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‘Cuando los mapas despiertan incomodidad’, por Luciano Cabrera Gil

Luciano Cabrera Gil opina sobre el mapa publicado por Diputación de Córdoba mostrando las actuaciones que se llevarán a cabo en carreteras de la provincia.

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Carretera CO-7411

A propósito del Mapa de actuación en carreteras provinciales de Córdoba, con la reseña relativa a Despoblación Territorial, creo que ha llegado el momento de expresar algunas consideraciones:

Primera.- La vertebración, la compensación, el reequilibrio y la solidaridad territoriales, son pilares en que se debe asentar cada decisión de quienes tienen opción de gobernar y administrar el gasto público de instituciones cuyo ámbito de influencia excede de lo municipal, entiéndase por tanto la Diputación Provincial, Junta de Andalucía y Gobierno Central.

Segunda.- La correlación de esfuerzo económico e inversión de la Diputación de Córdoba para vertebración de los territorios norte y sur , a lo largo de las cuatro últimas décadas es preocupante, pues salvo actuaciones aisladas o puntuales como la creación de partida presupuestaria específica con la denominación Plan del Norte y la participación en la financiación de importe de las expropiaciones para construcción de la Presa de la Colada, ambas siendo Presidente de la Diputación Matías González López, no queda mucho que añadir, a menos que se refiera cierto tratamiento positivo en asignación de cuantías a los municipios de menos población a través de los Planes Provinciales.

Tercera.- No es cuestión meramente coyuntural, pues viene de mucho tiempo atrás. Invitar al análisis más que a la defensa o argumentación de esta u otras intervenciones y decisiones.

Cuarta.- La asignación y reparto de una cuantía económica a los municipios que integran las Mancomunidades del Guadiato y de los Pedroches, cifrada en 600.000.- €, en el año 2020, lo que supone una cantidad de 21.428,57 € para cada uno de los 28 municipios, ni es relevante ni resuelve el déficit estructural, de infraestructuras o de servicios que las zonas del Norte de la Provincia de Córdoba presentan, ni provoca ningún efecto significativo en la economía de los municipios y por tanto en su población.

Quinta.- Las comarcas del Guadiato y Pedroches ocupan una superficie superior al tercio de superficie de la provincia, si bien en cuanto a población se refiere alcanzan un porcentaje del 17 % en el contexto provincial, excluida la capital, referencias ciertas que arrojan un futuro incierto. Con gestos y declaraciones propias del momento no se modifica un territorio, ni se abren expectativas para sus habitantes.

Sexta.- Urge un Plan de Activación Económica en Los Pedroches que genere actividad económica sólida, estructural y permanente, lejos de acciones coyunturales. Urge poner en marcha el máximo apoyo al tejido empresarial existente, desarrollando actividades como eje de la economía y otras con carácter auxiliar, extrayendo el máximo rendimiento posible a los recursos propios. Como también urge disponer de elementos que favorecen el desarrollo como infraestructuras adecuadas, y la máxima aplicación de forma conjunta y consensuada en esa línea de todos los sectores económicos, políticos y sociales sean posibles. En definitiva, un Plan de Comarca que exceda de lo local.

Séptima.- Ser espectadores resulta cómodo, y según el resultado, evidente, poco rentable. Hace falta creer en una Comarca más próspera auspiciada por más actores, más impulsores, entregados al diseño y ejecución de propuestas viables. Debemos obligarnos a generar más entusiasmo e ilusión, frente al victimismo y lamentos continuos o aislados. Análisis catastrofistas no ayudan, y adolecen muchas veces de oportunismo. Hay espacio para dejar atrás proclamas como “estamos olvidados” “no tenemos peso político” y más, y dar paso a otras del tipo “Vivimos en una gran Comarca que entre todos debemos hacer mejor”, lo que daría otra dimensión a la demanda, siempre conscientes de la realidad.

Octava.- Una sociedad que deja recaer todo su futuro en manos de sus representantes políticos está destinada a metas menores, aun valorando el trabajo de los mismos. Pues resulta más acertado que el empuje y la implicación así como la responsabilidad, y el éxito o fracaso también, si se producen, sean siempre compartidos. Un proyecto inclusivo, en toda su extensión, propicia resultados proporcionales a los implicados.

