le ha faltado siempre a la villa de Dos Torres lo que le ha sobrado a su hermana la de Pozoblanco, que es actividad, riqueza, amor al trabajo y cierto positivismo, que muchos exageran; por el contrario Pozoblanco carece de otras condiciones que Dos Torres posee en alto grado tales como espíritu idealista, cierto quijotismo en su trato a expensas de los negocios, y un carácter netamente meridional que parece que se alimenta de ilusiones.
Como los extremos se tocan, se comprende perfectamente la hermandad entre Pozoblanco y Dos Torres.
(…) Hace una porción de años que dos jóvenes de esta localidad [Dos Torres], en posesión de sus respectivos títulos académicos, se sintieron el corazón flechado por los ojos de dos lindas pozoblanqueras y como el amor es duende importuno, como dijo un poeta, no les dejaba pasar un domingo o día de fiestas sin llevarlos al pueblo vecino para ver a las novias. Como los Tenorios no tenían caballerías propias ni otro medio de locomoción con que salvar la distancia, tenían que alquilar un paciente jumento, pero esto no era aristocrático ni “vestía bien” para ir a ver a las Dulcineas y apelaron al ingenioso recurso de llevar preparadas un par de espuelas, las cuales se colocaban a la entrada del pueblo, en la ermita de San Gregorio, y como algunos amigos suyos les hicieran notar esas señas inequívocas de equitación con que solían frecuentar los casinos, contestaban muy ufanos: es que nos hemos dejado nuestros briosos alazanes, que son de pura sangre, a la entrada de la población. Por estas y otras cosas nos llaman “usías”. (…)
Y esta ultima frase llevó a que semanas después, en el mismo medio, alguien firmando con “Un usía de pura cepa”, le contestara que el apodo de “usía” era por otra cuestión muy distinta:
(…) El Torremilano de la antigüedad, y también Torrefranca, se ha distinguido siempre por sus formas y buena crianza, por su fe, laboriosidad y acertado talento.
A esto se une la circunstancia de haber radicado en él muchas distinguidas familias, descendientes de la más rancia estirpe española, como lo demuestran los escudos heráldicos que aún se conservan en el frontispicio de bastantes casas.
Se comprende perfectamente que por esto, y no por otra cosa, como dice el citado “duende”, nos distingan con el honroso sobrenombre de “usías”.
Pozoblanco es la patria del cronista Sepúlveda y del dignísimo Prelado que rige en la actualidad la Diócesis de Córdoba y, exceptuando a estos cultísimos varones, creo que no se pueden vanagloriar los tarugos de haber poseído en la antigüedad hombres tan sabios y linajudos como los que a continuación voy a enumerar.
Si nos remontamos a los siglos XVI y XVII encontraremos al hijo de Dos Torres Gómez de Contreras, que fué Obispo de Méjico. Más tarde floreció el Doctor Ramírez Blanco, párroco de la iglesia de San Lorenzo, de esta capital, que tenía fama en toda España por su elocuencia y relevantes virtudes, como lo demuestran los muchos sermones que escribió, los cuales después sirvieron de norma a numerosos sacerdotes.
También era “usía” Velarde Tello, Caballero de la Orden de Calatrava y Canónigo de esta Mezquita Catedral, en la que fué enterrado.
Después existieron ilustres jurisconsultos y latinos, como don Joaquín Ramírez Gallardo, que fué Canónigo Doctoral de esta misma Mezquita Catedral.
Este varón de preclaro talento, fué un hábil político, que poseía los secretos de todos los pueblos del valle de los Pedroches y nadie se atrevía a concebir un plan de gobierno o administración públicos sin consultar al señor Doctoral, quien estaba aceptado como árbitro para dirimir cualquier asunto que afectase a estas villas.
También es digno de mención don Jorge Velarde, pundonoroso caballero y excelente latino que, en esta lengua era una autoridad hasta para muchos sacerdotes y frailes de aquella época.
Por último, he de mencionar al elocuente abogado don Lorenzo Pedrajas, que ocupó en Madrid elevados puestos, y a don Alonso Blanco Galán que, aunque nació en Pozoblanco, vivió la mayor parte de su vida en Dos Torres, habiendo sido diputado a Cortes y Caballero de la Orden de San Juan de Jerusalén.
No quiero prescindir, aunque casi fué contemporáneo nuestro, de manera que muchos lo recordarán, del Doctor en Derecho don Sebastián Ramírez Gallardo, hermano menor del expresado Doctoral, que tan sabiamente cuidó de la memoria de sus ilustres antecesores, como lo demuestra la biblioteca que fundó y que manos profanas se encargaron de destruir.
Quizá el que firma contribuyese en algo durante su infancia a tan lastimosa destrucción, dicho sea como voluntario castigo a la inconsciente falta.
Quedamos, pues, en que se llama “usías” a los hijos de Dos Torres por el mérito sobresaliente de sus antepasados.
