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‘Sobre retribuciones y salarios de la clase política’, por Manuel Torres Fernández

Artículo de opinión de Manuel Torres Fernández, alcalde de Dos Torres, en relación a las retribuciones y salarios de la clase política.

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Puerto Calatraveño - Los Pedroches

Estamos últimamente viendo como tantas otras veces, como se cuestiona a la clase política sobre el recurrido tema de retribuciones y salarios.

No voy a generalizar porque cada persona que se dedica a la política es ella misma y sus circunstancias, también con necesidades y cargas familiares como cualquier otra, tomando muchas de ellas, la decisión de aparcar otros trabajos para dedicarse a esta noble tarea, desprestigiada por los que llegaron a ella sin más miramientos que el de aprovecharse de ésta a título individual. Estando por otra parte, abierta la oportunidad para cualquier persona que le interese dedicarse por un tiempo a esta profesión, dado que lo único que debe realizar es concurrir a los comicios electorales, cosa normal en cualquier democracia y según su resultado tendrá la posibilidad de ejercerla en gobierno u oposición.

Como decía al principio, es cierto, que siempre ha estado polemizado el tema de sueldos, no solo ahora por la triste crisis del Covid-19, siempre ha sido así, incluso en tiempo de bonanza fue un arma arrojadiza utilizada por la oposición, para olvidarse de la misma cuando ésta llegaba al gobierno. Y hablando de gobierno, yo solo me voy a circunscribir a los gobiernos municipales que son los que más conozco, y a mis compañeros/as alcaldes/as y concejales/as de cualquier municipio e ideología. Dicen algunos por redes, que tan latentes están ahora con opiniones en todos los sentidos, al igual que antes fueron por otros motivos, que si no se trabaja no se cobra, yo les diría que hay algunos concejales que precisamente trabajan y no cobran salario mensual alguno, teniendo la única retribución la de asistencias a plenos, comisiones y juntas. Es decir, poco más que aquellos que están en la oposición sin tener responsabilidad alguna de gobierno y decisiones a tomar y que perciben prácticamente lo mismo.

Por otro lado, también digo a esas personas que cuestionan esto indistintamente de su color político, y ahora refiriéndome concretamente a los alcaldes/as, que le pregunten a cualquiera de la comarca o de España si acaso no están trabajando ahora, si antes ya lo hacían sin horarios, ahora ya ni digo, que le pregunten si le preocupa o no su grado de responsabilidad en estos momentos, que le pregunten por las decisiones que toman a diario, que le pregunten si tienen la seguridad de si éstas son o no acertadas, que le pregunten cómo han organizado sus ayuntamientos para minimizar riesgos y a la vez ser efectivos, que le pregunten sin son atendidas sus peticiones y demandas a otros entes en tiempo y forma, que les pregunten si están preocupados por sus mayores y residencias, que le pregunten si están en contacto permanente con las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado, que les pregunten del mismo si están en contacto permanente con los servicios sociales y sanitarios de cualquier nivel institucional o que le pregunten, por último, entre otras muchas cosas que pueden preguntar, que carga emocional tienen y si le preocupa o no su pueblo.

Esa es la tarea que tenemos ahora los alcaldes/as y que conllevamos con los concejales, y no me quejo de ella, como creo que tampoco mis compañeros. Es lo que nos ha tocado ahora, para eso nos presentamos, para lo bueno y para lo malo, para la salud y la enfermedad como los matrimonios y, por lo tanto, para los sabores y sinsabores. Por otra parte, estamos viendo que los partidos políticos están tomando medidas con respecto a los salarios de sus cargos públicos y las aportaciones que éstos deben hacer bajo sus siglas, anunciándose las mismas por separado y no de una forma conjunta y consensuada como debería ser, mediante las federaciones a las que pertenecemos los ayuntamientos, haciéndolas también en algunos sitios de manera individual e independiente.

Recuerdo que, en la anterior crisis económica, particularmente en el año 2012, y en solidaridad con los funcionarios que le habían pospuesto el cobro de la paga extra de Navidad, “se aconsejó” a los cargos públicos el no cobrar dicha paga, y eso es lo que hicimos en el Ayuntamiento de Dos Torres y en otros muchos, no percibir la misma y no posponerla para cobrarla después, sino lo que hicimos fue renunciarla. ¿Se enteró alguien?, no. ¿Le dimos autobombo?, tampoco, porque la solidaridad no tiene porqué pregonarse a los cuatro vientos, para obtener algún tipo de rédito. Pero en cambio, sí fue recogida dicha aportación para dejar constancia en el presupuesto de mencionado año, así como en los documentos pertinentes.