Por ello, con toda la urgencia posible, trabajemos por crear nuevos Mapas de la provincia y de los Pedroches, con otros indicadores, que nos hagan sentir orgullosos del trabajo colectivo.

Luciano Cabrera Gil

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‘La moral de las naranjas’, por Juan Ferrero

“Tomar una naranja del árbol no es moralmente ni bueno ni malo, depende”

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Naranjo, naranja

El pueblo es pequeño, pero tiene una plaza cuadrangular, amplia, rodeada en su interior por alegres naranjos, así como en todas las calles que a ella afluyen. Anualmente, el Ayuntamiento recolecta la dulce fruta y las invierte en algún objetivo municipal. Esta temporada, tras un referendo entre sus vecinos, se ha acordado por unanimidad, y así se ha recogido en un decreto de la Alcaldía, que el dinero conseguido con la venta de las naranjas irá a amortizar todo o parte de la colocación en el centro de la plaza de una fuente que la embellezca aún más.

El decreto se toma como ley y quien la incumpla será multado.

El hombre que atiende el quiosco de la plaza es persona honrada, de principios cívicos, y ve acertado el proyecto al que los vecinos se han comprometido.

Mas pasando el tiempo, observa que algunos vecinos, incumpliendo el compromiso contraído, van cogiendo naranjas para su beneficio particular.

La cogida de naranjas, poco a poco se va haciendo generalizada.

El hombre del quiosco comprueba, primero sorprendido y después indignado, cómo las naranjas van desapareciendo sin que ninguna autoridad haga algo para evitarlo. Es cierto que la policía municipal ha tomado algunos nombres para justificarse y enviado las correspondientes denuncias; pero luego el Alcalde no las tramita ni les da curso, porque cada vecino multado supondría la pérdida de votos de una familia en las próximas elecciones locales.

El quiosquero, sentado en el interior de su habitáculo, mira a la plaza y reflexiona:

Tomar una naranja del árbol no es moralmente ni bueno ni malo, depende de las circunstancias y las circunstancias son que de forma democrática y por unanimidad los vecinos se comprometieron a no coger naranjas para provecho propio y particular. El Alcalde este acuerdo lo hizo ley y la ley es necesario cumplirla y quien así no lo haga deberá recibir una sanción por el perjuicio producido a la colectividad.

Pero si los vecinos se sirven naranjas cada cual a su aire y el Alcalde no vigila ni sanciona, ¿cómo proceder?

Él es un hombre cumplidor de los acuerdos, que respeta la ley; una persona honrada, y aunque todos obren de modo contrario, tiene que mantenerse fiel a sus principios.

Sin embargo, por otra parte, ¿a quién perjudicaría si él también tomara algunas de las pocas naranjas que aún quedan…?

Pero no.

El quiosquero se entristece al constatar una vez más que en nuestra sociedad las personas decentes siempre salen perdiendo y los que no respetan nada y actúan saltándose las leyes y actuando de modo egoísta en beneficio propio con perjuicio para los demás, son lo que, a la larga, suelen quedar beneficiados.

Y ocurrió que el hombre del quiosco, honrado y cumplidor de las leyes democráticas se quedó sin naranjas y el pueblo se quedó sin fuente en la plaza.

Juan Ferrero

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‘Suben las gasolineras y baja el servicio’, por Juan Ferrero

“Los empleados, despedidos; los usuarios, haciendo gratis el trabajo de estos; y el empresario, tan complaciente”

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'Suben las gasolineras y baja el servicio', por Juan Ferrero

A veces, puede comprobarse lo fácil que le resulta a las clases dominantes conducir a la masa popular sin que esta proteste lo más mínimo.

Estamos quejándonos constantemente de la carestía de la vida por todas partes y luego llegamos a la gasolinera y le decimos a los empleados que sirven en los surtidores que se quiten de allí y se vayan al paro, que ese trabajo lo vamos a realizar nosotros de modo gratuito.

