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Sobre Los Pedroches

Un romance sobre la toma de Santa Eufemia y Pedroche en 1155 por Alfonso VII

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Santa Eufemia

Raimundo de Miguel y Navas, catedrático y poeta, publicó en 1877 el libro “Poesías de Don Raimundo de Miguel” donde podemos leer el romance “Alfonso VII“.

En la parte titulada “La tarde“, el autor describe la toma de Santa Eufemia y Pedroche, entre otros lugares, en 1155 por parte de Alfonso VII “el Emperador”.

Haciendo clic aquí podemos leer el romance completo, y a continuación vemos la parte a la que hacemos referencia:

LA TARDE

Al abrigo de una loma
No lejos de Santa Eufemia,
Un ejército aguerrido
Levanta sus blancas tiendas.

Vistas de léjos, parecen
Caserías recien hechas.
Que de una nueva colonia
El pueblo agrícola albergan;

Ó alegre banda de cisnes
Que en sus juegos aletea,
Si á ratos agita el viento
Las no bien unidas telas.

El ameno Guadamilla
Se desliza por la vega
De olmos y acacias vestido
En una y otra ribera.

De Céres los rubios dones
Por doquier amarillean.
Mientras Vertumno y Pomona
Lucen su fausto y riqueza.

Mas aunque el férvido soplo
Del estío dejó huella
Por donde rompió el arado
Las entrañas de la tierra.

Nunca en aquel fresco valle
Faltan las galas diversas
Con que los prados matiza
La ostentosa primavera.

Cien fontanas de agua pura
Paga en tributo la sierra
Para templar los ardores
Del claro sol de la Bética.

Crecen del monte en la falda
Romeros y madreselvas,
Cuyo jugo azucarado
Chupan las pardas abejas.

Brotan doquier sin cultivo
Flores, arbustos y yerbas
Que perfuman el ambiente
Con su purísima esencia.

Los encendidos claveles
Y las blancas azucenas
Con los nevados jazmines
Y el cárdeno lirio alternan.

Y aquí y allí facilitan
El paso por la maleza
Senderos que caprichosos
Van á escalar la eminencia.

No lejos del campamento,
Por una de estas veredas,
Próximo el sol á su ocaso.
Dos personajes pasean.

Diez lustros cuenta va el uno,
Y en su actitud y nobleza
Nótase bien que de reyes
Circula sangre en sus venas.

Aunque más anciano el otro,
Intacto el vigor conserva,
Curtido con los azares
Y fatigas de la guerra.

Y un breve diálogo entablan
Parándose y dando vueltas
Por los floridos senderos
De la verde montañuela:

— «Cuida, Osorio, de que todos
Alcen con tiempo las tiendas,
Para seguir nuestra marcha
Del dia á la luz primera.

Tomaremos á Toledo,
Ya que el Cielo así lo ordena.
Si no muy ricos, con honra.
Que es la más alta riqueza.

— De nuestras expediciones
La menos fecunda es esta
En despojos, pero en cambio
No fué estéril en proezas.

— Verdad es, nuevos lugares
A mis dominios se agregan,
Y el musulmán en los suyos
Más cada dia se estrecha.

Y la luz del Evangelio
Se estiende á comarcas nuevas,
Y se redimen cautivos,
Y se castigan ofensas.

Pero ¡cuántos infortunios
Traen estas luchas funestas!
¡Qué de lágrimas arrancan
Y qué de males engendran!

— Con usura devolvemos
Al infiel…. — Sí, más contempla
Que sus pérdidas, Osorio,
No disminuyen las nuestras.

Cogemos lauros, es cierto,
¡Pero cuánta sangre cuestan!
¡Y cuánta habrá de verterse
Para dar fin á la empresa!

— Señor, en esta jornada
Triunfantes vuestras banderas
Llegaron del Tajo al Bétis,
De Jaén hasta Baeza.

De Alarcos rendís los muros.
Capitula Santa Eufemia,
Cede y se humilla Pedroche,
Y Andújar abre sus puertas.

Caracuel, Mestanza, Alcudia
Y Almodóvar se os entregan,
Mientras que allá en Calatrava
Guarda el Temple las fronteras.

Y en Córdoba al moro altivo,
Castigando su soberbia,
Le tomáis villas, lugares,
Castillos y fortalezas.

