LO QUE PODRÍA DICTARNOS LA HIPOCRESÍA

Ya  anteriormente comenté cómo la prostitución se podría convertir en una profesión legalmente reconocida y cómo nos podría afectar, al principio, teniendo en cuenta nuestras costumbres y tradiciones. Ahora intento  reseñar de qué manera la Hipocresía enlaza las relaciones entre la prostitución y la sociedad.

Al menos en nuestra civilización occidental, cuando se quiere ofender  a alguien con la máxima intensidad, se le llama “hijo de puta”, manifestando así que la prostituta es el ser humano peor considerado y más despreciado. Sin embargo, se ha venido dando un proceso contradictorio: a través del tiempo las mujeres comenzaron a imitar aquellos rasgos postizos que las prostitutas utilizaban para atraer a los hombres, actitud que a los maridos  no les gustaba, creando los correspondientes conflictos conyugales. A pesar de la oposición de los esposos, las mujeres fueron avanzando en ese camino de imitar a las prostitutas: se puso de moda pintarse los labios, luego las uñas, los ojos; la ropa se fue ciñendo al cuerpo, ensanchando descotes y acortando las falda, etc.  hasta llegar a nuestros días donde, por el aspecto simplemente, sería difícil distinguir una prostituta de muchas jóvenes y mujeres decentes.

La Iglesia, en principio, fue tajante en este asunto. Veía ilógico y sin sentido que una mujer que se ha comprometido a ser fiel a su marido, vaya luego, con su forma de vestir y de acicalarse, provocando el deseo carnal en los demás hombres. ¿Con qué finalidad  hacían esto las mujeres?…  De ahí que las monjas (que no olvidemos que están casadas con Dios, su esposo místico, al que deben fidelidad), estuvieran obligadas, hasta hace unos años, a llevar un ropaje largo y ancho para ocultar sus formas, de mismo modo que los sacerdotes.

Sin entrar en valoraciones, sí quiero destacar la hipocresía social que supone el despreciar a un tipo de personas, como son las prostitutas, cuando muchas mujeres tienden a imitar su apariencia externa y muchos hombres las desean e, incluso, pagan por sus servicios.

Tras esta hipocresía colectiva se detectan puntos frágiles y falsos en los cimientos que sustentan nuestra sociedad. Pero, ¿quién estaría dispuesto a analizar y a admitir esta falsedad en los citados cimientos?

Juan Ferrero


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