Por eso digo, que gestos sí, demagogia no y que cada uno analice su situación personal y bajo sus posibilidades y conciencia haga lo que estime oportuno, y si todo ello es proporcional y consensuado mejor, para de esta manera evitar comparaciones tendenciosas y oportunistas con una clara intencionalidad política, sobre todo, por aquellos que no tienen ahora la responsabilidad de gobierno.

Manuel Torres Fernández, alcalde de Dos Torres

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‘La moral de las naranjas’, por Juan Ferrero

“Tomar una naranja del árbol no es moralmente ni bueno ni malo, depende”

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Naranjo, naranja

El pueblo es pequeño, pero tiene una plaza cuadrangular, amplia, rodeada en su interior por alegres naranjos, así como en todas las calles que a ella afluyen. Anualmente, el Ayuntamiento recolecta la dulce fruta y las invierte en algún objetivo municipal. Esta temporada, tras un referendo entre sus vecinos, se ha acordado por unanimidad, y así se ha recogido en un decreto de la Alcaldía, que el dinero conseguido con la venta de las naranjas irá a amortizar todo o parte de la colocación en el centro de la plaza de una fuente que la embellezca aún más.

El decreto se toma como ley y quien la incumpla será multado.

El hombre que atiende el quiosco de la plaza es persona honrada, de principios cívicos, y ve acertado el proyecto al que los vecinos se han comprometido.

Mas pasando el tiempo, observa que algunos vecinos, incumpliendo el compromiso contraído, van cogiendo naranjas para su beneficio particular.

La cogida de naranjas, poco a poco se va haciendo generalizada.

El hombre del quiosco comprueba, primero sorprendido y después indignado, cómo las naranjas van desapareciendo sin que ninguna autoridad haga algo para evitarlo. Es cierto que la policía municipal ha tomado algunos nombres para justificarse y enviado las correspondientes denuncias; pero luego el Alcalde no las tramita ni les da curso, porque cada vecino multado supondría la pérdida de votos de una familia en las próximas elecciones locales.

El quiosquero, sentado en el interior de su habitáculo, mira a la plaza y reflexiona:

Tomar una naranja del árbol no es moralmente ni bueno ni malo, depende de las circunstancias y las circunstancias son que de forma democrática y por unanimidad los vecinos se comprometieron a no coger naranjas para provecho propio y particular. El Alcalde este acuerdo lo hizo ley y la ley es necesario cumplirla y quien así no lo haga deberá recibir una sanción por el perjuicio producido a la colectividad.

Pero si los vecinos se sirven naranjas cada cual a su aire y el Alcalde no vigila ni sanciona, ¿cómo proceder?

Él es un hombre cumplidor de los acuerdos, que respeta la ley; una persona honrada, y aunque todos obren de modo contrario, tiene que mantenerse fiel a sus principios.

Sin embargo, por otra parte, ¿a quién perjudicaría si él también tomara algunas de las pocas naranjas que aún quedan…?

Pero no.

El quiosquero se entristece al constatar una vez más que en nuestra sociedad las personas decentes siempre salen perdiendo y los que no respetan nada y actúan saltándose las leyes y actuando de modo egoísta en beneficio propio con perjuicio para los demás, son lo que, a la larga, suelen quedar beneficiados.

Y ocurrió que el hombre del quiosco, honrado y cumplidor de las leyes democráticas se quedó sin naranjas y el pueblo se quedó sin fuente en la plaza.

Juan Ferrero

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‘Suben las gasolineras y baja el servicio’, por Juan Ferrero

“Los empleados, despedidos; los usuarios, haciendo gratis el trabajo de estos; y el empresario, tan complaciente”

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'Suben las gasolineras y baja el servicio', por Juan Ferrero

A veces, puede comprobarse lo fácil que le resulta a las clases dominantes conducir a la masa popular sin que esta proteste lo más mínimo.

Estamos quejándonos constantemente de la carestía de la vida por todas partes y luego llegamos a la gasolinera y le decimos a los empleados que sirven en los surtidores que se quiten de allí y se vayan al paro, que ese trabajo lo vamos a realizar nosotros de modo gratuito.