El asalariado, al que le habrán exigido al menos un cursillo o jornadas para que lleve en cuenta las más elementales normas a la hora de manipular sustancias inflamables y, por lo tanto, peligrosas, se marchará a engrosar la lista del paro, mientras nosotros nos bajamos del vehículo y, “generosamente”, tomamos el surtidor sin tener en cuenta los perjuicios que eso puede acarrearnos. Unas manchas en la indumentaria, por ejemplo, inutilizarían nuestras prendas de vestir. ¿Y quién pagaría eso?  En ocasiones, ni el dinero solucionaría el problema, como el caso en que las circunstancias y el tiempo, en pleno viaje, no permitiera el cambio de indumentaria; por no citar descuidos propios o con elementos y personas de acompañamiento o ajenas que se hallen junto a los mismos surtidores.

Resumiendo: los empleados, despedidos; los usuarios, haciendo gratis el trabajo de estos; y el empresario, tan complaciente. Porque, que nos conste, ni sindicatos, ni partidos, ni Ministerio de Consumo, ni el público en general dicen o hacen algo al respecto.

En  la vida cotidiana pueden darse abusos frente a los cuales poco puede hacer el individuo solo. Pero no es este el caso porque, por fortuna, aún existen gasolineras atendidas por sus empleados, y yo, mientras  sea posible, únicamente acudiré a estas (subrayo lo de “sea posible” ya que tampoco es caso de quedarse en la carretera sin carburante por no pararse en la gasolinera de autoservicio). Pero una cosa no quita la otra; todo es cuestión de prever y calcular.

Juan Ferrero

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‘Nuevos bandoleros de caminos’, por Juan Ferrero

“Los actuales bandoleros van al camino y se quedan con el mismo camino”. Juan Ferrero nos da su opinión

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camino

La palabra bandolero la relacionamos enseguida con otras como camino y diligencia, asociadas a la época romántica del siglo XVIII y XIX.

Modernamente han aparecido otro tipo de bandoleros de caminos, pero en estos se da un aspecto nuevo. Los bandoleros antiguos iban a un camino y se quedaban con lo que pasaba por él; pero los nuevos bandoleros no, los actuales bandoleros van al camino y se quedan con el mismo camino. Y otra diferencia: los gobernantes de la época mandaban perseguir a los bandoleros, pero a los nuevos bandoleros no los persigue nadie.

Ya, cuando los propietarios de fincas construyeron los típicos cercados de piedra, muchos de ellos no respetaron las anchuras que por ley correspondía a los distintos tipos de caminos públicos, quedando estos mermados en su viabilidad.

Desde hace algunas décadas, ha surgido un ansia generalizada, por parte de ciertos propietarios, de cortar y apoderarse de todo camino público colindante con sus fincas; o también, de juntar con su terreno cualquier ensanche o abrevadero de camino. Los hay que sin ser propietarios, se adueñan e instalan con descaro en aquellos espacios sobrantes después de que Obras Públicas rectifique un camino o carretera.

En general, ni los gobernantes de turno en el Estado, en las Comunidades, Diputaciones o Ayuntamientos toman iniciativa alguna para hacer que los nuevos bandoleros devuelvan lo robado. Es más, en ocasiones, cuando algún grupo de ciudadanos se ha presentado en uno de estos caminos a reivindicar su apertura, con la cartografía oficial correspondiente que certificaba su *titularidad pública, alguien ha echado a los agentes de la Guardia Civil sobre ellos, pidiendo carnet y exigiendo su disolución. (Y lo que escribo lo he vivido directamente junto con otras personas).

Como excepción, algún municipio ha firmado convenio con la Junta  para catalogar sus caminos municipales, pero sólo conozco un pueblo en la comarca (Cardeña) donde su alcaldesa, Cati Barragán, obligó a los propietarios a abrir y devolver aquellos caminos públicos que habían cortado.

Pero en fin, no nos escandalicemos. Si es verdad lo que mantienen las nuevas corriente, es decir, que lo moralmente bueno es aquello que así lo decide la mayoría, robar un camino o parte de él no es inmoral, porque la mayoría de la población no protesta, se calla; y ya se sabe que quien calla otorga.

Así pues, por decisión de esa mayoría de ciudadanos, robar un camino es una acción buena, correcta desde el punto de vista de la moral. De este modo, se comprende la postura o actitud de los gobernantes ante los nuevos bandoleros de caminos.

Lo que ocurre es que esta actitud de los gobernantes no encaja con las declaraciones que luego se hacen, prometiendo trabajar por la promoción del turismo rural y contra la España vaciada.

Juan Ferrero

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