Y esto provocó que Francisco Ontiveros, un mes después, dejara claro que no le gustaba lo explicado por el “usía de buena cepa”. También expuso varios ejemplos:
(…) Pero ahora diremos que no nos satisface la explicación que da “Un usía de buena cepa” respecto a los naturales de Dos Torres de que se les conoce por “usías” a causa de los muchos hijos ilustres que en todo tiempo ha tenido aquella villa.
Si se nos dijera que en Dos Torres es más general la finura y el buen trato de gentes que en muchos de los pueblos inmediatos y que la buena educación y cultos modales se revelan en sus habitantes hasta en las clases más modestas de la sociedad, estaríamos conformes con el “Usía” aludido, pero de ningún modo podemos admitir como fundamental que se les llame “Usías” por el mero hecho de haber nacido allí algunos individuos de relativa importancia; pues admitiendo este principio, sería necesario llamar “excelencias” a los de Pedroche y “altezas” a los montillanos, etc. etc. Allá van pruebas: En Pedroche nacieron don Acisclo Moya Contreras, que asistió al Concilio de Trento siendo obispo de Vich, después arzobispo de Valencia; don Pedro de Moya, sobrino del anterior, arzobispo de Méjico, Virrey, Visitador y Capitán general de Nueva España, con otros muchos grandes títulos; don Juan de los Barrios, Obispo de la Asunción del Río de la Plata y primer Arzobispo de Santa Fé de Bogotá, quien fundó una capellanía en Pedroche; don Juan Mohedano de Saavedra, visitador del reino, que murió electo Cardenal; del V. P. Diego Delgado, del orden de San Francisco, que sufrió el martirio en el Yucatán; y además otros varones esclarecidos aunque no tan ilustres como los mencionados.
Ya ve el “Usía” si los de Pedroche tendrán méritos para llamarse “excelencias” comparados con los de Dos Torres, si partimos del mismo fundamento que “Usía”.
(…) Si pasamos la vista por otros pueblos de esta misma provincia, encontramos por docenas también de nombres de hijos preclaros; pero a los de ningún pueblo se les ha ocurrido hasta ahora merecer sobrenombre de “Usía” o de “excelencia” por tales motivos.
Antes de terminar queremos hacer constar que nada hay más lejos de nuestro ánimo que la idea de herir en lo más mínimo la susceptibilidad del referido “Usía de buena cepa” ni de ninguna otra persona; antes por el contrario, únicamente pretendemos su buena amistad y que augurando su ingenio, busque una razón más fundamental en que apoyar su juicio.
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‘Tomás Rodríguez, ¿el burgués ‘rojo’ de Pedroche?’, por Francisco Sicilia
Francisco Sicilia Regalón, cronista oficial de Pedroche, ha publicado un artículo bajo el título “Tomás Rodríguez, ¿el burgués ‘rojo‘ de Pedroche?“, donde desgrana la vida de Tomás Rodríguez de la Fuente (1883-1940), de Pedroche.
Comienza diciendo que “no es muy frecuente el caso de que el industrial más importante de un pueblo sea al mismo tiempo el referente de la izquierda en esa localidad”. Y es que, en Pedroche, “esta circunstancia se da en la persona de Tomás Rodríguez de la Fuente, un empresario del sector eléctrico, presidente del Frente Popular y aglutinador de los diferentes partidos obreros en el municipio”.
El artículo está publicado en la web Pedroche en la Red y se puede acceder al documento directamente haciendo clic aquí.
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¿Qué montes de Los Pedroches aparecen en el primer Registro de Montes Públicos de Andalucía?
El Boletín Oficial de la Junta de Andalucía (BOJA) ha publicado la Orden de 30 de junio de 2026, de la Consejería de Sostenibilidad y Medio Ambiente, por la que se da publicidad a la nueva relación de montes que integran el Registro de Montes Públicos de Andalucía (RMPA), un inventario exhaustivo que emana y es uno de los primeros frutos de la aplicación de la Ley 3/2026, de 13 de marzo, de Montes de Andalucía (LEMA).
Esta Ley establece en su artículo 12 que el RMPA es “un inventario de carácter administrativo en el que se inscriben todos los montes del territorio andaluz pertenecientes a cualquiera de las Administraciones o entidades públicas, tanto los de dominio público como los patrimoniales”. A la entrada en vigor de la Ley, el pasado 9 de abril, este nuevo registro viene a reemplazar al antiguo Catálogo de Montes de Andalucía, de manera que la nueva denominación evita confusiones y establece una distinción clara entre los montes de carácter demanial y los patrimoniales, cada uno con su régimen jurídico propio. También se unifica el sistema de usos y aprovechamientos, así como las normas de deslinde y recuperación posesoria.
