Ya informamos que Diputación de Córdoba, en reunión del día 9 de diciembre del 2015, aprobó la subvención de 11.689,16 € para el proyecto de “Restauración, interpretación y puesta en valor del Puente de San Juan y su entorno” de Dos Torres, que cuenta con un presupuesto de 55.982,59 €.

Parte de este presupuesto se destinó a la rehabilitación del puente de San Juan, y el resto se está destinando a la puesta en valor de diferentes elementos de su entorno. Entre ellos nos encontramos con los restos del convento de San Juan de la Penitencia de Torrefranca (antigua población que se unió a Torremilano, formando Dos Torres hace 175 años).

El Ayuntamiento ha suscrito un convenio con el propietario actual del inmueble donde se situaba el convento, donde, en diferentes fases, se tiene previsto darle el protagonismo que merece tal enclave histórico. Se ha comenzado con la fachada, donde se ha reconstruido la portada y se le ha dotado de puerta. En sucesivas intervenciones, se arreglará el tejado y se adecentará el entorno. El edificio seguirá siendo se uso privado, pero se sumará al importante catálogo de lugares históricos con el que cuenta Dos Torres, fomentando así su atractivo turístico.

Restos del convento de San Juan (foto: Solienses)

Restos del convento de San Juan (foto: Solienses)

El convento de San Juan de la Penitencia de Torrefranca se fundó, según Aranda Doncel, en 1579, a partir de un recogimiento de beatas creado en 1517 por la fundadora de la orden concepcionista, Beatriz de Silva. Estaba situado en el llamado barrio de San Juan, al otro lado del arroyo Milano. Según Agustín de Herrera, los fundadores seglares fueron los marqueses de la Guardia, poseedores entonces del señorío de Santa Eufemia al que pertenecía la villa de Torrefranca. Las religiosas fundadoras procedían del convento de San Juan de la Palma de Sevilla, aunque también se alimentó con monjas concepcionistas de Pedroche.

En la documentación de una visita del obispado de Córdoba en 1589, que publica Pérez Peinado, se describe la iglesia del monasterio como “de una sola nave; la capilla mayor de un arco de cantería que la dividía de ancho e grandor; el cuerpo de la iglesia suficiente e bien acabada; el techo enmaderado de madera de pino y armadura; las paredes encaladas; el coro en alto con su red muy junta de madera y debajo su locutorio: de dentro una reja de palo y por de fuera otra de hierro espesa, con sus púas a la parte de fuer, divididas la una de la otra lo que hay de grueso de la pared; el suelo de la iglesia por solar, terrizo”.   [fuente: Solienses]

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 [Actualización: Sí, es una inocentada…]