Si así marchamos, en breve
Purgada será la tierra
De la canalla maldita
Que el Guadalquivir infesta.

No há mucho á los Almohades
En una marcial contienda
Deshicísteis á despecho
De sus infinitas fuerzas.

¿Qué ha sido de sus ginetes?
¿Dónde sus peones se encuentran?
¿A qué lugares Jucefo
Corrió á esconder su vergüenza?

Raudales de sangre mora
Tiñen, señor, esa tierra,
Que sus desastres publican
Como en Móntelo y Aceca.

—¿Y lo del mar?….— ¡Cierto, cierto.
Ha sido desgracia inmensa
Perder, señor, una plaza,
Y una plaza como aquella!

Mas si de nuevo Almería
Pasó al infiel, quien haberla
Pudo una vez, otras ciento
Sabrá cobrarla por fuerza.

— Si cuestiones de familia
Mi atención no distrajeran.
Llegado hubiéramos antes
A punto de socorrerla.

Pero tengo un plan, y en breve
Pésia Luzbel, será nuestra,
Si mi vida el alto Cielo
Tres meses más me conserva.

— ¿Qué decís? Vos, tan robusto.
Sin achaques, sin dolencias.
Joven aún, ;dar cabida
Podéis á la triste idea…

— La muerte es de todos tiempos,
Y en todo lugar se hospeda,
Y ni al mendigo perdona.
Ni al rey por serlo respeta.

— ¡Por piedad!…. — Déjame, amigo.
Vuelve á los nuestros, y ordena
Que todo al alba esté pronto
Porque el marchar interesa.

— Señor, ¿seria prudente….
— Vé tranquilo, nada temas.
Estoy solo y bien armado,
Y el campamento muy cerca.»

Y saludando el guerrero,
A paso largo se aleja.
Entre tanto que el Monarca
Melancólico pasea.

Alza de pronto sus ojos
Deteniéndose en la senda,
Y distraído el descenso
Del sol poniente contempla.

«¡Rey de los astros, exclama,
Todo concluye en la tierra;
Tras esos cerros ¡cuan pronto
Quedará tu lumbre muerta!

¡Mas, ay! mañana triunfante,
Otra vez con pompa regia
Vestido de resplandores
Tocarás en la alta esfera!

Imagen eres del alma!
También ella, también ella
Remontará el alto vuelo
Libre ya de la materia!»

Dice, y suspira: entre tanto
Que el majestuoso planeta
Sumerge el candente disco
Detrás de la altiva sierra.

El inflamado horizonte
Parece súbita hoguera
Que de invisibles comarcas
El vasto incendio refleja.

Sus fugitivos fulgores
Diversamente se quiebran
Tras la gasa de las nubes
En el espacio dispersas.

Y al limonero del valle
Y al mirto de las florestas
Dan un tinte misterioso
Que ningún pincel remeda.

Mas ya en el cristiano campo
Déjanse oir las trompetas,
Que sus piadosos deberes
Al Príncipe le recuerdan.

Dobla humilde la rodilla,
Desnúdase la cabeza,
Y en sí concentrado, al Cielo
Votos fervientes eleva.

Mas ¿por qué, cuando concluye
Su breve plegaria tierna.
Desatada de sus ojos
Libre una lágrima rueda?

¿Es tributo que á la dulce
Malograda Berenguela
Rinde el esposo angustiado
Que tanto gimió por ella?

¿Es recuerdo á la memoria
De Doña Blanca, su nuera,
Flor que tronchó cierzo impío
Sin respetar su inocencia?

¿Es obsequio á Doña Rica
La bizarra polonesa
Su consorte, á quien ausente
Consagra aquella fineza?

¿Es, en fin, el desahogo
De pesares que le ulceran,
Ó triste presentimiento
De alguna desgracia inmensa?

¡Sólo Dios, sólo él lo sabe.
Dios que las almas penetra,
Y sus afectos registra
Y sus dolores recuenta!

Ya el Héspero en Occidente
Luce su rubia guedeja,
Y el pabellón de los cielos
Recaman miles de estrellas.

Enmudecen las calandrias,
Los colorines se albergan,
Y el tardo buey al establo
Con lento marchar regresa.

