Desde 1917, los soldados licenciados de Pedroche, cuando se hacía el servicio militar obligatorio, o los que lo serían, ahora que no hay servicio militar obligatorio, se congregan en la ermita de Piedrasantas el Lunes de Pascua para, según la tradición, darle gracias a la Patrona porque todo haya ido bien. Es lo que en Pedroche se llama la “Función de los Soldados“.

El origen de esta fiesta lo conocemos por tradición oral. José Cruz Gutiérrez escribió en 1983 un artículo en la revista CajaSur, “La función de los soldados licenciados de Pedroche“, que describe perfectamente este origen tal y como lo conocemos.

Ahora bien, con algunos artículos de prensa de la época vamos a aclarar algunas cuestiones que complementan o modifican en algún aspecto lo que se sabía de esta fiesta.

Vemos primero algunos párrafos de lo que José Cruz escribió con respecto al origen:

(…) Pero, ¿desde cuándo ocurre esto? No se han encontrado pruebas documentales ni de sus orígenes, ni de otro tiempo pasado, así que hay que conformarse con la rica tradición oral recibida y transmitida por unos viejos soldados de Pedroche que en febrero de 1981 tomaban el sol en la recoleta plaza de este pueblo.

(…) Es una mujer de condición humilde, fámula de unos señores de Pedroche, que en vida se llamó Isabel Clara Conde Díaz, Clarilla, la que sin saberlo se convertirá en la protagonista de esta historia.

Clarilla enamorada de su novio el soldado Manuel Pastor Regalón, Manolete el Molinero, prometió a la Virgen de Piedrasantas que si éste volvía de la guerra de Marruecos le ofrecería una misa; cuando Manuel regresó, el ama de Clarilla doña Francisca Gallardo costeó la misa, pero quizás por los achaques de esta señora, ésta no se celebró en la ermita, y sí, en la capilla de la Soledad de la parroquia.

Pero, por la tarde, cuenta Miguel Obejo Cobos, El de la Boni, que contaba 11 años por aquel entonces, marcharon todos los soldados licenciados al santuario junto a Manolete el molinero y, uno de ellos, llamado Mariano el de las Merinas amenizó la velada tocando una corneta que se había agenciado en
Melilla.

Fueron 25 soldados licenciados, mozos de Pedroche de la quinta del 13, los que por primera vez y de forma colectiva participaron de tan singular tradición entrando en la etapa revelada de tan singular función. A partir de 1917 todos los años y sin interrupción, los Lunes de Pascua se va a celebrar esta fiesta. (…)

Nos vamos a centrar en el año de referencia, 1917. Un primer aspecto que se puede debatir es que ese primer año, la “función de los soldados” no se celebró el Lunes de Pascua.

Los Lunes de Pascua estaban reservados para la festividad de San Sebastián. El porqué nos lo explica un artículo en el periódico “El Defensor de Córdoba” del 16 de abril de 1915:

“Para celebrarla con más solemnidad y afluencia de fieles hace algunos años que la fiesta de San Sebastián se viene celebrando el primer día de Pascua de Resurrección.

En efecto el día 5 de los corrientes nos trasladamos a la ermita en que se venera y procesionalmente se trajo a la parroquia con asistencia de la cofradía, insignias, bandera, clero y Ayuntamiento.

A las diez de la mañana se celebró la función con sermón, a cargo del coadjutor del Terrible don Francisco Muñoz Jiménez, y la terminación fuimos espléndidamente obsequiados en casa del mayordomo don José Álamo Pizarro.

Por la tarde se llevó la preciosa Imagen del Santo procesionalmente en la misma forma que había venido, a su ermita a donde acudió según costumbre la juventud alegre, y después de rezar el Santo Rosario se entregó a la expansiones honestas y propias de la edad, asociándose más que todo a la alegría de nuestra Madre la Iglesia en estos días.”

Y efectivamente, en 1917 también se celebró San Sebastián. Así lo confirma el mismo periódico “El Defensor de Córdoba” el 20 de abril de 1917:

“Según tradicional costumbre el lunes de Pascua se celebró la fiesta del invicto mártir San Sebastián.

