El artículo que viene a continuación pudiera parecerle a algunos una chifladura. No obstante, sin dejar de respetar la opinión del amable lector, sugiero que este se desprenda (si es que los tiene prendidos) de esos prejuicios culturales que se nos van pegando durante nuestra vida y que asumimos como dogmas sin cuestionarlos lo más mínimo.

En  el escrito se apuesta porque la profesionalización de la reproducción y crianza del ser humano disminuiría el dolor y sufrimiento de la especie en general.


El concepto libertad es esgrimido por algunos con demasiada ligereza y sin pensar en el bien común, y por los poderosos, a veces, para corromper y pervertir a la población.

Dicho esto, hay que recordar que en el medievo cristiano se hizo mucho hincapié en que este mundo es un valle de lágrimas. Y, efectivamente, así es. Basta abrir una mañana la ventana y mirar al mundo e imaginarse cuántos casi infinitos seres vivos tendrán que sufrir y morir ese día para que sobrevivan otros.

Al ser humano también le toca padecer el sufrimiento, aunque con grados y con altibajos. ¿Cuáles son las fuentes del sufrimiento humano?

Principalmente dos:

1.- Las propias leyes por las que se rige la Naturaleza, que limitan y obligan a la persona a ejercer una actividad forzosa para sobrevivir y alcanzar cierta seguridad y bienestar; leyes que le acarrean accidentes, enfermedades y la inevitable muerte.

2.- La política, entendida como modo de organizarse los individuos para convivir colectivamente.

Dentro del sistema político que se escoja, existe un factor de vital importancia que influye decisivamente en el grado de padecimiento humano. Se trata de la educación de los individuos.

La educación de las personas, a su vez, se lleva a cabo en dos ámbitos: la familia y el entorno social que le rodea. Nos centramos en esta ocasión en el primero.

Si las familias educaran correctamente y la sociedad que les rodea reforzara esa formación, la comunidad se libraría de un porcentaje elevadísimo de dolor y sufrimiento.

¿Pero qué observamos en el mundo?

Que los padres no saben educar ni tienen tiempo para ello. Y resulta chocante comprobar cómo para cualquier actividad social se exige un título o certificado que avale cierta aptitud, mientras que para engendrar hijos a nadie se le requiere algo.

Está muy extendido el argumento de que el amor a los hijos es suficiente para educarlos bien, mas no es cierto. El instinto les puede servir a los animales silvestres, pero no a las personas. Los niños y su entorno son demasiados complejos como para que únicamente se puedan educar con el instinto.

La sociedad que quiera aumentar su calidad de vida en común habrá de profesionalizar y controlar la reproducción y educación de la especie. La comunidad  seleccionará a aquellos individuos que considere adecuados para esta función. Sólo podrán ser padres quienes reúnan las condiciones físicas, psíquicas y de formación que se consideren necesarias. Ser padres se convertirá en una carrera o profesión con años de estudios y pruebas que los candidatos se verán obligados a superar.

La comunidad tendrá que controlar tanto el número de personas autorizadas para ser padres como el número de hijos que convenga en cada momento a esa comunidad o sociedad (En la actualidad, por ejemplo, el Planeta se encuentro sobrepoblado y el ritmo de reproducción amenaza un desastre).

La profesión de padre y madre estará dotada de un sueldo y una dedicación exclusiva.

Y ahora un ejemplo: Imagínense un paciente en un hospital esperando ser operado del corazón a vida o muerte. Imagínense también que entra alguien sin conocimientos médicos ni de cirugía y se pone a operar por su cuenta.

¿Quién aprobaría este hecho?

Nadie, porque se estaría jugando con la vida de una persona.

Pues también se juega caprichosamente con la vida de las personas cuando se traen a este mundo sin encontrarse preparado para su crianza y educación; a lo que hay que añadir el posible perjuicio que se ocasiona al resto de la comunidad.

Así pues, en esta sociedad que se propone habría dos tipos de relaciones sexuales: el sexo recreativo, para todas las personas en edad de ser responsables, y el sexo reproductivo, únicamente para individuos destinados a ser padres y madres.

¿Y qué hacer con las personas que no respeten este acuerdo social y engendren hijos?

Siguiendo el ejemplo anterior, ¿cómo actuaría el equipo médico si sorprendiera  al espontáneo metido a cirujano? ¿Le permitiría terminar la operación? ¿Por qué no?

La situación sería equivalente a la de aquellos padres que fueran sorprendidos con un hijo ilegal. ¿Se les permitiría continuar su educación?

Obviamente, no; y por las mismas razones que el equipo médico no permitiría continuar con la operación al intruso.

Aquellas personas que engendraran sin estar autorizados a ser padres, tendría que ser sancionados y sus hijos dados en adopción a los especialistas.

El contenido del presente escrito se halla muy esquematizado. Soy consciente de que habría que detallar y concretar más su desarrollo, pero ello no es posible aquí por falta de espacio.

De todos modo, quiero terminar diciendo que, por más que se niegue, una sociedad no posee libertad ni bienestar JUSTO si no se dota a sí misma de un orden, una disciplina y un control (entre ellos el de la reproducción de la especie); lo contrario supone el caos y el sufrimiento INJUSTO de, al menos, parte de esa sociedad.

Quedaría ahora por definir el segundo ámbito de la educación (el entorno social que rodea a la familia) que marcará la ideología y los valores a cultivar, sincronizando el ámbito social con el familiar. Pero eso sería ya objeto de otro artículo.

Juan Ferrero