Bajan del monte las brisas
De aroma y frescura llenas,
Y blandamente susurran
Las hojas de la arboleda.

Y el Príncipe al campamento
Dá pensativo la vuelta.
Porque de súbita fiebre
Nota el ardor en las venas.

Ya impacientes á buscarle
Trava y Osorio se acercan.
Sonríe al verlos, y triste
Manda guiar á su tienda.

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‘Hacia una mejor unión’, hablando de Los Pedroches

Reproducimos un escrito que el jarote Juan Ocaña escribió en 1960 en “El Cronista del Valle” que llevaba de título “Hacia una mejor unión”.

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Puerto Calatraveño - Los Pedroches

Reproducimos un escrito que el jarote Juan Ocaña escribió en 1960 en “El Cronista del Valle” que llevaba de título “Hacia una mejor unión”.

“Todos conocemos el origen de las villas de los Pedroches. Ninguno de sus pobladores ignora las circunstancias de sus fundaciones, aunque solo sea de manera empírica, y sería raro encontrar quien de ello no haya leído o tenido noticia de aquellos párrafos, que en 1660 escribiera el Rvdo. P. Fray Andrés de Guadalupe, de la Orden franciscana, en su obra «Historia de la Santa Provincia de los Ángeles», en la cual manifiesta que «dichas seis villas pidieron a Pedroche les diese y asignase tierras propios de cuyos frutos pudieran remediarse, y así se hizo, pues Pedroche dio y asignó a cada una ciertas dehesas a propios que hoy poseen, quedándose Pedroche con otros propios y tierras en particular que hoy goza. Y de esta manera Pedroche como buen padre, repartió sus bienes con dichos sus hijos y en pacífica posesión los goza cada villa. Sucedióle a Pedroche lo que ordinariamente sucede a un padre bueno y rico, el cual por sus muchos años pierde las fuerzas corporales y se queda necesitado y pobre por haber puesto en estado o casado a sus seis hijos repartiendo con ellos sus bienes y haciendas».

Aunque la realidad no fuese tan poética como nos la pinta el fraile, no por eso debe dejarse de reconocer el rasgo de Pedroche al acceder sin oposición seria, a esas peticiones y despojarse de su casi total riqueza, sabiendo darla y repartirla entre sus hijos o hermanos. Y no es menos elocuente el que en el trascurso de los tiempos ni una sola vez sintiesen sus moradores el arrepentimiento de aquella noble acción y tratasen de disputar a las villas lo que les fue asignado. El pueblo matriz pareció siempre satisfecho y orgulloso de su conducta, y acaso este ejemplo de altruismo, tan poco frecuente en colectividades e individualismos, influyó de manera poderosa para inculcar la armonía y el amor entre todas sus villas.

Bien claro lo pregonan la tranquilidad, nunca alterada, durante infinidad de años, teniendo sus términos comunes; y cuando fue preciso hacer el deslinde de ellos se llevó a cabo con la complacencia de todos y con tropiezos de ínfima importancia. Entre estas villas siempre ha reinado la mejor concordia y amistad. Los hechos demostradores de un puro afecto común se suceden a través del tiempo y no creemos preciso reseñar algunos, porque están en el conocimiento de estos vecinos.

Y ese amor, esa comprensión, puede decirse que se extiende con igual o parecida forma a todos los pueblos enclavados en este bendito Valle de los Pedroches, y pasa desapercibido, aun para nosotros mismos, ese afecto y comprensión que nos fue legado por los antepasados como hábito, por lo que constituye algo integrante de nuestra manera de ser y obrar.

Pero es necesario sostenerlo, avivarlo y dirigirlo en bien de todos y consideramos que el momento presente es propicio para ello. ¿Como?

No corresponde a este modesto articulista el señalar la pauta para ello. Personas capacitadas, en todos sentidos, existen en el Valle que pueden dirigirlo y llevarlo a feliz logro, pero para mejor aclarar nuestra idea nos atrevemos a señalar, como indicio para ello, la celebración de un acto de amor y hermandad colocando solemnemente en las Salas Capitulares del pueblo matriz, Pedroche, una lápida en la cual se patentice el afecto, cariño y agradecimiento a la villa que fue madre de nuestras viviendas y riquezas.