El asalariado, al que le habrán exigido al menos un cursillo o jornadas para que lleve en cuenta las más elementales normas a la hora de manipular sustancias inflamables y, por lo tanto, peligrosas, se marchará a engrosar la lista del paro, mientras nosotros nos bajamos del vehículo y, “generosamente”, tomamos el surtidor sin tener en cuenta los perjuicios que eso puede acarrearnos. Unas manchas en la indumentaria, por ejemplo, inutilizarían nuestras prendas de vestir. ¿Y quién pagaría eso?  En ocasiones, ni el dinero solucionaría el problema, como el caso en que las circunstancias y el tiempo, en pleno viaje, no permitiera el cambio de indumentaria; por no citar descuidos propios o con elementos y personas de acompañamiento o ajenas que se hallen junto a los mismos surtidores.

Resumiendo: los empleados, despedidos; los usuarios, haciendo gratis el trabajo de estos; y el empresario, tan complaciente. Porque, que nos conste, ni sindicatos, ni partidos, ni Ministerio de Consumo, ni el público en general dicen o hacen algo al respecto.

En  la vida cotidiana pueden darse abusos frente a los cuales poco puede hacer el individuo solo. Pero no es este el caso porque, por fortuna, aún existen gasolineras atendidas por sus empleados, y yo, mientras  sea posible, únicamente acudiré a estas (subrayo lo de “sea posible” ya que tampoco es caso de quedarse en la carretera sin carburante por no pararse en la gasolinera de autoservicio). Pero una cosa no quita la otra; todo es cuestión de prever y calcular.

Juan Ferrero

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‘Nuevos bandoleros de caminos’, por Juan Ferrero

“Los actuales bandoleros van al camino y se quedan con el mismo camino”. Juan Ferrero nos da su opinión

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camino

La palabra bandolero la relacionamos enseguida con otras como camino y diligencia, asociadas a la época romántica del siglo XVIII y XIX.

Modernamente han aparecido otro tipo de bandoleros de caminos, pero en estos se da un aspecto nuevo. Los bandoleros antiguos iban a un camino y se quedaban con lo que pasaba por él; pero los nuevos bandoleros no, los actuales bandoleros van al camino y se quedan con el mismo camino. Y otra diferencia: los gobernantes de la época mandaban perseguir a los bandoleros, pero a los nuevos bandoleros no los persigue nadie.

Ya, cuando los propietarios de fincas construyeron los típicos cercados de piedra, muchos de ellos no respetaron las anchuras que por ley correspondía a los distintos tipos de caminos públicos, quedando estos mermados en su viabilidad.

Desde hace algunas décadas, ha surgido un ansia generalizada, por parte de ciertos propietarios, de cortar y apoderarse de todo camino público colindante con sus fincas; o también, de juntar con su terreno cualquier ensanche o abrevadero de camino. Los hay que sin ser propietarios, se adueñan e instalan con descaro en aquellos espacios sobrantes después de que Obras Públicas rectifique un camino o carretera.

En general, ni los gobernantes de turno en el Estado, en las Comunidades, Diputaciones o Ayuntamientos toman iniciativa alguna para hacer que los nuevos bandoleros devuelvan lo robado. Es más, en ocasiones, cuando algún grupo de ciudadanos se ha presentado en uno de estos caminos a reivindicar su apertura, con la cartografía oficial correspondiente que certificaba su *titularidad pública, alguien ha echado a los agentes de la Guardia Civil sobre ellos, pidiendo carnet y exigiendo su disolución. (Y lo que escribo lo he vivido directamente junto con otras personas).

Como excepción, algún municipio ha firmado convenio con la Junta  para catalogar sus caminos municipales, pero sólo conozco un pueblo en la comarca (Cardeña) donde su alcaldesa, Cati Barragán, obligó a los propietarios a abrir y devolver aquellos caminos públicos que habían cortado.

Pero en fin, no nos escandalicemos. Si es verdad lo que mantienen las nuevas corriente, es decir, que lo moralmente bueno es aquello que así lo decide la mayoría, robar un camino o parte de él no es inmoral, porque la mayoría de la población no protesta, se calla; y ya se sabe que quien calla otorga.

Así pues, por decisión de esa mayoría de ciudadanos, robar un camino es una acción buena, correcta desde el punto de vista de la moral. De este modo, se comprende la postura o actitud de los gobernantes ante los nuevos bandoleros de caminos.

Lo que ocurre es que esta actitud de los gobernantes no encaja con las declaraciones que luego se hacen, prometiendo trabajar por la promoción del turismo rural y contra la España vaciada.

Juan Ferrero

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