Corría el año 1989 cuando llegó a la comarca alguien al que muy pocos, casi nadie conocía. Su aspecto, mezcla de bohemio y científico chiflado, no pegaba mucho con el propio de alguien que, según las pocas noticias de las que disponíamos de su biografía, se trataba de un artista de relevancia. Decían que era un escultor de mucha importancia, que tenía obras repartidas por varios países y que su Don Quijote cabalgaba por las calles de Nueva York.

Fui de los primeros que tuvo la suerte de ponerse en contacto con él, atraído por sus proyectos, con la intención de difundirlos en el diario Córdoba. Confieso que este hombre, Aurelio Teno, me fascinó desde el primer día y aún hoy su monje-búho vigila el salón de mi casa. Me abrió las puertas de su vivienda de El Viso, él siempre hablaba bien de esta localidad y no tanto de Villanueva del Duque, y me citó para visitar el monasterio de Pedrique. No olvidaré aquel caluroso día de primavera cuando visité por primera vez este enclave. Nos recibió a Rogelio, el fotógrafo, y a mí a las puertas del derruido recinto escoltado por cerros de olivares. Nos hablaba sin parar, emocionado, de aquel lugar mágico albergue de eremitas, de aquel Valle de los Pedroches de azúcar y miel, de lo telúrico de esta tierra prometida, de su sueño hecho realidad.

Enseguida empezó a reconstruir el monasterio, a veces con sus propias manos, mientras empezaban a volar por Los Pedroches sus águilas ciclópeas. Mi tesón y su amistad hicieron que esas aves plateadas anidaran durante unos días en Pedroche en una exposición memorable, pionera en la comarca.

Después la distancia nos alejó al mismo tiempo que Pedrique resurgía de sus cenizas y la obra de Aurelio era conocida por profanos que en un principio recelaban del artista y ahora se acercaban al genio. En este lugar terminó sus días el escultor nacido en las Minas del Soldado, creando hasta el último momento y luchando contra las ingratitudes de la vida.

A la par que artista, Teno era un enamorado de Los Pedroches y apostó por una tierra a la que no tenía mucho que agradecer. Todo un ejemplo a seguir.

Francisco Sicilia Regalón