LO QUE NOS PODRÍA  DICTAR  LA  COSTUMBRE

Creo que es difícil rebatir a la Razón que la prostitución no pueda ejercerse como otro oficio cualquiera, y así lo expuse en la primera parte.

El problema surge porque la Razón entraría en conflicto con nuestra Costumbre, que según el diccionario español es el modo habitual de obrar o proceder establecido por tradición y que puede llegar a adquirir fuerza de precepto o el conjunto de inclinaciones y usos que forman el carácter distintivo de un grupo social.

Es decir, La Razón nos dictaría una cosa y la Costumbre, otra distinta.

Se puede comprobar lo que se afirma, señalando algunas de las muchas situaciones que se darían en el caso de aceptar la prostitución como una profesión más.

Ya en el parvulario, la maestra suele preguntar a los niños por los oficios de sus padres y madres y en qué consisten éstos. ¿Tu mamá qué es? Dependienta, contesta el niño. ¿Y qué hace? Vende cosas. ¿Y la tuya que es? Prostituta. ¿Y qué hace?…

Otros casos: Papá, ¿qué hacen esos hombres en el salón?  Es que mamá se ha traído hoy trabajo a casa.

El joven que en un almuerzo familiar presenta la novia y el futuro suegro le pregunta a qué se dedica. Soy prostituta de la alta sociedad.

La muchacha que a la salida del Instituto es preguntada por un reportero de televisión por su inclinación profesional para el futuro. Yo quiero dedicarme a la prostitución. ¿Qué te atrae de esa profesión?  Pues que se pasa muy bien y se gana mucho dinero.

Y otra cosa: Una vez que esta actividad se reconociera como profesión, la Administración del Estado vendría obligada a tratarla como las demás profesiones, regulando sus obligaciones y  derechos, entre estos últimos, el convenio con la patronal, derecho a la sindicación, a la huelga, a la formación en el oficio, etc. Y, claro está, no sería sorprendente, a la hora de pagar, el “¿Con IVA o sin IVA?”.  Entraría en lo normal que los ayuntamientos, lo mismo que solicitan para sus pueblos, por ejemplo, cursos de fontanería o de electricidad pidieran también cursos de prostitución para jóvenes en paro.  Y se recogería en los dípticos anunciadores expresiones como “El curso durará dos meses en horario de…”, “Para quien lo desee se concederá certificado que le servirá a los universitarios como asignatura de Libre Configuración”.  En el temario del curso podrían aparecer puntos a estudiar como: “Historia de la prostitución – Prostitución y sociedad – Derechos y deberes con el cliente – Cómo provocar el deseo en el presunto cliente – Danzas eróticas (la danza del vientre) –  Posturas y modalidades en el  ejercicio de la profesión, ventajas e inconvenientes – Medidas sanitarias – La psicología y los distintos tipos de clientes – Prostitución casera o en establecimientos, etc.”  Y también “Las alumnas tendrán que completar el curso con 15 días de prácticas en el puticlub del tío Genaro”.

Hoy por hoy, todo lo que se lleva expuesto o hechos parecidos chocarían con nuestra vida cotidiana, con nuestras costumbres.

Se asegura, por otra parte, que el cambio de la sociedad en asuntos de usos y costumbres es lento y largo de producir. Pero no estoy de acuerdo. Todo depende de qué tema se trate. Los cambios en lo sexual son rápidos.  Muchos de nosotros hemos comprobado cómo en unos cuantos años se pasó de ensalzar y elogiar a las jóvenes que se mantenían vírgenes a llamarlas tontas y considerarlas estúpidas; o cómo en poco tiempo los homosexuales y lesbianas pasaron de ser apaleados e insultados a legalizar el matrimonio entre ellos, con la posibilidad de la adopción de niños.

De todos modos, si la Administración admitiera la prostitución como oficio legalmente reconocido, podrían chocarnos muchas cosas al principio, pero luego…

Tiempo al tiempo.

Juan Ferrero


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