A este acto que debiera revestir inusitada brillantez, deberían asistir numerosas comisiones de los pueblos del Valle y aquella asamblea de hermanos, presidida por el cariño no enturbiado en el correr de los siglos, pudiera servir de base para soluciones de problemas de vital irnportancia para la comarca.

Haciendo extensivas estas visitas de hermandad franca y desinteresada a los demás pueblos, reconociendo en ellas su valer e importancia, pudiera llegar a tenerse una visión más clara de esta región natural, de sus problemas, necesidades y aspiraciones al propio tiempo que el amor y el afecto de unas villas a otras se haría más patente y contribuiría a una unión definitiva en el hacer de sus aspiraciones, evitando que éstas anden sue Itas y sin un apoyo fuerte y bien dirigido.

Al lanzar la idea nos dirigimos a todos, autoridades, prensa, entidades, a los pueblos en general, y muy particularmente a Pozoblanco e Hinojosa, entre otras cosas por la calidad de cabezas de Partido; pero fuera o no aceptada esta empresa, queremos hacer constar que a ello nos ha inducido un impulso de amor y admiración hacia este laborioso y modesto rincón de la provincia cordobesa, en el deseo de hacerlo resaltar y de que sea conocido algún día y admirado por los que hoy lo ignoran o no aprecian en su verdadero valer la hombría, la honradez y laboriosidad de estos moradores.”

JUAN OCAÑA


Justo es decir que en los actos de homenaje a Fray Juan de los Barrios en 1969, algo de lo que pedía Juan Ocaña hubo:

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Sobre Los Pedroches

‘Las emparedadas de Santa María del Castillo de Pedroche’, por Juan Palomo Palomo

Publicamos un artículo de Juan Palomo Palomo donde nos habla de las emparedadas de Pedroche del siglo XVI, mostrándonos un curioso documento fechado en 1592 donde se les nombra.

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‘Las emparedadas de Santa María del Castillo de Pedroche’, por Juan Palomo Palomo

Publicamos un artículo de Juan Palomo Palomo donde nos habla de las emparedadas de Pedroche del siglo XVI, mostrándonos un curioso documento fechado en 1592 donde se les nombra.

El 12 de enero de 1592 ante Antonio Martínez Moreno, escribano de Villanueva de Córdoba, Martín López Cañuelo, vecino de Villanueva de Córdoba, arrendaba del escribano público de Pedroche “una haza de tierras que esta a cargo del susodicho de las emparedadas de Santa Maria de Pedroche”. La renta a pagar, dos fanegas de trigo y otras tantas de cebada, era escasa, lo que indica que el tamaño de la tierra era pequeño.

Sobre estas mujeres ya escribió J. I. Pérez Peinado en su obra Ermitas Medievales de Pedroche, dado que el beaterio estaba junto a dicha ermita de Pedroche. Las primeras emparedadas ingresaron en 1577, por lo que este documento es de pocos años después de su fundación.

Las emparedadas, o beatas, eran mujeres que, sin pertenecer a una orden religiosa concreta, vivían una vida de extrema religiosidad y bajo muy estrictas normas. Javier Torralbo Gallego me informa de que en los libros de visita de Ocaña existía uno a finales del siglo XIV, cuando era Maestre Don Juan Pacheco. Es algo que nace pues en el fermento de exaltación religiosa de la Baja Edad Media, y que se mantuvo en siglos posteriores.

En alguna tesis doctoral reciente se indica que los beaterios surgieron como un modo que tenían estas mujeres de liberarse del dominio masculino. Es algo difícil de aceptar después de leer las reglas de las emparedadas de Pedroche, pues se constata que vivían bajo le perenne tutela y vigilancia de un mayordomo, que era quien tenía la llave del recinto.

Más atinada me parece la explicación de J. I. Pérez Peinado. En Pedroche en aquel tiempo había un convento de la rama femenina franciscana, de una estricta observancia, pero para ingresar en él había que pagar una renta cuantiosa, que estaba lejos del alcance de muchos. Así que pequeños y medianos propietarios ofrecían sus bienes con los que generar unas rentas para poder mantener a estas mujeres, que llevaban un modo de vida similar a la de la clausura, sin ser estrictamente monjas.