La hermandad desde la víspera dio muestras extraordinarias de alegría y devoción a su patrón con numerosas luminarias, fuegos y danzas grotescas al sonido tamboril, por la mañana provistas de alabardas, tambor y bandera los hermanos, con distintivo rojo, subieron procesionalmente al Santo desde su Ermita a la parroquia en donde se celebró solemne misa con sermón y por la tarde se devolvió a su santuario con la misma solemnidad, cantándose el rosario.”

Lo que hoy en día conocemos como la “función de los soldados“, en el año 1917 se celebró el 8 de febrero. Se quiso celebrar el día de la festividad de San Blas, el 3 de febrero, pero una tormenta lo impidió.

Veamos primero cómo describe esta fiesta el periódico “El Defensor de Córdoba” el 17 de febrero de 1917:

“La fiesta religiosa en acción de gracias que los soldados licenciados de Melilla y Larache habían proyectado para el 3 festividad de San Blas, en honor de nuestra excelsa Patrona de Piedrasantas, no pudo verificarse este día a causa del temporal de lluvias que lo impidió, aplazándose para el 8 de los corrientes, que tuvo revistiendo gran solemnidad y acontecimiento no esperado.

Muy temprano anunciaron las campanas la fiesta y los militares con sus vistosos uniformes recorrieron las calles y el día que amaneció espléndido fueron motivos suficientes para arrancar hacia el Santuario de nuestros amores a todo el pueblo predominando el elemento joven con sus encantos y alegría peculiar.

A las diez comenzó la función religiosa encontrándose el templo completamente lleno. Cantó la Santa Misa el coadjutor de esta parroquia D. Miguel Peñas Calvo, quien al ofertorio ocupó la Sagrada Cátedra, interpretando los sentimientos de gratitud del pueblo y soldados para su tierna y cariñosa Madre de Piedrasantas, cuya protección, desvelo y cariño visiblemente habían experimentado en el campo de batalla africano, exhortándolos a mostrarse siempre sus verdaderos hijos.

Fue tal el recogimiento y religiosa atención con que escucharon la palabra divina estos católicos fieles, que no pudieron contener los movimientos de su corazón hondamente conmovidos manifestándose en abundantes lágrimas; a la terminación se oyeron muchos vítores y aplausos a la Reina del Cielo María de Piedrasantas y con mucho fervor cantaron sus populares coplas. Después fuimos obsequiados en la mayordomía con chocolate, dulces, vinos y especiales y legítimos habanos.

Fue un día de santa alegría para todo el pueblo, que, reconocidos a los favores de su Madre María Santísima, regresaron después de mediodía satisfechos del deber cumplido.”

Podemos deducir que la celebración que describe José Cruz en su artículo, “la hacían individualmente y familiarmente en el momento que llegaban a Pedroche“, no concuerda con la crónica de lo celebrado según la historia de Clarilla con todos los compañeros de Manolete. Vemos diferencias en los horarios de la celebración, en el lugar de celebración y en la omisión de detalles significativos.

Posiblemente, estas celebraciones se dejaron de hacer individualmente y se escogió el Lunes de Pascua como mejor día, pasando la festividad de San Sebastián a su fecha natural de enero.

Leyendo la crónica del periódico, podemos observar que prácticamente la fiesta se realizaba igual que hoy en día. Los licenciados se vestían de militar por la mañana temprano, recorrían las calles y se dirigían a la ermita. Se realizaba una misa en la ermita, había una invitación y se regresaba al mediodía al pueblo. Hoy en día es igual, a diferencia de que ya no hay uniformes al no existir el servicio militar obligatorio, y que la fiesta se alarga hasta la noche.

A la espera de que próximos estudios nos desvelen más datos sobre esta fiesta, concluimos que fiestas esporádicas, como pudo ser la de febrero de 1917, junto con celebraciones individuales, como la de Clarilla, continuaron en el tiempo como una sola, el Lunes de Pascua, y la llamamos la “función de los soldados“.

Por cierto, el año que viene se cumplirán 100 años de esta singular fiesta pedrocheña.


 

Todo esto y más se puede leer en el siguiente libro: