La mujer revolucionaria es aquella que lucha por el cambio de algo. Ya puede ser el cambio de sistema, o el cambio de la vista del patriarcado. Es esa mujer que se quiere, tal y como es, comprendiendo que cada arruga es una marca de cada carcajada que ha soltado; que cada estría es una marca natural de traer al mundo una nueva vida… Es esa mujer que elige cómo y cuándo se queda embarazada, que elige cuándo se enamora y de quién.

La mujer revolucionaria es esa que es libre, que comprende que nació libre y que no pertenece a ningún hombre, no se deja manejar por nadie y decide tener su propia ideología. Ella lucha por la erradicación de hambrunas, la desigualdad social y sobre todo, por qué el hombre comprenda que no es superior a la mujer y por qué la respete, pues proviene del vientre de una mujer.

La mujer revolucionaria es aquella que se hace respetar, y que cuándo dice no, es no; es la que decide la ropa que se pone, ignorando cualquier comentario; o que si tiene unos kilos de más, se quiere con esos kilos de más, transmitiendo esa seguridad y confianza en sí misma a los que le rodean.

La mujer revolucionaria es la madre que cuida, que arropa a sus hijos de cualquier daño y que los llena de cariño y amor. Es la mujer que se echa en la espalda todo el dolor para que no llegue a sus hijos. Es aquella mujer que hace de paño de lágrimas y ofrece un abrazo a pesar de las malas palabras de sus hijos.

La mujer revolucionaria es a su vez, aquella que acude a manifestaciones para intentar aportar su granito de arena en el cambio necesario para alcanzar un mundo justo, la que lucha por qué se obtengan libertades y derechos para la mujer en un futuro, con la esperanza de que la mujer del futuro no dé un paso para atrás y eche por tierra la lucha de sus antepasados. Y aquí destaco la lucha de la mujer por el voto, o simplemente, por una cosa tan normal como la escolarización.

Mantengo la esperanza de que quedaremos mujeres revolucionarias que lucharemos por la igualdad entre el hombre y la mujer; aunque muchas de las desigualdades actuales se encuentren en la mente, tanto de hombres y mujeres, con pensamientos machistas dando lugar a la sociedad tan llena de violencia de género y denigración de la mujer. La mujer es la que puede empezar a dar el cambio a través del cariño y el cuidado de los niños, transmitiendo la educación y el respeto para todos.

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Reyes de la Cruz García

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