En Villanueva de Córdoba también las hubo, como recoge Juan Ocaña Torrejón en su Callejero, en el año 1624: Antonia de Jesús y Ana de la Trinidad, hijas de Martín García Redondo e Isabel Fernández. A finales del siglo XVII Juan Lozano de Cabrera dejaba un corral de casas en la calle Alta para la fundación de un beaterio.

El texto del arrendamiento se transcribe a continuación:

Protocolos notariales de Antonio Martínez Moreno, escribano de Villanueva de Córdoba. 12-01-1592.

Arrendamiento de las tierras de las emparedadas de Pedroche.

Sepan cuantos esta carta de arrendamiento vieren como yo, Martin Lopez Cannuelo, vezino que soy de esta villa de Villanueva de Córdoba, otorgo y conozco por esta carta que e arrendado de […] Murillo, vecino y escribano público de la villa de Pedroche, una haza de tierras que está a cargo del susodicho de las emparedadas de Santa María del Castillo de la dicha villa, que las dichas tierras estan en donde dicen Pozo Vizote, lindando con la haza de la Cordobita, para las barbechar y sembrar en este presente año de la fecha de esta carta, por el cual arrendamiento le tengo de pagar dos fanegas de trigo y dos fanegas de cebada, limpio y enxuto de dar y de rreçebir pagados en su poder, un poder de que en por las dichas emparedadas lo aya de aver en la villa de Pedroche a mi costa, con mas las costas de la cobrança, e para la pagar de ello obligo mi persona y bienes rrayzes y muebles, avidos e por aver, e para su execucion y cumplimiento doy poder cumplido a la justiçia de Su Majestad, en especial a las de la dicha de Pedroche, a cuyo fuero y juramento se someto, rrenunçiando como rrenunçio mi propio fuero e jurisdiccion de esta dicha villa de Villanueva de Cordoba donde soy vezino e la ley […] […] […] como en ellas se contiene para que la dicha justiçia me apremie en a lo que dicho es como si lo que dicho es fuese sentencia definitiva dejar competente contra mi dada e por mi consentida, en rrazon de lo qual rrenunçio todos y qualesquier fueros y derechos que sean en mi favor contra lo que dicho es, en espeçial rrenunçio la ley del derecho que dice que general rremision fecha de leyes no vale.

En testimonio de lo qual otorgue esta carta ente el escribano publico y testigos aqui contenidos, en cuyo registro lo firmo un testigo por mi porque no se escrebir, que es hecha es por mi y otorgada en esta dicha villa de Villanueva de Cordoba, en doze dias del mes de enero de mil quinientos y noventa y dos annos, siendo testigos a lo que dicho es Diego Garcia de San Benito, y Anton Martin Aserrador, y Juan Garcia Molinero, vezinos de esta dicha villa. E yo el escribano doy fe que conozco al dicho otorgante.

[Firmas.]

Juan Palomo Palomo

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Sobre Los Pedroches

Detalles de Los Pedroches en los ‘Anales de la Comisión Provincial de Monumentos Históricos y Artísticos de Córdoba’ de 1926

En la obra “Anales de la Comisión Provincial de Monumentos Históricos y Artísticos de Córdoba”, publicada en 1926, encontramos referencias históricas y patrimoniales de diferentes pueblos de Los Pedroches.

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Detalles de Los Pedroches en los 'Anales de la Comisión Provincial de Monumentos Históricos y Artísticos de Córdoba' de 1926

En la obra “Anales de la Comisión Provincial de Monumentos Históricos y Artísticos de Córdoba“, publicada en 1926, encontramos referencias históricas y patrimoniales de diferentes pueblos de Los Pedroches.

Según se especifica al inicio del libro, “en sesión celebrada por la Comisión provincial de Monumentos Históricos y Artísticos en Córdoba en 26 de enero de 1927, y a propuesta del Vocal académico don Rafael Castejón, fue tomado el acuerdo de publicar unos Anales en que se reflejara la labor anual de esta corporación, con aquellos datos de más interés para la historia y la arqueología locales, encargando a dicho señor de la redacción de los mismos“. Y aclara, “siendo el propósito el de compilar los datos y trabajos oficiales en relación con la provincia durante el año, esta labor de redacción se limita a recopilar unos y otros y darlos a la imprenta“.