Estos son los montes de Los Pedroches que aparecen en este nuevo registro:
| Municipio | Denominación | Titular |
| Belalcázar | Malagón o Dehesa de Malagón | Ayto. de Belalcázar |
| Belalcázar | El Mesto | Ayto. de Capilla |
| Cardeña | La Vegueta | C.A. de Andalucía |
| Cardeña | Yegüerizo | C.A. de Andalucía |
| Conquista | Dehesa de Conquista o Quebradillas | Ayto. de Conquista |
| Conquista | Desmontados de la Villa | Ayto. de Conquista |
| Dos Torres | Los Llanos | Diputación de Córdoba |
| Hinojosa del Duque | Fuente La Zarza | C.A. de Andalucía |
| Hinojosa del Duque | Las Aguanosas | C.A. de Andalucía |
| Hinojosa del Duque | La Dehesa | Ayto. de Hinojosa del Duque |
| Pedroche | La Dehesa | Ayto. de Pedroche |
| Pozoblanco | Dehesa Boyal | Ayto. de Pozoblanco |
| Pozoblanco | Pedrique | Ayto. de Pozoblanco |
| Santa Eufemia | Sierra y Anejos o Los Baldíos | Ayto. de Santa Eufemia |
| Santa Eufemia | Los Accesos | Ayto. de Santa Eufemia |
| Vva. del Duque | Matas Hermosas | C.A. de Andalucía |
| Vva. del Duque | Dehesa Boyal | Ayto. de Vva. del Duque |
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¿Conoces la estela de guerrero encontrada en El Viso?
En 1976, Alejandro García Galán, en nombre de Santiago Serrano Sánchez, donó al Museo Arqueológico Nacional una estela, la de la imagen de cabecera. Declaró que apareció en la Encomienda de Madroñiz, Predio Salao, en el lugar denominado “Cabeza de la Reina”, a la derecha del río Zújar, no lejano de la estación de ferrocarril de Belalcázar, en el término municipal de El Viso.
Se trata de una estela de 121 cm de alto, 39 cm de ancho y 20 cm de grosor, y está realizada sobre un bloque de cuarcita de color pardo y forma rectangular. De su hallazgo solo se sabe que fue sacada por las rejas de un tractor y abandonada en el lindero de una finca. La parte superior está biselada a ambos lados, terminando en punta, y todos sus lados tienen las aristas alisadas. Los grabados se realizaron mediante incisión ancha y superficial, pues la calidad de la piedra facilita el trabajo.
La estela de El Viso forma parte de las denominadas estelas de guerrero del Bronce Final (entre los años 1100 a. C. y 850 a. C.). Todas ellas, halladas en su mayoría en el suroeste peninsular, están realizadas sobre diversos soportes pétreos de acuerdo con la litología de cada zona. Por lo que respecta a los elementos decorativos podemos señalar que la figura humana, muy esquemática, presenta un largo tronco sin piernas del que salen dos grandes pies completados con sendos trazos oblicuos, posible representación de los dedos; los brazos están rematados por dedos y de la parte inferior del tronco sale un trazo ligeramente curvo hacia arriba que representa el falo; el guerrero lleva un gran casco de cuernos y dos círculos a cada lado de la cabeza a modo de pendientes.
El escudo se compone de dos círculos concéntricos divididos en sectores irregulares cada uno de los cuales presenta remaches. De la lanza, dispuesta en el lado derecho de la losa, tan solo se aprecia la punta. Dos espadas del mismo tipo aparecen representadas bajo las manos; las empuñaduras son macizas, con pomos salientes y empalme con guardas cruciformes. Un espejo se grabó en la parte superior de la estela.
A la izquierda del guerrero y a la altura de su cabeza aparece un gran peine del que salen seis púas. Un arco con flecha se muestran bajo el escudo. Una fíbula se grabó junto al arco y consta de un trazo vertical sobre el que reposa un semicírculo de fino grabado. Cerrando la composición aparece un carro que ocupa la práctica totalidad del ancho de la losa; tiene un armazón ovalado con dos ruedas carentes de radios en la parte delantera de la caja y dos asideros de forma elíptica en la trasera; un eje atraviesa la caja para enlazar con un largo timón rematado por una vara transversal donde queda uncido el tiro. Este se compone de dos cuadrúpedos, al superior de los cuales se le distinguió con un falo. Un tercer cuadrúpedo que aparece debajo del carro puede corresponder al animal de compañía del guerrero. Finalmente, se observa un trazo recto en el extremo superior de la estela, de difícil interpretación.
Estas estelas han sido interpretadas tradicionalmente como marcadores de tumbas, pese a no haber podido ser vinculadas casi en ningún caso a enterramientos. Las interpretaciones más recientes tienen que ver con la ubicación de las estelas en cruces de caminos, pasos de montaña y caminos locales. Mediante un lenguaje iconográfico compartido, estas estelas podrían señalizar rutas comerciales o demarcar los límites de un territorio cuyos recursos eran controlados por un grupo determinado.
En Los Pedroches, como ya publicamos, se encontraron más estelas de este tipo, por ejemplo en Belacázar, puede leerlo aquí.
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