Muy curiosa la nota que nos encontramos antes de describir los pueblos de la provincia: “Aquellos cuyo nombre no figura en la adjunta relación carecen de riqueza monumental y artística, según declaración de sus respectivos Alcaldes“. Dicho queda.

No somos historiadores, por lo que no entramos a comentar los diferentes nombres y explicaciones que nos encontramos. Sin embargo, animamos a dejar en los comentarios todas aquellas cuestiones que vayan surgiendo:

Alcaracejos

Iglesia parroquial con varios retablos, especialmente el del altar mayor, de algún valor artístico.

Ermitas de San Sebastián y de la Magdalena, sin valor artístico.

Belalcázar

Castillo ruinoso, de mediados del siglo XV, y murallas anteriores, en las afueras del pueblo.

Iglesia de Santiago, de una hermosa nave, no muy antigua.

Iglesia ruinosa, que fue convento de Franciscanos, del siglo XV, en el barrio del Marrubial.

Convento de las monjas de Santa Clara, con cuadros y objetos de mérito, en las afueras.

Ermitas. De San Sebastián. De San Antonio, a un kilómetro. De Consolación a cuatro kilómetros. De Nuestra Señora de las Alcantarillas a 16 kilómetros.

Hospital de San Antonio.

Dos Torres

Iglesia parroquial. Imagen del Padre de la Caridad, en el Santo Cristo. La de Nuestra

Señora de Loreto en la ermita de Santa Ana.

Un palacio derruido, en la calle Magdalena, que fue propiedad de los ascendientes del Marqués de la Torrecilla.

Un convento de monjas derruido en las afueras.

El Guijo

Ermita de la Virgen de las Cruces, situada a cinco kilómetros de la población, donde están las ruinas de la antigua ciudad de Milóbriga.

Hinojosa del Duque

Parroquia dedicada a San Juan Bautista, comenzada a construir a fines del siglo XV y durante el XVI, de cuyos estilos dominantes es la fábrica y posteriores, de carácter barroco los altares. Es notable el artesonado mudéjar de la nave central, bajorrelieves y ventanas que dan a la calle.

En su término, el llamado castillo de las Alcantarillas, que son restos de un castro ibérico.

Pedroche

Torre del siglo XVI, de granito, muy interesante.

Cruz parroquial, de plata sobredorada, de gran mérito, atribuida a Enrique de Arfe.

Un cuadro, en la capilla del Sagrario de la parroquia, de escuela flamenca y gran mérito.

Un retablo en la ermita de Ntra. Sra. de Piedras-Santas, de antiquísimo y refinado estilo.

Santa Eufemia

Ruinas del Castillo de «Miramontes», a quinientos metros de la villa, en finca de Don Francisco Castillo.

Ruinas del castillo de «Vioque», enclavado en el Quinto Vioque, propiedad de don Antonio Moreno Medel, a diez kilómetros de la villa.

Ruinas de muralla, que rodeaba la villa, de tres metros de espesor.

Ruinas del Telégrafo, en el cerro del Peñón del Torreón, a unos cuatro kilómetros de la villa.

Ermita de Santa Eufemia, en el Quinto Donadío, próxima al río Guadalmez.

Ermita de Ntra. Sra. de las Cruces, en Valdefuentes.

Arco de la villa, en la plaza pública.

Torrecampo

Castillo del Almogabar.

El Viso

CastilIo llamado de Madroñiz en la finca denominada «Ollas», en buen estado de conservación, propiedad de la señora Marquesa de la Guardia.

En la finca denominada Huerto de los Frailes, existen las ruinas de un Convento de construcción indefinida, pues solo se conservan unos cuantos paredones; según la tradición, el Convento de que nos ocupa, fue edificado en expresado lugar, por creer que, en el padeció martirio San Alberto del Monte, último Obispo de la ciudad romana llamada Buda, de la que dista unos dos kilómetros y de cuya ciudad, solo se encuentran el sitio en que estuvo enclavada y alrededores, algunos vestigios como restos de tejas y algunos cimientos de sus edificaciones, el terreno en que radican las ruinas de repetido Convento es propiedad de varios vecinos de esta localidad.

Puente sobre el río Guadarramilla que recuerda las construcciones romanas, en el camino de esta Villa a Santa Eufemia.

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